Zapatero como hombre de Estado
jueves 22 de abril de 2010, 02:37h
La autocrítica no suele ser habitual entre los miembros de la clase política española. Precisamente por eso, llamaba poderosa y venturosamente la atención la intervención de José Luis Rodríguez Zapatero durante la sesión de control al Gobierno en sede parlamentaria. Es, desde luego, el lugar más adecuado para reivindicar la “plena legitimidad” de los magistrados del Tribunal Constitucional, a la vez que defender su gestión. Y lo es también para entonar un mea culpa a la hora de reconocer que los únicos responsables de que haya magistrados cuyo mandato ha expirado son “ellos”, los políticos, y no los propios magistrados, que bastante tienen con lo que tienen.
José Luis Rodríguez Zapatero ha estado a la altura de lo que requerían las circunstancias y es deber de elemental objetividad e imparcialidad reconocerlo. Y alegrarnos por ello. Este periódico no tiene más clientela que sus lectores, otro interés que el de los ciudadanos ni más preferencias, por tanto, que el buen funcionamiento del sistema. Hay, pues, que felicitarse de que el señor Zapatero haya reaccionado como un hombre de Estado. Porque, ante las intolerables presiones que el TC está siendo sometido, urgía que el Legislativo y el Ejecutivo se pronunciasen con la contundencia que la ocasión merecía. Es lo menos que se le puede pedir al máximo representante público; que defienda a las instituciones del Estado ante los ataques que éstas puedan sufrir.
Dicho lo cual, e insistiendo en que es digna de mención su actuación de ayer, bien podía haberlo hecho un poco antes. Más concretamente, en el momento en que el Estatut empezó a pergeñarse, yendo de la mano –en un tema de Estado tan sensible- de su socio constituyente principal y natural, el PP, en lugar de embarcarse en oscuras aventuras con las formaciones nacionalistas. O hace pocas fechas, cuando sus propios compañeros de partido en Cataluña empezaron a revolverse contra el Tribunal Constitucional. En estos momentos en que de forma disparatada parece haberse abierto la veda contra las instituciones del Estado, ojalá el señor Zapatero persista en la senda de la sensatez por la que ayer se condujo y que le vienen reclamando no pocos militantes de su propio partido.