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Un Aberri Eguna desde la oposición

lunes 05 de abril de 2010, 08:41h
Las palabras del presidente líder del PNV, Iñigo Urkullu, ayer en Bilbao, no sonaron igual, y eso que eran las mismas de siempre. Quizá sea porque fueron dichas con motivo del Aberri Eguna, celebración eminentemente nacionalista pero que durante muchos -demasiados- años se identificó más de lo necesario con las instituciones. No debió de haber sido así y, por fortuna, ayer se vio que un nuevo clima de normalidad reina en la sociedad vasca. Es la primera vez que se celebra un Aberri Eguna con un lehendakari no nacionalista y, por tanto, no se da esa perniciosa confusión que consistía en asumir como algo natural que el País Vasco era –y el Gobierno vasco tenía que estar en manos- del PNV.

Cada vez que algún destacado militante nacionalista tomaba la palabra todos los años por estas fechas, lo hacía para dirigirse a los de su cuerda, y no a todos los vascos. Porque el día en cuestión conmemora la exclusión de una parte de la sociedad con respecto a otra, por más que se quiera camuflar con aspectos más o menos folclóricos. Lo de ayer fueron, pues, mítines. Sin más. Mítines en los que unos nacionalistas, los del PNV, dijeron lo mismo de siempre, y otros, los de Eusko Alkartasuna, se quitaron definitivamente la careta, posicionándose junto a los que siempre han estado, que son los acólitos de ETA. Pero todos pudieron hacerlo sin nadie que les importunase, gracias al régimen de libertades que disfruta Euskadi por primera vez en mucho tiempo. Que digan lo que quieran los nacionalistas, que la sociedad vasca ya se pronunció en las urnas precisamente para eso, para que el PNV y los suyos hablen el los batzokis, pero no en nombre de un pueblo del que sólo consideran forman parte los que piensan como ellos.
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