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“Cracovia, 18 de abril”

Álvaro Ballesteros
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
jueves 22 de abril de 2010, 21:23h
“En estrategia, es importante ver las cosas cercanas como si estuviesen lejos, y ver aquellas lejanas como si estuviesen cerca”.

Miyamoto Musashi (teórico militar japonés del siglo XVII)

Escribía Izabela Barlinska en El Imparcial hace unas semanas, en referencia a la pobre articulación de una política energética paneuropea, que en Europa central y suroriental “los intereses económicos de cada uno de los países miembros de la UE tienen mas importancia que una política de seguridad energética común”. Esta afirmación, absolutamente certera, tiene su traslación a la mayoría de los campos en los que la eufemísticamente llamada “acción común” de la UE hace tiempo que deja mucho que desear.

Aunque a la mayoría de los ciudadanos españoles les parezca que lo del tema del funeral del fallecido Presidente polaco Lech Kaczynski era algo sin importancia, lo cierto es que la ocasión ha vuelto a mostrar a las claras la volatilidad de la política exterior “unificada” de la UE, y más aun que la Europa Unida sigue divida entre Oeste y Este tan claramente como en el pasado.

Para los polacos, pueblo maltratado y sensible donde los haya, la pérdida de su Presidente y de gran parte de la cúpula institucional del país, en un episodio precisamente vinculado con la masacre de Katyn, ha tenido y tendrá consecuencias sin precedentes. En sus ojos, la respuesta de sus aliados ante semejante tragedia nacional ha sido medida al milímetro: presencias y ausencias serán recordadas siempre en el imaginario colectivo polaco; y de un modo que aun es difícil calibrar en este momento.

Si bien el shock inicial tras la tragedia de Smolensko motivó que 98 delegaciones estatales del más alto nivel confirmasen su asistencia al funeral de Estado del 18 de abril en Cracovia, lo cierto es que la erupción del impronunciable volcán Eyjafjallajökull en Islandia ha servido de excusa (im)perfecta para intentar justificar ausencias tan sonoras como injustificables.

Es cierto que se bloquearon parcialmente las comunicaciones por aire y que se cerraron espacios aéreos esenciales, pero también es cierto que múltiples otras rutas aéreas seguían perfectamente abiertas, y no lo es menos que helicópteros, coches, trenes y autobuses siguieron operando sin problemas. No deja de ser llamativo el constatar que los obstáculos para coger un avión que dejaron en casa a los líderes de Occidente no impidieron a los dirigentes de la Europa del Este estar presentes en Cracovia, junto al pueblo polaco, en un momento tan importante de sufrimiento nacional compartido. Un momento que marca un antes y un después en la historia común del Este de Europa, aunque en Occidente sea tan difícil comprenderlo.

El Presidente esloveno, Danilo Turk, viajó más de 800 kilómetros en coche para estar en la cita histórica de Cracovia con los líderes y el pueblo de Polonia. El Presidente rumano, Traian Basescu, voló en helicóptero desde Bucarest hasta el noroeste de Rumania para luego seguir en coche hasta Cracovia, a través de Hungría y Eslovaquia. El Primer Ministro de Estonia, Andrus Ansip, condujo ni más ni menos que 18 horas seguidas para estar a tiempo con los polacos en la despedida de su Jefe de Estado; y el Presidente checo, Vaclav Claus, hizo lo propio trasladándose en coche y luego en tren hasta Cracovia.

Estos son solo algunos ejemplos de la respuesta y la movilización en Europa del Este, donde las realidades políticas y el sentimiento de duelo polaco se entienden mucho mejor que en Occidente. El propio Presidente ruso, Dimitri Medvedev no dudó en plantarse en avión en Polonia para asistir al funeral del día 18, poniendo así el broche de oro a una actuación política rusa, bajo la batuta del avispado Premier Putin, que desde el primer momento de la tragedia de Smolensko no podía haber sido más correcta, acertada y exitosa.

Frente a esta respuesta en el Este, los aliados occidentales de Polonia, los de la UE y la OTAN, han respondido de modo penoso; con británicos, franceses y alemanes cancelando su asistencia por la excusa del volcán islandés, como si fuese tan difícil para Merkel y Sarkozy conducir o volar en helicóptero hasta Cracovia. Pero sin duda, la ausencia más llamativa ha sido la de un Presidente Obama que canceló su vuelo a Polonia y decidió irse a jugar al golf: algo que sin duda los polacos entenderán difícilmente. En España, si bien tanto Sus Majestades los Reyes como el Presidente del Gobierno anunciaron en un primer momento su asistencia (algo en cierto modo redundante), al final ambas delegaciones cancelaron el viaje por el cierre de las rutas aéreas en el norte de Europa. Ausencias todas ellas difíciles de entender y justificar cuando hay tantos medios y posibilidades alternativas.

Hay aun observadores cortos de entendederas que dirán que “total, para un radical como el tal Kaczynski, ¿qué más da?”. Una afirmación en la mente y en la boca de aquellos irresponsables que aplaudieron a Zapatero cuando se quedó sentado ante el paso de la bandera estadounidense en aquel infame momento que Washington nunca olvidará, aunque los norteamericanos hagan como si no fuese con ellos.

Pero lo únicamente cierto es que los representantes institucionales de Occidente, sobre todo los europeos, tendrían que haber hecho lo imposible para demostrar a los europeos del Este que estamos de verdad juntos en las catástrofes que nos afectan, pues ello (por mucho que a tantos les cueste entenderlo) puede servir para construir nexos de futuro mucho más fuertes que unas instituciones europeas que el público común en la calle ni entiende ni siente cercanas.

El brillante Vladimir Putin ha sabido aprovechar la tragedia de Smolensko para darle la vuelta a la tortilla de la Historia, y por ello ha vuelto a ganarle otra partida de póker clave a Occidente. Los “europeos”, tras años de llenarse la boca y poco más, siguen sin entender que los fondos comunitarios no compran los corazones de la gente y, más aun, que los momentos de valor sentimental como el funeral de Cracovia tienen una valía en el imaginario colectivo de los europeos del Este que no es fácilmente medible, pero que es altísima.

El Presidente de turno de la UE no pudo ni hacer el esfuerzo que otros sí supieron hacer para estar presentes en Cracovia. Eso es lo que queda en el imaginario colectivo de muchos.

Recuerden las palabras de Miyamoto Musashi y no se olviden de lo que les cuento hoy; un día, no muy lejano, cuando nos enfrentemos a otra crisis europea común, los polacos y sus vecinos del Este recordarán nítidamente quién estuvo en Cracovia el 18 de abril y quién no. La Historia da unos giros del todo inverosímiles. Los rusos estaban; americanos y “europeos”, no.

Álvaro Ballesteros

Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior

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