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David Cameron ha ganado en votos y en escaños al premier Gordon Brown

Los conservadores ganan, pero sin mayoría para gobernar

jueves 06 de mayo de 2010, 10:23h
Tras trece años de mandato laborista, el panorama político británico ha dado un giro hacia el centro-derecha. La victoria este jueves de David Cameron, del Partido Conservador, supone el punto y final a las políticas sociales del, hasta hoy, primer ministro Gordon Brown que, no sólo no han logrado convencer al electorado, sino que han terminado por estancar al país social, política y económicamente. A pesar del optimismo que reina en las filas 'tories', lo cierto es que el nuevo Gabinete se enfrenta a un reto enorme y, a priori, crucial a corto y medio plazo. Pero, a pesar, o precisamente gracias a los desafíos que se presentan, Cameron se erige como el hombre adecuado para afrontarlos, el renovado heredero de los preceptos de Margaret Thatcher y John Major, el líder refrescante que buscaban las enmohecidas Cámaras de Westminster.
Ya está, es un hecho: David Cameron se ha convertido, 45 millones de británicos mediante, en el 53º primer ministro británico de la historia reemplazando a uno de sus rivales electorales de este jueves, el laborista Gordon Brown, sin duda el gran derrotado de los comicios y cuya figura queda muy devaluada. El Partido Conservador ha ganado las elecciones con un 36,4 por ciento de los votos y 286 escaños, insuficientes para lograr la mayoría parlamentaria. Por su parte, los laboristas salen del 10 de Downing Street tras obtener un insuficiente y decepcionante 28,8 por ciento, 236 escaños, lo que les sitúa como segunda fuerza en número de apoyos del país.

En tercer lugar se sitúan los liberal-demócratas de Nick Clegg, la sorpresa positiva y renovadora de las elecciones, que han obtenido 51 asientos parlamentarios, un 22,8 por ciento del total. A pesar de ser unos resultados algo más modestos de los augurados en un primero momento, Clegg puede sentirse satisfecho con ellos puesto que le aúpa hasta el tercer lugar del podio político nacional y le da margen de mejora en los próximos años.

A pesar de ello, la victoria de este jueves no pone el punto y final a los comicios. El hecho de que Cameron no haya logrado la mayoría absoluta, a pesar del alto índice de participación, inicia una ronda de tanteos y negociaciones, ofertas y contraofertas, con el objetivo de formar un Gobierno de coalición, algo que no sucede desde 1974 cuando el laborista Harold Wilson ganó las elecciones frente a Edward Heath, lo suficientemente fuerte como para afrontar con garantías la difícil legislatura que se inicia hoy.

La primera opción que tienen los conservadores pasa por llegar a un acuerdo con los liberal-demócratas de Nick Clegg. En el primer debate televisivo, Cameron no se cansó de hacerle guiños con el objetivo de ganarse a su electorado. Lejos de acercar posturas, el primer ministro, con la complicidad de Gordon Brown, dio alas a Clegg convirtiéndole en la gran novedad de la consulta electoral y en un rival más a batir.

A día de hoy, los dos líderes han rehuido hacer público sus intenciones coalicionistas, pero, antes o después, las cartas se tendrán que poner sobre la mesa. Cameron necesita a Clegg para legitimar su elección, debilitar aún más al laborismo y atraer al ciudadano de centro. Clegg necesita a Cameron para seguir creciendo como fuerza política seria, hacerse un hueco en el gabinete entrante, puede que como secretario de Interior, y apropiarse de otros puestos de relevancia. Además, el líder liberal-demócrata ya dijo esta semana pasada que estaría dispuesto a gobernar "con quien sea"

La otra vía con la que cuentan los conservadores, aunque mucho más incierta e inestable, pasa por pactar con los partidos minoritarios y regionalistas. Cameron ya le ha hecho guiños a los unionistas norirlandeses y, tanto galeses como escoceses, ya han mostrado su buena disposición a iniciar una ronda de negociaciones, sabedores de que es su oportunidad de oro para aupar sus propuestas, sobretodo el incremento de nuevas y jugosas partidas presupuestarias, hasta Westminster.

Desde que tomara las riendas del partido hace apenas un lustro, Cameron se ha esforzado en dotar de una imagen más joven y dinámica a unos 'tories' que se habían quedado atrás en la carrera por ganarse el favor de los británicos con propuestas anacrónicas y un discurso aburrido. De este modo, y a pesar de las reticencias de los 'barones' de la formación conservadora, el hoy primer ministro reactivó a las bases incluyendo a mujeres y a descendientes de inmigrantes entre sus listas electorales, desarrolló una política social mucho más centrista que la de sus predecesores y acabó por desempolvarse la añeja herencia de la 'dama de hierro', Margaret Thatcher, y desprendiendo a su formación del incómodo apelativo de 'nasty party' (partido desagradable).

