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Las instrucciones de Garzón

viernes 26 de marzo de 2010, 02:11h
La decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid en la que declara ilícitas la intervención de las comunicaciones que algunos imputados en el “caso Gürtel” mantuvieron en prisión con sus abogados se veía venir. En un Estado de Derecho, la aplicación de la norma tiene carácter universal, erga omnes. Y si dicha norma dispone la inviolabilidad de las conversaciones letrado-cliente, a excepción de presos encausados por terrorismo, todo lo que no sea dicha excepción se sitúa fuera de la ley. Por muy juez estrella que sea quien haya ordenado semejante desafuero.

Ahí estriba precisamente uno de los elementos más graves de todo este asunto; fue un juez -a la sazón, alguien que debería de conocer la legislación vigente al dedillo- el que se saltó impunemente la norma. Baltasar Garzón no ha destacado nunca por su modo de instruir. Precisamente por eso, las autoridades gubernativas temían que estropeara causas bien fundamentadas. El juez Garzón, profesional de indudable valentía a la hora de enfrentarse a delincuentes peligrosos, ha sobresalido también por estar permanentemente en el candelero, con una presencia mediática que excede los límites de la prudencia judicial. Su implicación personal, fuera de la medida profesional, en el “caso Gürtel” puede pasarle ahora factura, ya que muchas de las actuaciones hasta ahora practicadas pueden quedar anuladas por su empecinamiento personal.

Así las cosas, cuesta entender la airada reacción de la “cla” progresista pro-Garzón, que ve en todo esto una maniobra torticera para desactivar el “caso Gürtel”. Nada más lejos de la verdad. Para empezar, quienes estaban en prisión habían llegado hasta allí en virtud de una investigación previa, de la que se habían deducido testimonios probatorios lo bastante sólidos como para imponerles medidas de reclusión. Al mismo tiempo, dicha investigación sigue su curso por cauces que nada tienen que ver con las conversaciones habidas entre los imputados y sus defensas. ¿Que alguno de ellos se beneficia de una instrucción chapucera? Es posible. Pero el “caso Gütel” excede con mucho de unas escuchas ilegales, por graves que éstas sean, de modo que el proceso continuará su curso. Eso sí, al igual que los encausados han de responder por sus actos, también deberían hacerlo aquellos que dictaron resoluciones a sabiendas de que eran injustas -es decir, prevaricaron-. Y los que han estado filtrando casi a diario detalles de uno de los sumarios menos secretos de ha historia judicial española. Caiga quien caiga.

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