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Maldita foto de Europa

Álvaro Ballesteros
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
jueves 25 de marzo de 2010, 21:59h

Hace unos días escribían Andreu Missé y Claudi Pérez en el El País un interesante artículo titulado “Europa ensaya el gobierno económico”. No seré yo el que ponga en duda la calidad analítica de ambos autores mencionados, pero lo cierto es que el artículo en sí era desde el principio un puro ejercicio de “wishful thinking”, algo así como que “veo lo que me gusta y me fijo en lo que me interesa”. Y que conste que esto no es un defecto achacable en exclusiva a Missé y Pérez: todos los que escribimos artículos de opinión tendemos a tropezar en la misma piedra; sin embargo, en referencia a la UE, estos análisis de “wishful thinking” son cada vez más peligrosos, pues permiten a muchos vivir en un mundo irreal en el que “Europa” existe y en el que la UE funciona. Un mundo en el que se puede seguir operando sin exigir cambios radicales y reformas profundas en la maquinaria de la propia UE.

El mencionado artículo de Missé y Pérez venía a explicarnos (o a hacernos querer ver) que la UE (esa Europa Unida que llevamos décadas ingenuamente adorando como solución automática de todos los problemas de los pueblos en este maltratado continente) estaba poniendo las bases para establecer una regulación económica fuerte que superase las turbulencias de la zona Euro y sacase a flote la economía europea. Algo que así presentado queda de rechupete. Aunque lo triste es que, como decían en las antiguas películas de la tele, “cualquier parecido con la realidad es pura casualidad”.

Se dice también que una imagen vale más que mil palabras, así que es relevante comentar que el artículo de Missé y Pérez iba acompañado por una fotografía de los líderes europeos en la cita del Consejo Europeo que trató en febrero la crisis económica en la Eurozona. En la fotografía aparecen la canciller Merkel mirando a un lado, el Presidente Sarkozy mirando al otro, tras ellos, el Primer Ministro griego Papandreu (norteamericano de nacimiento) mirando al frente, el portugués Barroso y el belga Van Rompuy mirando al suelo, y el presidente del Banco Central Europeo Trichet mirando al cielo. La foto como tal es el mejor testigo de esa inexistente coordinación europea que permitiese que todos mirásemos en la misma dirección. Cabe además preguntarse a dónde habrían mirado el presidente de turno de la UE Zapatero y Lady Ashton si los líderes europeos se hubiesen dignado invitarles a una cumbre de tal relevancia para el futuro de la Unión. Convendrán conmigo en que la “maldita foto de Europa” no pinta nada bien, gracias a los personalismos nacionales y a la falta líderes a nivel puramente europeo, y no atados a las respectivas agendas nacionales de turno. Así pues, “Europa” como tal no ensaya ningún gobierno económico: más bien, como siempre en la historia de este continente maltratado por sus élites, los diferentes países juegan a salvaguardar sus intereses propios en la coyuntura del momento. El “europeismo” real brilla por su ausencia.

José Ignacio Torreblanca recordaba en su última columna en El País, titulada “Alemania desatada”, que si bien tradicionalmente se entendía que “Europa es cuando todo el mundo se pone de acuerdo y Alemania paga”, ahora los vecinos germanos no estaban dispuestos a ser los tontos de la película y pagar de sus bolsillos el coste de la irresponsabilidad económica de los griegos (y de los españoles, portugueses, irlandeses, italianos, etc. Me permito añadir yo). Ya han surgido multitud de voces para acusar a Merkel y a sus conciudadanos de falta de europeismo, pero se olvidan muchos de que lo verdaderamente anti-europeísta fue jugar la carta que Zapatero y los otros gobiernos mencionados han jugado hasta ahora: la carta del “más madera” y que ardan los límites autoimpuestos al déficit público en la zona Euro. Así, mientras los alemanes se apretaban el cinturón y hacían los deberes, políticos de tres al cuarto como Zapatero revivían épocas pasadas en las que la política de su país no se veía circunscrita a las limitaciones derivadas de la pertenencia a la moneda única. Gobernar y gestionar es fácil: ¿que se necesita más dinero?, pues lo imprimimos, ¿no? Que no se diga. Ni reformas estructurales, ni reducción del despilfarro público (empezando por los cientos de asesores personales): “eso para los alemanes y la fracasada Merkel, pensaría Zapatero. Para nosotros, que siga sonando lo de “living la vida loca” de Ricky Martin”. Y aun a día de hoy, el Primer Ministro de una España cuya economía hace aguas se permite ahondar en su oda al surrealismo político afirmando que “España irá en ayuda de Grecia si es necesario”. ¿Tiene cura la locura?

