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Sobre duros y blandos en la política argentina actual

jueves 15 de abril de 2010, 20:10h
La amplia y prolífica literatura sobre los procesos de democratización de las décadas de 1970 y 1980, dando cuenta del cambio político acontecido en Europa del Sur y América Latina, dedicó un esfuerzo especial a diferenciar aquellos actores centrales en estos procesos de cambio de regimenes autoritarios a democráticos.

Así, se distinguía entre duros y blandos procurando caracterizar las diferentes visiones dentro de la conducción del régimen autoritario acerca de las formas y tiempos de la transición política, dado que los primeros procuraban establecer algún mecanismo de negociación con la oposición que garantizara una salida controlada por parte del poder militar y la preservación de las prerrogativas institucionales adquiridas durante ese tiempo político, mientras que los segundos, compartiendo los propósitos de los sectores más moderados, sostenían la necesidad de la reafirmación de los principios fundantes de esa experiencia autoritaria, limitando la apertura de canales de negociación con la oposición al régimen.

En relación a la oposición, las categorías utilizadas daban cuenta de las diferentes estrategias frente al régimen diferenciándose de esa manera entre moderados y maximalistas, siendo los primeros partidarios de la búsqueda de una salida institucional negociada que garantizara el éxito en el proceso de transición, y los segundos de una estrategia de diferenciación frente al régimen autoritario que si no impidiera por lo menos limitara las posibilidades por parte del régimen de condicionar la salida democrática en el marco de una mesa de diálogo político.

El contexto político de la argentina actual, aún sin tratarse de una circunstancia de carácter fundacional como aquella que representa un cambio de régimen político (se trata de un proceso de posible cambio de gobierno en el año 2011), ha dado lugar a la emergencia de diferentes visiones y estrategias desde el oficialismo y la oposición que nos permiten sin embargo pensar en los términos y categorías propios de un proceso de transición.

En el oficialismo los “duros” aparecen encarnados en las figuras de Néstor y Cristina Kirchner y los integrantes de la cada vez más reducida “mesa chica” del oficialismo mientras que los “blandos” no tienen una referencia tan clara en cuanto a su liderazgo (podemos distinguir figuras individuales como la del ex Jefe de Gabinete Alberto Fernández o el presidente provisional del Senado José Pampero). El rumbo predominante sigue siendo definido por los primeros y no significa otra cosa que reafirmación de los “principios” del proceso iniciado a partir del 25 de mayo del 2003, considerados estos como materia no opinable ni negociable.

Asimismo, en el panorama de la heterogénea oposición podemos distinguir entre “maximalistas”, representados por figuras como Elisa Carrió de la Coalición Cívica, y “moderados” como Gerardo Morales dentro de la Unión Cívica Radical, Hermes Binner del Partido Socialista o el vicepresidente Julio Cobos en el contexto de una atípica situación de vicepresidente de Cristina Fernández de Kirchner y referente de la oposición. Difícil es definir con la claridad la posición del peronismo disidente dado que en su heterogeneidad parece oscilar entre ambas estrategias de acuerdo a las circunstancias políticas.

El predominio de los “duros” en el oficialismo parece fortalecer a los sectores “principistas” de la oposición; ¿la negociación cede paso a la confrontación? de ser afirmativa la respuesta las alternativas parecen ser:

1) Intento de autogolpe legislativo a través del vaciamiento de la institución parlamentaria - Imposición del quórum por parte de la oposición e intento de sustanciación de juicio político - Renuncia anticipada de Cristina Fernández en medio de denuncias de un “golpe destituyente”.

2) Imposición del quórum por parte de la oposición - Utilización de poderes reactivos por parte del poder ejecutivo - Ingobernabilidad, parálisis institucional, conflicto recurrente entre poderes - Judicialización de los conflictos políticos.

Recordando y parafraseando a Norberto Bobbio en el epílogo de su trabajo el futuro de la democracia, apelamos “sin embargo” al predominio de la racionalidad democrática.
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