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Las víctimas del gobierno mexicano

Juan Federico Arriola
domingo 25 de abril de 2010, 14:59h
El gobierno mexicano presidido por el jurista Felipe Calderón ha olvidado a muchas víctimas caídas en los últimos 41 meses que lleva de duración.

En una alocución muy poco afortunada, hace unos días, Calderón dijo públicamente que las víctimas inocentes son las menos -lo dijo en términos numéricos no en calidad- en la lucha contra la delincuencia organizada- y gente de su propio partido el Acción Nacional reaccionó. Las críticas llegaron por todos lados.

En realidad Calderón se refirió a las víctimas inocente muertas de manera violenta entre tiroteos de bandas de criminales o también entre criminales y policías y militares. Lo que olvida el jefe del gobierno mexicano, es que han muerto miles de personas más por secuestros, ejecuciones, desapariciones forzadas, etcétera. Esas víctimas parecen no importar.

Las mujeres muertas en Ciudad Juárez no están en el discurso del Ejecutivo Federal, y tampoco los periodistas sacrificados ni los empresarios secuestrados o los jóvenes ejectuados mientras departen en una fiesta. ¡Qué desastre!

La promesa de Calderón de que México recuperaría los espacios públicos para todos los gobernados, -incluidos también extranjeros residentes y turistas- para quitárselo a los delincuentes se ha evaporado. Por doquier hay metralla: Acapulco, Tijuana, Torreón, Monterrey, Tampíco, Reynosa, Morelia, Tepic, Culiacán, Mazatlán, Hermosillo, Durango, Cuernavaca, etc.


La Ciudad de México que ha tenido fama durante mucho tiempo de inseguridad pública es hoy por hoy mucho menos insegura que más de una treintena de ciudades del país.

Sólo el viernes 23 de abril fueron ejecutados seis policías federales y una policía municipal de Ciudad Juárez, que es el municipio más custodiado de México.

Y mientras mi compatriota José Emilio Pacheco recibía en Alcalá de Henares el Premio Cervantes, -muy merecido por cierto- un diplomático mexicano con tareas de inteligencia policíaca fue herido de gravedad en San Salvador y asesinada su esposa en una calle muy transitada de la capital salvadoreña. Esto indica al parecer que la ejecución está ligada a uno de los carteles del narcotráfico que extiende sus alas hacia Centroamérica.

Felipe Calderón ha olvidado a muchas víctimas y su percepción desde el palacio de gobierno está tan equivocada como los números oficiales de desempleados, que son muchos más de los que reconoce la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

La demagogia es mentira y la mentira oficial no es mas que un síntoma de desesperación. El gobierno mexicano ya no sabe contener la oleada de violencia. Calderón agitó el panal y salen abejas por todos los sitios.

Estamos cercados. Los comerciantes de las ciudades más vulnerables han cerrado sus negocios, familias enteras mal venden sus propiedades y emigran, hay periodistas que callan ante el temor de señalar algún vínculo entre autoridades locales y narcotraficantes.

Los ciudadanos mexicanos enfrentamos una crisis ética peculiar. Una crisis que se generó en gobiernos priistas.

Los críticos de los gobiernos de Fox y Calderón tienen razón en lo que han externado sobre imprudencia e inexperiencia de gobierno. Pero son los mismos que avalan el regreso de gobiernos priistas, profundamente corruptos y tambíén ineficientes para generar algo tan importante como es el bien común, hoy tan lejano de las mentes ciudadanas mexicanas.


Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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