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La ciencia también en crisis

viernes 16 de abril de 2010, 02:25h
La preocupante situación económica que vive España hace que desde la totalidad de fuerzas políticas -excepción hecha del PSOE, claro está- se apele al presunto buen criterio del Gobierno para que modere el gasto público. Las recetas son variadas dependiendo de quien las proponga, aunque hace no mucho el Ejecutivo perdió una votación en la que la Cámara le instaba a que redujese el número de ministerios. El sentido común dice que más de uno sobra -Vivienda, Igualdad, Política Territorial, tres vicepresidencias-, y las funciones de otros bien se pueden adecuar o incluso fusionar.

En el caso del Ministerio de Ciencia e Innovación, que esta semana cumple dos años de existencia, su propio nombre da idea de la importancia que debería tener. Pero no la tiene. Y ello es así porque durante todo este tiempo su titular, Cristina Garmendia, no ha podido o no ha sabido estar a la altura de los trascendentes retos a que debía hacer frente. La titular de Ciencia e Innovación es una de las personas más preparadas del gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, pero para el puesto que desempeña quizá haría falta, aparte del perfil científico y empresarial –y ambos los tiene sobresalientes- un algo más de fuerza política. En parte, porque se trata de un negociado que “no vende” pero que, sin embargo, es puesto en la picota cada vez que las carencias en I+D+I salen a la luz.

El proyecto insignia del Ministerio, la Ley de Ciencia, Tecnología e Investigación, no deja de ser un puñado de buenas intenciones sin apenas corrección alguna. Tampoco facilita mucho las cosas la dotación presupuestaria asignada, a todas luces insuficiente. Y ni se ha captado talento de fuera ni se ha sido capaz de retener el nacional. España sigue siendo un país “exportador de cerebros” y las actuales circunstancias no ayudan a que dicha tendencia vaya a revertir. Además, competencias cambiadas de manos como la dependencia del Instituto Carlos III de Madrid de Sanidad a Ciencia tampoco se han demostrado eficaces. Así las cosas, o fallan las personas o falla el modelo, pero lo cierto es que la ciencia parece sufrir también los embates de la crisis. En todos los sentidos. Es una lástima que una de las pocas cosas positivas y acertadas en las que parecía creer y apoyar el señor Zapatero –más allá de la intriga política- tampoco vaya a cuajar.
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