Ahora, el reelegido presidente de la Comisión Europea Barroso insiste que hay que ayudar a Grecia, a pesar de que los griegos fueron los que se hicieron el harakiri político-económico desde 2002, al tiempo que mentían al Banco Central Europeo de modo atroz. Quizás Barroso intuye que su Portugal natal va por la misma senda, de la mano del hermano hispano; ambos países alérgicos a las reformas estructurales, posponiendo su cita con la realidad ad calendas grecas, nunca mejor dicho.

Así, pues, todo nos demuestra que la debilidad de la UE es crónica, porque los Estados miembros siguen calibrando sus políticas y sus actuaciones en base a sus exclusivos intereses propios del momento. El gobierno alemán se niega a pagar los platos rotos porque su electorado no se lo perdonaría. El gobierno español sigue sin hacer frente a la realidad porque el precio en votos seria altísimo, y eso es quizás lo único que importa a Zapatero y su cohorte. Como ejemplo antológico, el flamante presidente de la Junta de Andalucía, el socialista Griñán heredero de Manuel Cháves, anuncia recientemente su nuevo equipo de gobierno reestructurado “por si llega el fin de la crisis económica”, como si se tratase de una ráfaga de viento que hay que pillar y no el fruto de una agenda de políticas concretas diseñadas para sacar al país del atolladero. Zapatero y Griñán comparten el mismo manual de economía política y de política económica: lo de salir guapo en la foto y poco más.

Así no se construye país, y ni mucho menos aun se construye Europa. Con una población generalizadamente desencantada con sus clases políticas, seguimos pagando pues la miopía de los líderes actuales de turno, mientras el sueño de Europa se desinfla bajo el liderazgo de quienes ya no ilusionan ni inspiran a nadie.

A todo esto, y para recordarnos nuestras miserias autoimpuestas, en noviembre del año pasado escribí un artículo de opinión en España Liberal en el que abogaba por la elección de Tony Blair como Presidente del Consejo Europeo. Una figura de peso internacional innegable que diese entidad a un puesto tan importante emanado del Tratado de Lisboa, y que los líderes nacionales (con Sarkozy y Merkel en cabeza, y con la inestimable ayuda de un Zapatero que es incapaz de llegar a ningún acuerdo con el PP español pero que se arrodilla que da gusto frente a los líderes populares europeos) se encargaron de dejar fuera de juego para que no les hiciese sombra a ellos mismos: no había nada que temer del gris Van Rompuy.

Ahora Blair sigue recorriendo el mundo dando conferencias millonarias, mientras todo el mundo reconoce su valiosísima experiencia y su inigualable perfil. Los organizadores de sus conferencias describen a Blair "como uno de los más respetados y admirados líderes mundiales del último medio siglo". Nos vendría bien pues a estas alturas el preguntarnos si tener a alguien de su calibre al timón de la UE nos habría venido bien para salir del lodazal institucional en el que estamos. Deberíamos preguntarnos también por qué nuestros patéticos líderes nacionales se pusieron de acuerdo entre sí tan rápidamente para excluir a Blair del acceso a dicho puesto en la cúspide europea. Así nos va, gracias a Zapatero and company… Nos guste o no, salimos retratados tal como somos en esa maldita foto de Europa.

Álvaro Ballesteros

Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior

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