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La falta de alternancia en Italia

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 02 de abril de 2010, 16:32h
El resultado de las elecciones regionales (y municipales en algunas localidades) en Italia han producido interrogantes sobre el futuro de la política dentro y fuera de ese país.

La abstención, más del 36 por ciento, es el primer partido de Italia. Pero comparando con las recientes elecciones regionales en Francia, la abstención italiana no ha sido tan elevada. Y por seguir con las comparaciones, el electorado italiano no ha castigado a Berlusconi como lo han hecho los votantes franceses con Sarkozy.

Lo que asombra y preocupa es que en Italia no hay una alternativa posible al actual poder de Berlusconi. Italia careció de un relevo político al partido demócrata-cristiano durante décadas. La existencia de un partido comunista, el PCI, ocupando el espacio de la alternativa de gobierno, hizo que nunca se pudiese formar un ejecutivo sin la democracia-cristiana. Al final de los años 80, coincidiendo, además, con el fin del comunismo internacional, el socialista Bettino Craxi estuvo a punto de convertirse en una alternativa global a los gobiernos demócratas-cristianos.

Aquel intento fracasó por dos causas. Primero, el PSI, el partido socialista italiano, no hizo la imprescindible adaptación al reformismo democrático, como la que llevaron adelante los socialistas alemanes, los españoles, y más tarde, los británicos. Y segundo, todos los demás contendientes políticos coincidieron en hundir a Craxi y a los socialistas italianos por una corrupción que les afectaba por igual. Como era un sistema, la caída de uno de sus miembros arrastró a los demás, y detrás de los socialistas fueron desapareciendo los comunistas, los democristianos y toda la pluralidad partidaria que Italia mantenía desde el siglo diecinueve. Incluso Antonio di Prieto, el policía, fiscal y “magistrado estrella” que puso en marcha la operación “Manos Limpias”, acabó siendo procesado por corrupción, después de su etapa de ministro de Obras Públicas en uno de los “gobiernos de izquierda” recientes.

Después de esa profunda crisis política llegó Berlusconi, inmune -en una sociedad cansada y desengañada- a las acusaciones de corrupción. Hay algo que Berlusconi suele utilizar: dice ser el continuador de la malograda oportunidad de Craxi para crear una política diferente. No es verdad, pero esa posibilidad frustrada ¿no está detrás de la desconfianza ante los antiguos comunistas y los demócratas-cristianos de izquierdas? Liquidar de un plumazo (judicial) toda una tradición, aunque sea una tradición partidaria, suele producir un vacío muy difícil de llenar por mucho tiempo. En esto Burke acertó sobre los efectos del mantenimiento de la tradición. Volatilizado el PSI y los demás partidos del arco laico, los inventos con nombres botánicos –“la Margarita”, “el Olivo”, etc.- no han convencido a un sector esencial de cualquier electorado europeo: a esos ciudadanos que aprecian las libertades civiles y económicas, y que apoyan un internacionalismo cosmopolita y solidario con los demás habitantes de la Tierra. Las especies botánicas ni tienen historia, ni mitos morales, y sus ideas no se captan en esta sociedad mediática. Norberto Bobbio, el intelectual italiano, ya no está en ninguna tradición partidaria de su país. Ahora sólo cuentan las imágenes. Y gracias a otro pensador italiano, Giovanni Sartori, sabemos que Berlusconi siempre ganará en esta competencia virtual. ¡Ahora predica con el amor y la tolerancia! Aunque existen especies más radicales que el primer ministro: el actor Beppe Grillo, que con sus histriónicas propuestas “que no son de izquierdas ni de derechas” ha conseguido el suficiente número de votos para que el candidato de las izquierdas pierda en el Piamonte, región progresista.

Berluscolandia sigue siendo el proyecto más apoyado porque el espacio de la socialdemocracia liberal fue taponado en Italia. Y ahora va a influir en el futuro la Liga Norte de Umberto Bossi. Su resultado en el Norte de Italia, en los antiguos caladeros de votos laicos y progresistas, ha sido espectacular. Avanza hacia Roma y hacia el Sur italiano. Bossi fue un antiguo comunista. Su actual xenofobia brota de una cultura política contraria al liberalismo. Debajo de una retórica internacionalista, la práctica comunista fue siempre nacionalista. Había que aislar a los ciudadanos comunistas de cualquier contacto con los enemigos de la Patria: rusos, cubanos, chinos, albaneses, serbios, búlgaros, etc., fueron instruidos para desconfiar ante aquéllos que no fuesen como ellos.

Bossi y la Liga Norte propone “un federalismo fiscal asimétrico”. La igualdad y la progresividad fiscal, principios de los Estados democráticos avanzados, van a ser revisadas. La solidaridad con los individuos y con las regiones con deficiencias esconde un fraude. Se cultiva el egoísmo de los que son o quieren ser ricos. Al votante se le hace un guiño cínico: mi opción es clara, consiste en prometerte dinero. ¿No ha sido éste el nuevo método para resolver problemas políticos, o para crear nuevos derechos?

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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