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Revolución antisistema

Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 10 de abril de 2010, 16:01h
Cuando yo era pequeña si quería comprarme algo mis padres me decía, “ahorra y cuando hayas juntado el dinero te lo compras”.

A la luz de las noticias de los últimos meses, de los meses de la crisis, he concluido recientemente que mis padres son antisistema. Sí, antisistema. Yo les explico.

En el siglo XIX la revolución industrial produjo una nueva división social basada en la posesión de la fuerza de trabajo. El que tenía la fuerza de trabajo de cientos de personas, se quedaba con su plusvalor y acumulaba capital, era el burgués. El que tenía que malvender su fuerza de trabajo y someterse a los precios abusivos de las cosas, las casas y los alimentos era el obrero.

El capitalismo, como bien describió Marx, necesitaba aumentar siempre su ejército de consumidores y su provisión de materias primas. Por eso, se fueron a la búsqueda de nuevos mercados por todo el mundo. Le vendía el algodón indio a los ingleses y el inglés a los indios, la carne francesa a los alemanes y la alemana a los italianos. Así, comenzó la neurosis del consumo.

Hoy estamos en una crisis del capitalismo, de esas recurrentes que también preveía el análisis de Marx. Y hoy, una mala noticia es que la gente ahorra, la gente no cumple con lo que se espera de ella, la gente no contribuye a que siga subiendo la inflación y que se siga acumulando capital. De hecho, los ricos como la Beckam, la Lomana u otras, cuando se las pilla comprando gafas de sol a 5000 euros declaran muy solidariamente que sólo contribuyen a reactivar la economía, es decir, consumen para que los pobres estén mejor. Y sí, este es el mundo en el que vivimos.

Un mundo que necesita seguir creciendo, donde otra mala noticia es que simplemente estamos igual que el año pasado: crecimiento cero. La neurosis capitalista es ambiciosa y solo ve futuro en crecer y crecer, a costa de lo que sea y de cualquier manera. Y ahí los gobiernos a penas si se atreven a meter en el vocabulario de los mass media la palabra “sostenible” intentando quedar bien pero sin llegar a transformar nada.

Y entonces es cuando concluyo que mis padres eran antisistema y que hoy la diferencia social ya no se juega en términos de obrero-burgués sino en la relación entre cuánto consumes y cuánto te queda en la hucha.

El pobre es el que consume lo que tiene y no se queda ni con cinco céntimos para el mes siguiente. Gane lo que gane, se lo gasta íntegro y es más, si puede, pide un crédito para consumir más y más y alimentar su fantasía de que es pudiente y un buen burgués. El rico es el que, consuma lo que consuma, nunca logra acabar con sus ganancias, presentes y acumuladas, por lo que no entiende la palabra ahorro.

Y entonces, en esta primavera solo me queda hacer una llamada a ser antisistema, para que la gente antes de hipotecarse para pagar durante un tercio de su vida los intereses de los usureros, antes de vender su fuerza de trabajo, su mente, su libertad y su dignidad, antes de eso, ahorren, vivan de alquiler, piensen que mañana no tiene por qué ser como hoy, recuerden que ya Hume dijo que el principio de causalidad no sirve para interpretar la realidad empírica, porque mañana puede pasar algo y que todo cambie. Nada es eterno.

Soñemos con el cambio, ahorremos, seamos sensatos, y así, revolucionemos el sistema en el que vivimos. Desde la sensatez y el sentido común, sin armas, con dignidad, no conformándonos, volviendo a lo esencial y no cayendo en la tentación del capital.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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