La irrupción del candidato liberal en el primer debate electoral televisado de la historia del Reino Unido supuso un vuelco en los sondeos de los comicios del próximo 6 de mayo. Joven, ambicioso, atractivo, dinámico, con carisma y, desde el pasado 15 de abril, muy popular, Nick Clegg ha sabido insuflar aire fresco a un, hasta ahora, inoperante Partido Liberal Demócrata y, tras una larga travesía por el desierto de más de dos décadas, dotarle de opciones reales de hacerse un hueco en el Ejecutivo británico, ya sea gobernando en solitario o en coalición. Pero, ¿quién es Nick Clegg?, ¿cuál es su programa político? A pesar de que apenas quedan doce días para las elecciones, el líder de la izquierda moderada aún es un auténtico desconocido para uno de cada cinco británicos.
Jueves, 15 de abril, 20.00 hora local. El Reino Unido se sentaba delante de la televisión durante hora y media para ser testigo de un hecho histórico: el primer debate electoral retransmitido. Tres eran los contendientes que se batían en el encorsetado duelo dialéctico sobre política doméstica: el favorito,
a priori, para ganar los comicios del próximo 6 de mayo, el conservador
David Cameron; el actual primer ministro laborista,
Gordon Brown; y un desconocido candidato de aspecto tímido y adusto, el liberal demócrata
Nick Clegg.
El semidesconocido político de 43 años sabía que era entonces o nunca. Sin apenas nada que perder, Clegg se valió de la batalla retórica que libraron sus dos contrincantes para ganar puntos y hacerse un lugar en las mentes de los votantes. Sin dudar a la hora de encarar la cámara, con un tono sereno y seguro, rezumando naturalidad y haciendo gala de su principal activo político,
la sinceridad, Nick Clegg se metió en el bolsillo a los británicos y se convirtió en el inesperado ganador del primer asalto electoral. De la noche a la mañana, su partido incrementó en 12 puntos su intención de voto (en torno al 30 por ciento), pasando a ser la segunda opción con más apoyo tras los 'tories' de Cameron, y las donaciones a su campaña se multiplicaron por cuatro.
Jueves, 22 de abril, 20.00 hora local. Los británicos vuelven a asistir a una pelea dialéctica histórica. Brown y Cameron estaban aleccionados y tuvieron en más alta estima a su rival liberal. Clegg se mantuvo firme, no dudó sabedor de que tenía que refrendar la buena imagen ofrecida en el primer asalto. Como si de una partida de ajedrez a tres bandas se tratara, los guiños y los puñales volaron por igual en todas direcciones conscientes los tres de que las elecciones no se ganaban en Bristol, pero sí podían perderse.
Lejos de arrugarse, el nuevo héroe del escenario político británico se revalorizó. Volvió a mostrar, entereza, seguridad, buenos argumentos y supo capear los ataques más o menos directos de sus dos rivales, en especial en lo tocante a los dos asuntos más delicados para Clegg: su admitido europeísmo, no muy popular entre el tradicional electorado británico, y su modelo de gestión de la inmigración para los más de 800.000 ilegales que residen en las islas.
A pesar de que los sondeos dieron a Cameron como vencedor, Clegg reforzó su postura de candidato serio y la idea de que sea su partido el que tenga la última palabra para ver quién se pone al frente del país el próximo lustro toma cada día un cariz más realista.
Hombre multinacionalNacido en Chalfont St. Giles, en el noroeste de Londres, en una acomodada familia con orígenes rusos y holandeses, Nicholas William Peter Clegg es, desde el pasado 18 de diciembre de 2007, el líder del
Partido Liberal Demócrata (LDP) tras derrotar a Chris Huhne, actual portavoz de Interior de la formación. Era su segundo intento, puesto que ya había optado al liderazgo en 2006, pero en aquella ocasión perdió ante Sir Menzies Campbell.
Con una educación de clase media-alta labrada entre la prestigiosa Escuela de Westminster, el Robinson College de Cambridge -en el que se graduó en Antropología y Arqueología- y la Universidad de Minnesota, Clegg se ha forjado una carrera política a mitad de camino entre las instituciones comunitarias y la City londinense.
Después de terminar sus estudios, colaboró con
The Guardian y el
Financial Times siendo destinado a Hungría para cubrir las informaciones de los países de la antigua esfera soviética. A mediados de la década de los 90 empezó su andadura dentro de las instituciones comunitarias al incorporarse a la
Comisión Europea. Su primer gran salto político lo dio de la mano de Leon Brittan, comisario de Comercio de la Unión Europea. Brittan incorporó a Clegg a su equipo, lo que le permitió vivir de cerca la entrada de China y Rusia en la Organización Mundial del Comercio.
