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Elecciones en Italia: Berlusconi entre Napoleón III y Chávez

miércoles 31 de marzo de 2010, 01:46h
En las últimas elecciones regionales de Italia, el Pueblo de la Libertad ha conseguido ganar en seis regiones, mientras el centro-izquierda ha triunfado en siete. El resultado resulta muy complejo y se presta a diferentes reflexiones e interpretaciones. Por un lado, los italianos han enviado un mensaje de desencanto y desafección a la clase política ya que la abstención aumentó casi ocho puntos porcentuales. Como antes en Francia, en Italia, donde la afluencia electoral siempre ha estado casi siempre entre las mayores de Europa, el electorado ha mostrado su repudio por la actual gestión de la clase política nacional, tanto que el abstencionismo puede ser interpretado como “un voto” de castigo, la expresión de este sentimiento antipolítico.

El gobierno considera los resultados como un suceso, la Lega Norte como un triunfo. Por eso las urnas podrían anticipar un cambio en la correlación de fuerzas dentro de la mayoría al Gobierno, ya que la Liga del Norte avanzó en votos y consenso, expandiendo su área de influencia en feudos ajenos. Es probable que este partido, regionalista y separatista, pase factura a Berlusconi exigiéndole mayor rigor económico y federalismo fiscal. Para el centro-izquierda, que consiguió su primera victoria electoral desde 2006, parece una victoria pírrica, perdiendo cuatro regiones. Se trata aún de una oposición política carente de ideas, sin liderazgo e incapaz de postularse como alternativa creíble al “berlusconismo” para elaborar un proyecto reformista alternativo a la megalomanía del primer ministro.

Tras una campaña electoral inexistente y confusa, la contienda electoral ha mostrado una vez más la tendencia del primer ministro italiano en convertir la cita en un nuevo plebiscito personal. Y en virtud de eso, Berlusconi se ha proclamado el gran vencedor de las elecciones, anunciando nuevas reformas para aumentar sus poderes y dar un “rasgo” presidencialista al sistema político vigente en Italia. Sin embargo, el líder italiano demuestra una vez más su percepción “distorsionada” del voto: las elecciones regionales y locales son distintas de las nacionales y, debido a eso, una victoria en ellas no le legitima para imponer la tan anhelada reforma constitucional. La actitud demostrada –y anunciada- confirma la incapacidad a distinguir entre una democracia plebiscitaria y la democracia parlamentaria vigente en Italia. Por eso debería entender que el voto no le autoriza a perseguir su diseño autoritario ni a realizar unas reformas constitucionales. Berlusconi sigue poniendo de manifiesto la anomalía italiana, su parecido con Napoleón III, con un toque de exotismo á la Chávez. Resulta preocupante que este resultado pueda constituir un nuevo empujón hacia la deconstrucción constitucional en un viraje hacia un régimen autoritario.

Finalizadas las elecciones, cabe esperar que el gobierno termine con la actual etapa de confusión y empiece a realizar las reformas e intervenciones necesarias para mejorar la situación de un país en profunda crisis. Gobierno y oposición deben pactar reformas institucionales: Italia necesita unas reformas pensadas en el interés del país, una política fuerte y decidida, que gobierne para el interés colectivo e impulse las necesarias reformas para salir de la crisis y mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Una Italia fuerte, bien encauzada en el camino de la recuperación político-económico, con una Gobierno sensato y laborioso, resultaría de gran ayuda para toda Europa, dado su peso económico y cultural, desde hace años muy superior a la persistente anemia de la política y del Estado italianos.
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