Hasta ahora, el número de países que podían y tenían acceso a la tecnología nuclear con fines militares era muy limitado. Pero, en los últimos años, países como Irán o Corea del Norte han desarrollado programas encaminados a armar sus misiles y, de este modo, ganarse un lugar de pleno derecho en esta peligrosa carrera armamentística que podría tener catastróficas consecuencias.
Mientras Estados Unidos y Rusia alcanzaban esta misma semana un acuerdo para reducir su
armamento nuclear hasta las 1.550 cabezas cada uno, el número de países que poseen este tipo de tecnología se ha ido incrementado en los últimos años. Esta ampliación del 'club nuclear' ha supuesto una reorganización del concierto internacional que ha otorgado un cierto grado de protagonismo a determinadas potencias de segundo orden como Irán, India o Paquistán.
En la actualidad, sólo diez países poseen los recursos, la capacidad y la tecnología suficiente como para albergar un almacén de armas nucleares lo suficientemente amplio para poder ejercer cierto poder de intimidación sobre la comunidad internacional.
Sabedores de que esta clase de armas son un arma de doble filo -por un lado tienen una
capacidad disuasoria frente a amenazas militares, aunque también son la última opción antes de desencadenar una
guerra total- este reducido club ha firmado a lo largo de las últimas décadas numerosos acuerdos multilaterales con el objetivo de regular e, incluso, reducir las armas nucleares.
En este sentido, cobra especial importancia el
Tratado para la No-Proliferación Nuclear (NPT), texto vinculante de referencia en esta materia y que reconoce a Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, China y Francia, los cinco miembros permanentes en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como países nuclearmente armados.
Firmado en 1968, el NPT ha sido reconocido por casi todos los países del mundo, salvo, casualmente, aquellos que han adquirido el
status de nucleares en los últimos años: India, Paquistán, Israel y Corea del Norte. Los tres primeros estados nunca han reconocido la jurisdicción del NPT, mientras que la dictadura comunista renunció al mismo en 2003, año en el que Pyonyang logró tener capacidad nuclear operativa.
A pesar de que pueda parecer cosa de financiación e investigación, lo cierto es que poder tener acceso a este tipo de tecnología y lograr aplicarla en dispositivos militares es extremadamente complejo. Según el NPT, los países nuclearizados no pueden ceder conocimientos o apoyar a países que no lo son con fines militares en el ámbito nuclear. De este modo, un estado que quiera entrar en este selecto club debe invertir ingentes cantidades de presupuesto, recursos humanos, técnicos y militares para lograr su fin y, aún así, el éxito no está asegurado.
No son pocos los países que han intentado hacerse con este tipo de armamento y han renunciado o pospuesto sus proyectos por el coste que suponen. Entre ellos podríamos destacar a
Suráfrica,
Japón,
Brasil,
Italia,
Canadá,
Australia,
Arabia Saudí o
Alemania.
El club de los cincoEl 'club nuclear' se inició tras la II Guerra Mundial.
Estados Unidos, que empezó a desarrollar este tipo de armas durante la contienda como respuesta a la Alemania nazi, fue el primero y, hasta hoy, el único país que ha utilizado armamento nuclear contra otro estado. Fue durante el bombardeo a las ciudades japonesas de Nagasaki e Hiroshima que causaron más de medio millón de muertos entre la deflagración en sí y los posteriores efectos de la radioactividad.
En las décadas siguientes, con la Guerra Fría en pleno apogeo, Estados Unidos fue incrementando su arsenal nuclear hasta llegar a las 10.000 cabezas. Pero, viendo que la carrera nuclear era un arma de doble filo, Washington y Moscú, que por entonces poseía unas 7.000 cabezas, alcanzaron un acuerdo para el desarme progresivo de ambas potencias: el tratado
Start.

En la actualidad, ambos países se hayan en un período de estrecha colaboración en este campo, tal y como se vió reflejado la semana pasada cuando el presidente norteamericano, Barack Obama, y su homólogo ruso, Dimitri Medvedev, pactaron la firma el próximo 9 de abril de un nuevo tratado estratégico bilateral por el que ambas partes reducirían hasta las 1.550 cabezas nucleares su arsenal. Bien es cierto que este acuerdo sólo habla de los misiles de ataque y no de los defensivos. La firma supondrá un paso clave tras las tensiones vividas a raíz del escudo antimisiles que Estados Unidos quería instalar en Europa oriental.
