El mayor escándalo de la democracia es llegar a cinco millones de parados
José Antonio Sentís
x
directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 06 de abril de 2010, 19:51h
Leire Pajín, la secretaria de Organización del PSOE, puede tener déficit de años o de memoria. Pero el diario El País, ni es joven ni carece de hemeroteca. Sin embargo, ambos han calificado el “caso Gürtel” como el mayor escándalo de la democracia, y son muy libres de considerarlo así, pero da la impresión de que equivocan el disparo. Porque ningún escándalo podrá superar a la constitución de una trama de empresas para cobrar impuesto revolucionario a entidades financieras, a más de comisiones multimillonarias por adjudicaciones estatales para un partido en el Gobierno, a cambio de decisiones de ese Gobierno. Como tal fue el caso Filesa, perpetrado por el Partido Socialista en su versión de no Obrero.
¿Quita ello gravedad al “Gürtel”? Evidentemente, no. Pero no conviene abusar de las hipérboles históricas. La trama de Correa y sus amigos no es el mayor escándalo de la democracia, aunque sí el más moderno. Y el que cuenta con la más celosa investigación de la democracia, ya que la policía investigó a Filesa cuando el PSOE estaba en el poder, y la policía investiga Gürtel ¡cuando también el PSOE está en el poder! Y, naturalmente, no es lo mismo, las filtraciones no son las mismas, los intereses son desiguales y las repercusiones otras. Incluso son distintas las presiones a los jueces, y sólo hay que recordar la depresión del pobre instructor de Filesa, Marino Barbero, acosado hasta la extenuación por el Gobierno del partido financiado ilegalmente.
Correa tiene pinta, presuntamente, de ser un chorizo de armas tomar. Su red de negocios ha aprovechado la discrecionalidad de las administraciones para las adjudicaciones de negocios y, por ello, ha comprado, también presuntamente, voluntades de cargos del PP. Y que cada palo de ésos aguante su vela. Pero que no la aguante más que otros chorizos que han comprado voluntades a lo largo y ancho de España, y que han corrompido a políticos en centenares de Ayuntamientos y no pocas Comunidades, del PP, del PSOE, de CiU, del PNV, de Coalición Canaria, de Unión Mallorquina y de otra docena de partiditos desperdigados por nuestros lares.
El mayor escándalo de la democracia es que la democracia permita que haya escándalos económicos todos los días. Que haya decenas, incluso centenares, de políticos de todos los niveles encausados por corrupción. Porque, en España, la corrupción es sistémica, en tanto que se permite arbitrariamente la adjudicación de concursos a familiares, amiguetes, conmilitones o, simplemente, avispados en el soborno y gente de maletín fácil.
Y es sistémica la corrupción cuando es un secreto a voces que la Administración local, y a veces regional, debe ser engrasada convenientemente su se quiere conseguir una licencia, aunque sea de un bar, no digamos urbanística. Y más tarde podremos rellenar el mapa de la corrupción con el cargo público que pide dinero, y el que lo acepta aunque no lo pida. Y el empresario que lo ofrece, o que no tiene más remedio que pagarlo, que de todo hay.
La gracia que tiene “Gürtel” es que es un escándalo que afecta al PP, investigado por la policía a las órdenes del PSOE. La desgracia que tuvo Filesa, y su frustrante conclusión judicial, fue que era un caso que afectaba al PSOE, pero que fue investigado por la policía que dirigía el PSOE… y después, “olvidado” por el PP ganador. Y esto no es un reproche a la profesionalidad policial, sino la constatación de un hecho: las investigaciones sobre la corrupción tienen que ver con los hábitos de la corrupción. Se untan, o se desincentivan, dependiendo de las necesidades políticas del momento. Y ha hecho bien el Gobierno socialista en actuar a fondo contra la corrupción que afecta al PP, como hará bien el PP, cuando gobierne, en perseguir la corrupción socialista hasta sus últimas consecuencias. Ambos van a tener bastante trabajo.
Porque, hasta ahora, los partidos en la oposición han denunciado a los del poder sólo hasta que han gobernado. Y, después, han corrido un velo sobre los escándalos. Sólo hay que recordar el indulto a Barrionuevo y a Vera (no por corrupción, sino por los Gal) cuando Aznar gobernó. Y sólo hay que pensar que si Aznar hubiera querido, el porvenir judicial del propio Felipe González hubiera sido difícil.
Que aprenda, pues, la lección el PP. A la corrupción, como a cualquier otro delito, hay que perseguirla, y no sólo denunciarla. Así lo hace Zapatero contra Rajoy, y así deberá hacerlo Rajoy contra Zapatero.
A partir de ahí, la lucha por entresacar alguna novedad en el sumario “Gürtel” es titánica. Hay que felicitar a El País y a sus fuentes de información. Ya lo sabíamos todos. Conocíamos los informes policiales mejor, o tanto como, o a la vez, o un poco después, que la Fiscalía. Bárcenas llevaba tiempo amortizado con sus billetes de quinientos euros. Los trajes de Camps están sobadísimos, y le convendría cambiárselos. Los viajecitos, actos electorales, negocios de imagen y demás han sido publicados por activa y por pasiva, y conocemos hasta el tono de voz de las personas investigadas por pinchazos telefónicos, incluso el de sus abogados. Estamos, pues, preparados, para un juicio ejemplar contra la trama corrupta, e incluso lo estamos para descubrir que todos esos negocios que aparecen como ilegales pueden ser, en ocasiones, aunque sean raras, hasta legales.
A por Correa, pues. A ver si nos queda tiempo para ir a por los demás corruptos de los demás partidos.
Lástima que, con tantas preocupaciones, se nos olvide que el señor Zapatero debería dedicar alguna de sus energías aplicadas a liquidar al PP a la lucha contra el paro de cinco millones que, bien mirado, sí que puede considerarse el mayor escándalo de la democracia, como diría
Leire Pajín.
|
Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
|
directorgeneralelimparciales/15/15/27
|