La desmemoria y los parlamentos
martes 13 de abril de 2010, 20:03h
El comienzo del siglo XXI muestra diversas transformaciones en instituciones, comportamientos y dinámicas políticas resultado de los lógicos procesos de cambio que acompañan a las sociedades. El conocimiento de la historia es una potente herramienta para aportar información y experiencia, aunque sabemos que con frecuencia surgen adanes que optan por obviar los precedentes y posibles condicionamientos históricos.
Entre las numerosas innovaciones políticas, interesa reflexionar sobre ciertas modificaciones introducidas en algunos reglamentos de parlamentos autonómicos, que hasta ahora copiaban e importaban modelos y prácticas institucionales de Las Cortes. Los cambios se refieren, de momento, a las modalidades de votación en sesiones plenarias, pero afectan a la esencia del papel de los diputados. Ello quizá explique que de momento en las Cortes, institución con más peso y tradición, este asunto solo se esté debatiendo. Las reformas reglamentarias autorizan que un diputado delegue su voto en otro miembro de la cámara (Andalucía) o posibilidad de realizar la votación usando recursos técnicos adecuados (Cortes Valencianas).
En ambos casos, así como en otros países donde también se debate o se ha regulado, se consideran prácticas excepcionales vinculadas a una larga enfermedad y a los llamados permisos de paternidad de los diputados. Llegados a este punto es menester recordar que la democracia parlamentaria lleva existiendo, con muy notable éxito, desde hace más de doscientos años. A lo largo de este periodo, la mayoría de los parlamentarios culminaban sus carreras políticas en alguna de las dos cámaras nacionales por ser instituciones cuyo acceso requería de hecho, entre otros criterios, experiencia política. Ello significa que muchos de ellos no solo fallecieron ostentando el cargo, sino que mientras ejercían su mandato enfermaban, porque además la enfermedad ha acompañado al hombre a lo largo de toda su historia. Otro hecho histórico e irrefutable, es que desde tiempos inmemoriales las mujeres han desempeñado varios cometidos simultáneamente: dando a luz y criando a sus hijos y trabajando dentro y fuera del hogar.
Por ello cabe plantear ¿Que justifica que el voto del parlamentario siga siendo personal, intransferible y directo? Pues, que los símbolos y sus prácticas, aunque algunos no les reconozcan importancia, la tienen como también demuestra la historia de la humanidad. Los hipotéticos argumentos en defensa de las prácticas citadas, para evitar la pérdida de votaciones importantes, se desvanecen porque también la historia parlamentaria ha mostrado que se han utilizado mecanismos para solventar este problema, básicamente recogidas al amparo de la cortesía parlamentaria. Entre sus numerosas manifestaciones, cuando un parlamentario estaba enfermo y su ausencia coincidía con una votación importante, si el grupo parlamentario adversario no tenía otro enfermo, lo que era frecuente, se ausentaba uno para que no se alterase el resultado de la votación. Estos ejemplos se han reiterado a lo largo de la historia, incluso tienen nombres y apellidos en el Congreso en la Legislatura pasada en la que el gobierno estaba en minoría y en un contexto de importante confrontación política.
Los permisos de paternidad y el seudo feminismo absurdo tampoco tienen mucha justificación, porque aunque haya aumentado el número de diputadas, al admitirse que los padres pueden solicitar el permiso, se invalida el argumento, aunque este asunto lo trataré otro día.
El uso de tecnologías que sustituyan la presencia del parlamentario o la delegación de voto, aunque sea en un diputado del mismo grupo y votase en el mismo sentido que el electo, son argumentos para quienes comienzan a discutir la democracia parlamentaria y el coste material que lógicamente conlleva. Entre ellos, los gastos de personal si se puede votar a distancia o la presencia de los grupos parlamentarios frente a uno por grupo con los votos que le correspondiesen.
Es sabido que hoy es una ficción la prohibición del mandato imperativo ya que en la práctica lo impone el partido, pero si esta prohibición no estuviese en el texto Constitucional, no se podría recuperar o imponer la libertad de voto al menos en determinados asuntos. De esta forma, se reduciría el poder de los partidos tal como demanda la sociedad y evitaría lo que ocurría en los sistemas políticos comunistas. Cada vez hay más voces que demandan listas abiertas o sistema electoral mayoritario, cuya esencia es la libertad del diputado sobre el partido. Los parlamentarios son conscientes de la necesidad de reducir la creciente desafección ciudadana, por lo que se acaba de ampliar el calendario parlamentario y se han introducido unas primeras medidas de transparencia de sus actividades. Parece más razonable seguir en esta línea, que en desmontar los símbolos, procedimientos y prácticas que han acompañado a la democracia representativa en su larga vida.