Tras lograr un escaño como eurodiputado por el LDP en 1999, Clegg decidió volver a Londres en 2004 convencido de que el proceso de construcción europeo no se desarrollaba en Bruselas, sino mano a mano con los ciudadanos de a pie. De este modo, fue escalando puestos dentro del partido hasta alcanzar el liderazgo en 2007. Tras su victoria, Clegg se definió como
"un liberal por temperamento, por instinto y por educación". Desde enero de 2008, forma parte del Consejo Privado de la Reina, un órgano consultivo de gran prestigio en el Reino Unido aunque de carácter más ceremonial que práctico.
De izqda. a dcha.: Nick Clegg, David Cameron y Gordon Brown (Efe).Cuando empezó a hacerse un hueco en la política, sus detractores escarbaron en su vida privada para ver si su intachable currículum contaba con algún borrón con el que atacarle ante la opinión pública. Lo único que encontraron fue una travesura adolescente durante un viaje a Munich. Clegg, que por aquel entonces tenía 16 años, quemó varios cactus de gran valor pertenecientes a una colección privada. A pesar de que no se presentaron cargos, el hoy candidato liberal tuvo que realizar servicios comunitarios y, según él mismo reconoce, "no es un episodio del que me sienta muy orgulloso".
En los últimos días, y ante el imparable ascenso en su popularidad, la prensa y los círculos conservadores se han lanzado en una cruzada para desprestigiar a Clegg. De este modo, cada vez son más las voces que le echan en cara sus discursos europeístas y que buscan despertar el tradicional escepticismo de los británicos en torno a este asunto. Además, periódicos como
The Sun,
Daily Telegraph o
Daily Mail han aireado con saña supuestos pagos extraoficiales de donantes particulares a sus cuentas personales.
Gracias a sus raíces multinacionales, Clegg habla con fluidez
cinco idiomas: inglés, neerlandés, francés, alemán y español. Entre sus aficiones se encuentran el esquí, la meditación, el teatro, el jamón serrano y llevar él mismo a sus hijos al colegio y al parque.
Asimismo, a lo largo de su carrera son muchos los ejemplos de la dedicación del líder liberal a las causas medioambientales como la lucha contra la tala ilegal o la experimentación de cosméticos en animales, una concienciación que tiene fiel reflejo en sus propuestas políticas.
¿Sueño de una noche de primavera?Sin restar valor a lo logrado en el primer debate, los analistas creen que el éxito de Clegg será efímero. El complicado sistema electoral británico podría perjudicar a los liberal demócratas y, a pesar de lograr un gran número de votos en las urnas el próximo 6 de mayo, puede que estos no se vean refrendados en la cantidad de escaños obtenidos en el Parlamento.
Si bien es cierto que el fuerte de Clegg son los temas de política interior, ámbito sobre el que giraba el primer cara a cara electoral, lo cierto es que el líder liberal ganó el debate más por demérito de sus dos contrincantes que por méritos propios. Mientras Cameron y Gordon se enfrascaban en sus discusiones dejando al líder liberal de lado y lanzándole esporádicas alabanzas, quién sabe si con la vista puesta en
futuras coaliciones (algunos analistas sitúan al líder liberal como un posible secretario de Interior en un Gobierno compartido), Clegg, sabedor de que tenía mucho menos que perder que sus rivales, se centró en responder al ciudadano, en convencer al electorado.
Una vez logrado el efecto sorpresa, los liberales se han frotado las manos y recogen los réditos obtenidos, aunque saben que, tanto ‘tories’ como laboristas, ya están sobre aviso para el último envite del 29 de abril. Michael Gove, peso pesado del Partido Conservador, manifestaba esta semana que "Clegg se beneficia de ser el nuevo chico del barrio y de que la novedad genera curiosidad". Cabe resaltar que el candidato liberal ha logrado el segundo puesto entre los índices de popularidad más altos jamás registrados por un político británico, sólo superado por Winston Churchill.

El hecho de que los dos grandes partidos se hayan alternado en el poder desde la II Guerra Mundial ha provocado que el electorado se canse de este turnismo
de facto y vea con buenos ojos las propuestas del
‘Obama británico’, apelativo que se le ha otorgado a Clegg por su conexión con la gente joven (el 44 por ciento de los votantes entre 18 y 24 años se decanta por él) y su espíritu fresco y renovador. "Que nadie os diga que la única opción son las antiguas políticas porque nosotros podemos hacer algo diferente esta vez", señalaba Clegg en un mitin reciente.
