Aires de Portugal
martes 13 de abril de 2010, 21:23h
Llegan estos días dos noticias llamativas, de índole distinta, relacionadas con nuestros vecinos portugueses, popular la primera, erudita la segunda. En el norte del país, los habitantes de Valença do Minho, ascendida a la categoría de ciudad hace tan sólo unos meses, hacen ondear banderas españolas en protesta por el cierre nocturno de su ambulatorio y la consecuente forzosidad de pasar la raya e ir a la cercana Tui en busca de asistencia. Perplejas, las autoridades lusas no saben cómo tratar el caso. La afrenta a la bandera nacional, muy improbable en aquellas tierras, puede alcanzar una pena de dos años de cárcel..
Pero esto es otra cosa, y, por inesperada, provoca incomodidad al alcalde de la villa amotinada y a otros compatriotas cuyo sentimiento nacional ven menoscabado. Dicen que les dejan en mal lugar, y, además, ¿cómo van a prohibir que cuelguen estandartes en sus balcones, aunque sean símbolo del país aledaño con el cual comparten ríos, cielo, mar, tormentas, plagas e incendios?
Justamente esto último es lo que alega el presidente del ayuntamiento de la localidad pontevedresa, quien, agradecido a causa de la ayuda prestada más de una vez por los bomberos de allende el Miño, considera de justicia corresponder acogiendo a los enfermos que le vengan de la otra orilla.Valença fue otrora, al igual que su casi tocaya cacereña Valencia de Alcántara, frente a Marvao, objeto de disputa entre ambos países. Su fortaleza y la muralla doble que la circunda son elocuentes.
Una historia más de las muchas sucedidas entre países adjuntos o colindantes. Los cuentos de frontera, a veces en forma de romance, constituyen un subgénero literario antiguo y fecundo en Iberia y por doquier.
La segunda noticia que atrajo mi atención se remonta a la época de los tres últimos Felipes de Habsburgo cuya corona comprendía Portugal. Fruto de tal situación fue el trasiego de almas y legajos en uno y otro sentido y el bilingüismo de muchos.
A ello aludía la filóloga María Hernández al presentar su edición de poemas y entremeses inéditos de Quevedo expurgados del manuscrito de Évora de manera fortuita tras llevar a cabo un ejercicio de transcripción paleográfica.
No obstante, llevados por una sana y sabia prudencia, tanto la autora de la edición como Pablo Jauralde, prologuista y buen conocedor de Francisco de Quevedo, decidieron añadir el subtítulo de “atribuidos” tras Poemas inéditos.
El tiempo, tal vez, dicte su veredicto.