Por otro lado, el
Reino Unido, otro de los selectos y veteranos miembros de este club, entró en el grupo nuclear a principios de la década de los 50. Con la colaboración de la administración norteamericana, que financió parcialmente las investigaciones y cedió parte de sus recursos para que Londres pudiera acceder a esta tecnología y, de esta manera, ser un recurso más frente al creciente comunismo en Europa, el Reino Unido vió como su armamento nuclear crecía rapidamente hasta alcanzar las 250 cabezas balísticas con las que cuenta en la actualidad.
Una década más tarde que sus vecinos británicos, en los 60, fue cuando
Francia logró tener capacidad nuclear plena. Gracias a sus famosas pruebas en la Polinesia y en el desierto del Sahel, París logró implementar rápidamente esta tecnología en sus sistemas balísticos y, hoy en día, cuenta con más de 300 cabezas en su poder.
El último miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en poseer armas nucleares fue
China. El gigante asiático hizo su primer ensayo en 1964 y, desde entonces, ha invertido muchos recursos en ponerse a la altura del resto de potencias. Se cree que en la actualidad cuenta con cerca de 200 cabezas operativas.
La incógnita israelíPuede que el miembro más misterioso de este grupo nuclear sea
Israel. El país hebreo nunca ha hecho públicos sus proyectos nucleares, no ha confirmado que investigue en este campo y aún se mantiene como una incógnita la capacidad de su arsenal.
Los expertos indican que Tel Aviv habría desarrollado un importante programa nuclear durante los últimos años con el objetivo de defenderse de la creciente amenaza islamista. Israel habría desarrollado su armamento nuclear en estrecha colaboración con Estados Unidos, tradicional aliado, que le habría proporcionado tecnología y financiación para llevar a cabo sus proyectos en la ultrasecreta instalación de Dimona. En la actualidad se cree que su arsenal nuclear se compondría de un total de 175 cabezas.
El polvorín surasiáticoIndia y
Paquistán han desarrollado sus programas nucleares de la mano debido a su estrecha e íntima enemistad. Durante la década de los 70, ambas ex colonias británicas empezaron a realizar pruebas nucleares con el objetivo de poder alcanzar una capacidad armamentística operativa en este campo.
La díficil relación bilateral que protagonizan ambos países, que les ha llevado al borde de un conflicto abierto en numerosas ocasiones, sin olvidar que aún hoy en día se viven escaramuzas en el territorio cachemir por su control, unida a su capacidad nuclear, hacen que ambos países sean considerados los más inestables de este selecto grupo.
Si bien es cierto que la posibilidad de que un conflicto nuclear en el sur de Asia es muy pequeña, puesto que la comunidad internacional impediría por todos los medios que se llegara a este extremo, el auge del islamismo radical en Paquistán preocupa y mucho. El hecho de pensar que el ala más extremista del islam pueda tener acceso a 60 cabezas nucleares es una idea a la que occidente le tiene muy preocupado y, por eso, se ha priorizado la colaboración con las autoridades paquistaníes para combatir a estos grupos.
El eje –nuclear- del malSin duda, otra de las grandes preocupaciones de Naciones Unidas y las grandes potencias es la ampliación de la capacidad nuclear a países considerados como 'hostiles' o 'inestables'. Este es el caso de
Corea del Norte e
Irán, dos estados que han puesto sus miras en el armamento nuclear y que en los últimos años han invertido ingentes cantidades de recursos humanos, técnicos y económicos para lograr su objetivo.
En el caso de Irán, quizás el más notorio de ambos, la comunidad internacional ha amenazado en reiteradas ocasiones al régimen de Mahmud Ahmadineyad para que desista en sus planes de armar sus misiles con componentes nucleares. Teherán responde diciendo que es una opción legítima para poder defenderse de amenazas externas (Estados Unidos e Israel) pero que sus planes nucleares están encaminados, en su mayor parte, a fines energéticos.
Por su parte, Corea del Norte, que fue miembro del Tratado para la No-Proliferación Nuclear hasta 2003, ha desarrollado en secreto varias pruebas nucleares en el norte del país. Japón y Corea del Sur, países aliados de occidente en la zona y que no mantienen unas buenas relaciones con el régimen de Pyonyang, ya han expresado su preocupación ante la idea de que la dictadura comunista pueda desarrollar un programa nuclear plenamente operativo. Si bien es cierto que los informes señalan que las pruebas realizadas por Corea del Norte han sido satisfactorias, estos mismos apuntan a que la capacidad de éstas ha sido muy limitada.