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La crisis Colombia-Ecuador en la XX Cumbre del Grupo de Río

Lucía Nieto
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lnietoelimparciales/7/1/7/19
domingo 09 de marzo de 2008, 21:23h
En Santo Domingo, República Dominicana, el Grupo de Río, mecanismo permanente de consulta y concertación política de América Latina y el Caribe, ha celebrado su XX Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno en medio de un ambiente enrarecido y no esperado, la crisis de las relaciones bilaterales entre Colombia y Ecuador, generada por la muerte del cabecilla de las FARC Raúl Reyes, y en la que han tomado también partido Venezuela y Nicaragua.


El origen de la iniciativa de creación de este Grupo de Río se da hacia 1983 como mecanismo de acción conjunta para promover la paz y mediar en los conflictos en El Salvador, Nicaragua y Guatemala que amenazaban con desestabilizar toda la región. En su vigésima reunión, planeada con el objeto de discutir tres temas: Energía, Desastres Naturales y Desarrollo, se exige a este foro de jefes de Estado y de Gobierno volver a mirar hacia los principios y el objeto de su creación y, lamentablemente por estar nuevamente ante una crisis que amenaza con seguir a más y desestabilizar la región, esta vez más al sur, en el corazón de Los Andes, servir de escenario de encuentro de los presidentes de Colombia y Ecuador, de manera que facilite que ventilen la situación y expongan sus argumentos y, a la vez, permita a sus pares ejercer de mediadores proponiendo alternativas para una potencial salida.


Comenzó así esta cumbre con una tensa expectativa y, en efecto, la crisis Colombia-Ecuador ha sido su único tema, dada la regionalización del problema, la afectación directa de unos países y la amenaza de la paz de la región. En el desarrollo de la reunión se ha dado la ocasión de que tanto Uribe como Correa, con altura y respeto, se expresen las inconformidades y los agravios mutuos. Destaca el valor para hacerlo en ese escenario ante los otros presidentes latinoamericanos. Los gobernantes reunidos han invocado acertadamente los principios fundamentales del orden internacional, de respeto a la soberanía e independencia de los Estados. Fundamental y repetidamente mencionado el artículo 21 de la Carta de la OEA: “El territorio de un Estado es inviolable; no puede ser objeto de ocupación militar ni de otras medidas de fuerza tomadas por otro Estado, directa o indirectamente, cualquiera que fuere el motivo, aun de manera temporal. No se reconocerán las adquisiciones territoriales o las ventajas especiales que se obtengan por la fuerza o por cualquier otro medio de coacción”.


Los participantes evidencian alternativas de solución, dado el reconocimiento del hecho por ambas partes implicadas y la solicitud de disculpas por parte de Colombia de la incursión en el territorio ecuatoriano. Se considera muy importante para facilitar los acercamientos, evitar los agravios personales, que sin ser los referentes son los que más erosionan la confianza y dañan la relación entre pueblos hermanos. Se insiste en la necesidad de superar el uso de los adjetivos ya que son obstáculos para el entendimiento. La actitud de los Presidentes reunidos retoma el principio del Grupo de Río de vocación colectiva de diálogo, de concertación y de convergencia, para exigirse la construcción de una salida a esta situación. Salida que siga la formalidad de la legalidad que ha caracterizado la política internacional latinoamericana, que restablezca las confianzas perdidas entre los países comprometidos en la crisis y que anule la unilateralidad, como una potencial modalidad de actuación a futuro.


Una vez finalizada vemos que, por fortuna, han primado el respeto y la sensatez sobre la subjetividad de las emociones, las acusaciones y los señalamientos y han salido fortalecidas las instituciones, la legalidad y la democracia, se ha reforzado este escenario internacional como “base de una Latinoamérica unida”, han prevalecido las razones de la paz sobre la guerra. El compromiso se ha sellado con un apretón de manos, el Gran Acuerdo de República Dominicana, como ya lo podremos llamar, ha permitido la restauración de la relación entre los dos países, una potencial salida al conflicto con Nicaragua y un acercamiento con Venezuela, confiemos en que se continúe con un diálogo constructivo, de todas maneras es necesario refrendar los hechos no controvertidos y esclarecer los controvertidos, de manera que estos acuerdos se consoliden y que se generen mecanismos que eviten a futuro nuevos enfrentamientos.

Lucía Nieto

Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset

Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.

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