El LDP se fundó a finales de los 80 aglutinando a los ‘whigs’ (liberales tradicionales) y a los socialdemócratas. A pesar de que su discurrir político en las últimas dos décadas ha sido discreto, se ha logrado posicionar como tercera fuerza del país copando importantes alcaldías y cuenta con un bastión en los condados del suroeste. En las últimas elecciones generales celebradas en 2005, obtuvieron el 23 ciento de los votos y 63 diputados.
Manifiesto europeístaDesde que alcanzó el liderazgo liberal hace poco más de dos años, Clegg ha priorizado el darle un nuevo aire a su partido sin perder sus principios fundacionales. Tras más de tres lustros sin apenas éxitos políticos de relevancia, los liberal demócratas se escoraron hacia el centro desde la izquierda moderada para acoger al descontento electorado de las dos grandes formaciones.
Desde un primer momento, la estrategia de Clegg ha sido la de presentarse como una alternativa creíble y sincera a los dos partidos tradicionales. Si bien es cierto que los liberales no han cerrado las puertas a un Gobierno en coalición, ni con laborales ni con conservadores, su discurso apunta a intentar entrar en Downing Street y, de este modo, "equilibrar el país".
Su
programa político para estas elecciones recoge cuatro grandes frentes socioeconómicos:
reajustar la política fiscal para retribuir al ciudadano, una
reforma educativa, promocionar un Reino Unido más respetuoso con el
medio ambiente y que ello revierta en la creación de empleos y
hacer más transparentes las instituciones públicas para terminar con la imagen negativa que la ciudadanía tiene de sus políticos tras los últimos escándalos.
Chris Huhne, antiguo rival de Clegg por el liderazgo del partido, es el encargado de los asuntos de política nacional. En este ámbito, el programa liberal pretende aumentar el número de policías, amnistiar y regularizar a los inmigrantes ilegales que lleven más de diez años en el país, dotar de mayor protagonismo a los gobiernos locales, despenalizar el consumo de las denominadas 'drogas blandas' y atajar el problema del desempleo que registra 2,5 millones de parados, la cifra más alta desde 1994.
Por otro lado, en materia de educación, los liberal demócratas han proyectado un ambicioso plan de reforma que incluye reducir el número de alumnos por clase y recortar gastos. Asimismo, Clegg ya ha asegurado que, de llegar al poder, reformará el sistema electoral, ya que al actual lo califica como "de locura".
Al frente de su equipo económico, Clegg ha puesto a uno de sus hombres fuertes, Vincent Cable. Su proyecto para los próximos años pasa por
renovar el sistema financiero para no depender tanto de los bancos, aumentar las pensiones y eliminar el IRPF a las rentas más bajas. Además, proyecta recortar el gasto público en 18.000 millones de euros y quiere imponer un impuesto verde para la contaminación y promover los empleos ecológicos.
Quizás, su propuesta más ambiciosa, en la que se nota su pasado comunitario, sea la de organizar una consulta popular a largo plazo para
adoptar el euro como moneda. Clegg quiere reforzar la presencia del Reino Unido en Bruselas a costa de distanciarse de Washington, tradicional aliado de Londres. En este sentido, fuentes del partido calificaban la relación entre Reino Unido y Estados Unidos como una "devoción esclavizante que produce vergüenza". El más que probable giro hacia el aislacionismo proyectado por Cameron choca frontalmente con las aspiraciones del LPD. Clegg defiende que Londres no puede afrontar por su cuenta problemas de índole transnacional como la inmigración, el terrorismo o la crisis financiera.
Otro de los puntos polémicos del manifiesto liberal es el del programa nuclear. De establecerse en el número 10 de Downing Street, Clegg ya ha reconocido que no renovará el plan de disuasión nuclear del país con el objetivo de ahorrar 90.000 millones de euros, medida apoyada esta misma semana por algunos altos mandos del Ejército. Además, aboga por una lenta pero progresiva
retirada de Afganistán y el incremento de los salarios de la tropa en detrimento de los oficiales.
¿Una vallisoletana en el 10 de Downing Street?El detalle que hace estas elecciones más interesantes es el que los tabloides han coincidido en llamar "The wife´s battle" ('La batalla de las mujeres'). Mientras Sarah Brown y Samantha Cameron, respectivas cónyuges de los líderes laborista y 'tory', están más acostumbradas a acaparar titulares,
Miriam González, la mujer de Clegg, vallisoletana de nacimiento, es nueva en esta clase de cuadriláteros.

