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Berlusconi y Fini : ¿divorcio a la italiana?

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 25 de abril de 2010, 14:53h
Ante las caras sorprendidas de los 477 delegados del comité de dirección del Pueblo de la Libertad, Silvio Berlusconi y Gianfranco Fini se han enfrentado públicamente, escenificando su ruptura, un nuevo psicodrama a la italiana. Delante de las cámaras, los dos líderes se han desafiado, lanzándose críticas, reproches y golpes bajos, manifestando abiertamente la separación dentro del bloque de gobierno. Cada uno con su estilo: Fini, reflexivo y directo, Berlusconi, agresivo e inconsistente, como pocas veces. Y, ¿ahora? ¿Será un divorcio a la italiana?

Por su parte, Fini atacó a Berlusconi con tanta energía y argumentos de provocar la envidia de la izquierda italiana y postulándose como posible “jefe de la oposición” (sobre todo considerando la actual inconsistencia de quien debería constituir la alternativa al berlusconismo). El presidente de la Cámara ofreció un discurso linear y equilibrado, exigiendo “más democracia interna” y arremetiendo contra el “centralismo carismático” de Berlusconi. Por primera vez, hemos asistido a una toma de conciencia, al cuestionamiento de la inactividad gubernamental y la preocupación para el futuro. Justamente, Fini se hizo eco de las preguntas de Giovanni Sartori sobre cuánto nos costaría la fiscalidad federal impuesta por la Lega; luego ironizó sobre la reforma de la justicia y la legalidad, abogando por la tesis que repetimos desde hace dos años: Italia necesita una reforma de la Justicia que no garantice más impunidad sino abogue por una mayor eficacia y efectividad. Luego, pasó a atacar la línea del Gobierno en materia migratoria y el caos de las listas regionales. Verdades como puños, acompañadas por dedos acusatorios. Una asunción de responsabilidad y la demostración de no sufrir la sujeción al Rey Sol, contestando públicamente su figura y criticando su acción política.

Por su parte, la defensa del cavaliere se basó sobre el cálculo y la conveniencia política del gesto de Fini, incapaz de contraatacar con argumentos sólidos a tales acusaciones. El nervosismo de su cara traicionaba la irritación del momento. Por primera vez, su leadership se ponía en discusión y alguien osaba desafiarle.

En el Auditorium de la Conciliación (¡vaya!, el nombre parece irónico), hemos asistido a una teatral puesta escena de un delito de Iulia miestatis: el cuestionamiento del líder máximo en una imagen vagamente parecida al cuadro de Goya “duelo a garrotazos”. Amenazas veladas, reproches manifiestos, acusaciones y rencores personales, se pasó de la dialéctica al insulto. De esa forma, emergen dos posturas inconciliables, prorrumpe la imposibilidad de crear un “gran partido de derecha”, el contrasto entre el pueblo de la libertad y el totalitarismo de su líder: el fin del sueño de una constituir una derecha europea, moderna. De momento, de “la casa de la libertad” quedan los escombros.

Y, pues, ¿ahora? El gesto de “autonomía” de Fini representa una peligrosa ruptura dentro de la coalición de Gobierno y obliga la derecha italiana a replantearse su línea política. La diarquía Bossi-Berlusconi ha sido cuestionada por Fini, que no acepta ser relegado a un papel menor ni la soberanía indiscutida del cavaliere. La cohabitación entre las dos figuras políticas parece difícil y delicada, ya que nos encontramos frente a una ruptura que abre un conflicto institucional. Ha sido una ruptura anunciada, pospuesta y exasperada. El camino por las reformas (prometidas y nunca actuadas por el Gobierno) se presenta aún más difícil, ya que los parlamentarios de Fini podrán bloquearlas en el Senado. Por su parte, Berlusconi “purgará” a los seguidores de Fini que ocupan cargos de responsabilidad.

¿Elecciones anticipadas? Este parece el escenario más probable y probablemente deseable. Sin embargo, ambos bloqueos se presentan. Como ya hemos subrayado, la derecha vive una etapa de “guerra intestinas” para hacerse con el poder, mientras la Lega sigue aumentando su protagonismo político. Y, ¿la izquierda? El Partido Democrático sigue mostrándose frágil e incapaz de postularse como alternativa política creíble al berlusconismo. La falta de liderazgo y de un programa político reconocible preocupa (y mucho) a unos desorientados electores Ya, ¿un líder carismático? Pues, a “unos tanto y otros tan poco”. Sin embargo, los intereses nacionales deberían ser puestos antes de todo y, frente a una grave crisis económica como la que vivimos, el país necesita un Gobierno sólido y fuerte. ¿Cuándo asistiremos a una asunción de responsabilidad por parte de la clase política italiana? Nos quedamos a la espera.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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