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El nacionalismo español a estudio

José Manuel Cuenca Toribio
viernes 30 de abril de 2010, 19:31h
Según noticias que circulan por los clánicos círculos de la historiografía contemporaneísta son dos actualmente los proyectos de mayor velamen ya en fárfara acerca del análisis del nacionalismo español. Uno de ellos es el acometido bajo la prestigiosa insignia de la Fundación Ortega y Gasset y otro pilotado por las Universidades catalanas en estrecha relación con otras de todo el país. Más que en fárfara, parece ser que alguno de ellos –el primero- está encetado y se encuentra a punto de aproar a su desembocadura, al paso que el liderado por la Universidad Autónoma de la Ciudad Condal –el destacado profesor Pere Gabriel como principal responsable- se encuentra quizá algo más rezagado. Sin embargo, es este el que, prima facie, descubre quizá un carácter más sugestivo y novedoso.

El siempre anémico nacionalismo español ofrece desde sus inicios todas las trazas de ser, como a mediados de la centuria dijera Mao Zedong del imperialismo norteamericano, un tigre de papel, construido o inventado por sus adversarios a manera de indispensable sparring. Los acreditados investigadores de la mencionada Fundación madrileña prestarán, sin duda, un descollante servicio a la historiografía de la contemporaneidad hispana y aun a la misma sociedad española con su detallado y buido desvenamiento, que tantos tópicos y ranciedades jubilará seguramente. Su aportación será de este modo harto notable al analizar desde todos los ángulos de las disciplinas sociales un tema urgido de revisión y claridad. El proceso social de nacionalización, con especial interés por su cultura simbólica, recibirá de la mano de los sobresalientes estudiosos que se dan cita en el proyecto susomentado el avance definitivo para llegar a la completa descripción y anatomía del fenómeno “españolista”.

Empero, tras subrayar el alto mérito de dicha empresa, habrá de convenirse que es probable que una vez arribada a buen puerto, la tarea abanderada desde el Principado depare resultados e información quizá más innovadores por la peculiar trascendencia de la citada labor. El nacionalismo catalán de porte clásico, esto es, el burgués y tradicional de la Lliga y Convergencia quedará desplazado de su óptica, centrada en el de las clases populares, clientela y masa de maniobra del anarcosindicalismo y, de manera muy singular, del republicanismo de opción lerrouxista. En afección y sentir “españolistas”, el nacionalismo elaborado en el seno de las organizaciones obreras y populares de la región en todos los planos más avanzada del país en nada cedía al “meseteño” y centralista “castellano”. No obstante, la superior modernidad del tejido económico, social y político catalán habría de reflejarse casi a fortiori en una concepción más progresiva y actual de la nation-building, canal e instrumento al mismo tiempo de una comunidad civil más democrática. El cotejo con el ideario nacional prevalente en otros núcleos industriales como los de Euskadi o Asturias estará sin duda contemplado en la realización de tan sugestivo trabajo, mostrándose esa obligada comparación como un elemento muy iluminador de su parcela sustantiva.

En la hora en que en la Gran Bretaña surgida de las elecciones del 6 de mayo el tema del nacionalismo se perfila con caracteres muy peraltados en el diseño de un nuevo mapa administrativo y constitucional de la nación llamada durante siglos “Inglaterra” y en la que en Bélgica, el fantasma de su partición adquiere creciente e irrefrenablemente visos de mayor realidad, una investigación de alto gálibo como la emprendida desde las dos grandes capitales españolas acerca de dos variantes esenciales del complejo hecho del nacionalismo cabe considerarla, por encima de rifirrafes más o menos coyunturales, como de interés preferente para la convivencia.
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