Hija de José Antonio González, ex alcalde de la localidad de Olmedo y senador de UCD fallecido en 1996 en accidente de tráfico, Miriam, de 41 años, es una
abogada de éxito en el prestigioso bufete DLA Piper que ha sabido granjearse una buena fama en su país adoptivo. De ella se dice que es una mujer trabajadora, discreta, elegante, amante de la música (toca el piano con soltura), la lectura y con una gran afición por la política.
Nick y Miriam se conocieron en la Escuela Europea de Brujas (Bélgica) en la que ambos cursaron estudios de postgrado. Mientras la española hacía de 'Celestina' para una amiga que andaba tras el atractivo chico inglés, fue precisamente Miriam la que se enamoró de él. Se casaron en 2000 y tienen tres hijos:
Antonio, de siete años,
Alberto, de cuatro, y
Miguel, de uno.
Antes de llegar a Londres, Miriam ya se había fogueado en Bruselas. Tras terminar sus estudios, entró a formar parte del equipo de Chris Patten, por entonces comisario de Relaciones Exteriores de la UE. Este puesto le permitió familiarizarse con los entresijos comunitarios y viajar a Oriente Medio e Iraq en misiones diplomáticas. Tras un breve paso por el
Foreign Office británico, González se asentó en Londres con vistas a formar una familia y pasó a trabajar para DLA Piper asesorando a empresas en materia de derecho comunitario.
El matrimonio Clegg-González aún no ha sido carne de cañón para los temidos diarios sensacionalistas. La única polémica en la que se ha visto inmersa la pareja fue en 2008, cuando, en una entrevista, Nick admitió haberse acostado con "no más de 30 mujeres" a lo largo de su vida. Algunos sectores criticaron estas declaraciones, que fueron rápidamente desdramatizadas por Miriam que las calificó de "sacadas de contexto".
De creencias católicas muy arraigadas, 'la primera dama' liberal no ha renunciado a su apellido de soltera como es costumbre en el Reino Unido, ha logrado que sus tres hijos lleven nombres españoles y que estos reciban una educación religiosa a pesar del confeso ateísmo de su marido.
Debido a que
no posee la nacionalidad británica, González no podrá ayudar con su voto a aupar a su marido al número 10 de Downing Street. Aún así, ya ha declarado que le apoyará en todo lo que le sea posible sin que ello altere su vida familiar y profesional. "No tengo, al igual que la mayoría de los británicos, un trabajo que me permita ausentarme durante cinco semanas", ha señalado González en clara alusión a Samantha Cameron, que sí ha aparcado su vida laboral durante la campaña electoral.
El número 10 de Downing StreetLa cuenta atrásEl asalto final se producirá el próximo 29 de mayo en el debate económico de Birmingham. Para entonces, las encuestas señalan que hasta 6 millones de británicos seguirán indecisos y que, de ellos, el 42 por ciento considera los debates televisivos determinantes a la hora de elegir a uno u otro candidato.
Tras el primer debate de Manchester, en el que Clegg salió como claro ganador, los conservadores se situaban en cabeza de los pronósticos con el 32 por ciento de los votos, seguidos de cerca por los liberales con un 31 y con los laboristas cediendo terreno con un 27. El debate de este pasado jueves en Bristol no ha hecho sino reforzar la candidatura del LPD situándole como un serio aspirante para el próximo día 6. A pesar de ello, Cameron ganaría los comicios con el 34 por ciento, Clegg obtendría el 32 y el actual primer ministro dejaría su cargo con un insuficiente 28 por ciento.
El LPD debe jugar bien sus cartas. Movilizar al electorado joven, quizás el sector más descontento con la política nacional, e infundir esperanzas en aquellos escépticos que creen en la inutilidad del voto liberal son las dos grandes claves que apuntan los expertos para que Clegg cuente con alguna posibilidad para llegar a ser primer ministro el 6 de mayo. "No dejen que les digan que esta vez no será diferente porque puede serlo", no se cansa de repetir el líder liberal.
Lo que sí es cierto es que estos comicios ya han supuesto un antes y un después en la vida del perseverante chico de Chalfont St. Giles. Aunque no consiga la victoria electoral, algo probable, Clegg se habrá situado a sí mismo y a su partido en el escenario político del Reino Unido a base de esperanza y promesas de renovación y eso, teniendo en cuenta los tiempos que corren, ya quiere decir algo, algo muy positivo.