Lo pre-político
martes 20 de abril de 2010, 12:56h
Dados los recientes y lamentables acontecimientos de ataques a los pilares esenciales de la democracia (Tribunal Supremo, separación de poderes, independencia de la justicia, principio de legalidad, etc.), a los que luego me referiré, estimo de interés pensar un poco sobre lo que previamente necesita la política para ser eficaz. En el capítulo IV del prólogo para franceses de “La rebelión de las masas”, Ortega y Gasset nos habla de ello, al señalar: “El asunto de que aquí se habla es previo a la política y pertenece a su subsuelo”. Evidentemente el edificio de la política, sin subsuelo, se nos cae.
Me indigna y me preocupa profundamente que en España algunos no respeten los elementos esenciales o pilares de la democracia, especialmente si están en puestos de responsabilidad pública. Pienso que el problema de fondo es que todavía hay pocos demócratas convencidos en España, esto es, que acepten y respeten las mínimas reglas del sistema democrático. Un Presidente de un Parlamento como el vasco -me refiero al anterior, no a la actual- debe respetar las sentencias del Tribunal Supremo, como el Presidente de la Generalidad tendrá que respetar la STC sobre el Estatut, le guste o no. Igualmente es inadmisible que en un acto, nada menos que en una universidad (la Complutense), con su Rector a la cabeza (bien es verdad que al día siguiente el sensato Decano de Derecho de esa universidad la representó mucho mejor, poniendo la necesaria cordura universitaria) junto a otros representantes políticos y sindicales, se ataque directamente al máximo órgano de la jurisdicción ordinaria, el Tribunal Supremo. ¿Qué está pasando?
Volvamos a Ortega y Gasset, pues unas líneas más abajo nos da luz sobre lo pre-político con una afirmación que a muchos escandalizará, pero que si se piensa un poquito, no se le puede negar su acierto: “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. ¿Qué buscaba Ortega, insultar al 90 % de los españoles? No lo creo, simplemente nos advertía de cómo los prejuicios ideológicos pueden distorsionar el raciocinio y la comprensión de la realidad, pudiéndonos llevar a sacar lo peor de nosotros mismos. Seis años después (1936) lamentablemente la realidad más triste de España dio totalmente la razón a Ortega. ¿Estamos volviendo a las andadas en cuanto a prejuicios ideológicos y falta de respeto a los pilares de la democracia y del Estado de Derecho? Desde luego veo indicios que no me gustan lo más mínimo, ya he apuntado alguno antes. ¿Qué hacer frente a ello? Recomiendo los siguientes principios pre-políticos, que estimo pueden sernos bastante útiles para regenerar nuestra joven democracia.
Primero. Sentido del límite. Es esencial, la política también tiene límites, ni puede ni debe llegar a todo. La historia, la moral, el derecho, la educación, el arte…, están más allá de la política y ésta no puede querer controlarlas, ni ignorarlas, en cualquiera de los dos casos la política fracasará en su intento y todos perderemos, no lo duden.
Segunda. La humildad y el límite del conocimiento. Los políticos en muchas materias tienen que discernir entre el poder y el saber, ellos tienen lo primero, pero sin lo segundo, pueden ser desastrosos. La humildad es la antesala de la inteligencia, el orgullo de la estupidez. La erótica del poder hace perder el sentido de la realidad al político mediocre, nada bueno puede salir de ese contexto.
Tercero. Respeto al Derecho, a las normas en las que se desarrolla el juego político. Es la gran conquista de las revoluciones liberales (inglesa, americana y francesa) y de tres autores claves: Locke, Montesquieu y Rousseau. A ver si nos enteramos de una vez, pues tardamos dos siglos hasta que llegó la Constitución de 1978, la única que ha funcionado y se ha respetado…, hasta la fecha.
Cuarto. Aceptar las bases del discurso racional, libre y plural, evitando el peligrosísimo discurso sentimental o emocional que tanto nos gusta a los españoles y tan malos resultados nos ha dado, especialmente en la trágica dicotomía ellos/nosotros, la España de un lado y la del otro: las insoportables dos Españas, de las que muchos españoles ya estamos bastante hasta las narices.
Concluyo. A pesar de las críticas vertidas, soy optimista pues hay una realidad indiscutible que el pueblo español lleva mostrando sin fallar ni una sola vez, desde las primeras elecciones democráticas de 15 de junio de 1977: siempre se decanta por las opciones moderadas, sensatas y prudentes, evitando los extremos. La extrema derecha está prácticamente desaparecida en España y, a pesar de los actos radicales de la UCM, que realmente representan a muy pocos, la extrema izquierda llevará el mismo camino, es cuestión de educación y cultura. Me tranquiliza hablar con cualquier joven, para los que eso de la España de derechas y de izquierdas, les suena a algo parecido que lo afirmado por Ortega.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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