De la fina cuna al cuadrilátero político
David Cameron nació en Londres el 9 de octubre de 1966. Hijo de un pudiente banquero, Ian Donald Cameron, y una juez con antepasados de la realeza, Mary Fleur Mont, el desde hoy primer ministro ha gozado de una educación privilegiada en algunos de los centros más prestigiosos del país. Cursó sus primeros estudios en el elitista Heatherdown Preparatory School, la misma institución por la que pasaron los príncipes Andrés y Eduardo, antes de trasladarse al Eton College, considerado por muchos como el colegio más selectivo del mundo, en el que optó por enfocar sus estudios hacia la Historia, la Política, el Arte y la Economía.

Fue durante la adolescencia que pasó entre los muros de Eton, la cuna de la alta sociedad británica, cuando el joven David empezó a hacer gala de ese carácter indolente, arrogante y un tanto rebelde que le acompaña. En 1983 se vio involucrado en un caso de consumo de marihuana y cocaína, episodio que sus detractores han sacado a relucir en numerosas ocasiones a lo largo de su travesía política pero que al líder 'tory' apenas le supuso una reprimenda y un pequeño castigo disciplinario. A pesar de ello, sus allegados insisten en calificarle como una persona responsable, segura de sí misma, alegre, ambiciosa, muy inteligente, gran aficionada al arte, al tenis y al ciclismo; apasionado seguidor del Aston Villa, familiar y anglicano practicante.

Como es habitual entre los jóvenes británicos, Cameron decidió tomarse un tiempo sabático entre sus estudios de bachillerato y su acceso a la universidad. Esta etapa de su vida, que a la postre sería crucial, la pasó trabajando para el parlamentario conservador Tim Rathbone, considerado por los expertos el culpable de inyectarle el 'gusanillo' político. Además, cuentan que, durante unas vacaciones en Rusia, unos sospechosos individuos se le acercaron para contactar con él e intentar reclutarle para los servicios secretos soviéticos, el temido KGB.

Tras lograr una plaza en el prestigioso Brasenose College de la Universidad de Oxford, el ya primer ministro decidió estudiar Política, Filosofía y Economía, licenciaturas que obtuvo con honores y como primero de su promoción en 1988. Durante su etapa como universitario, Cameron formó parte de varias hermandades entre las que destaca el Bullingdon Club, un exclusivo grupo reservado para los hijos de los poderosos del país y que tiene un largo historial de escándalos y altercados impropios de la educación de sus miembros. En este club fue donde Cameron conoció a uno de sus grandes amigos y aliados políticos, Boris Johnson, actual alcalde londinense.


David Cameron (de pie, 2º por la izquierda) y Boris Johnson (sentado, 1º por la derecha)


El delfín 'tory'
El siguiente lustro, entre 1988 y 1993, Cameron lo invirtió trabajando para su actual formación política como adjunto al Departamento de Investigación. Poco a poco, el hoy líder 'tory' fue escalando puestos en el escalafón conservador: colaboró con el entonces primer ministro John Major como parte de su gabinete parlamentario ayudándole a preparar sus intervenciones televisivas y parlamentarias y fue enrolado como uno de los estrategas de campaña para los comicios de 1992 como asesor económico. Su buen hacer durante esta etapa le fraguó buenos contactos y, gracias a ellos, se hizo un hueco como consejero de Norman Lamont, por entonces canciller de Hacienda.

Fue en 1993 cuando Cameron vivió un punto de inflexión en su meteórica carrera política. Trabajando todavía para Lamont, al actual primer ministro le tocó vivir desde las trincheras el conocido como 'Miércoles negro', un episodio señalado en rojo en la memoria de los británicos debido a la debacle que sufrió la libra. Las posteriores y desacertadas políticas tomadas por su padrino Lamont no influyeron en las firmes aspiraciones de Cameron dentro del partido. Poco después fue reclutado por Michael Howard, secretario de Interior y que, una década más tarde, sería el predecesor de Cameron al frente de los 'tories'.

Mientras compaginaba su puesto de directivo en Carlton Communications, corporación hoy extinta, Cameron fue labrándose un nombre en los círculos del partido como un posible candidato a ocupar la jefatura de la formación. Su bautismo de fuego llegó en 2001, año en el que logró un escaño como diputado por su localidad, Witney. Desde entonces, su ascenso ha sido imparable: en 2003 era miembro activo de la oposición parlamentaria frente al Gobierno de Tony Blair, ese mismo año obtuvo la vicepresidencia del partido y sólo dos años después, en diciembre de 2005, se aupó hasta lo más alto del conservadurismo británico superando con holgura a David Davis y, de este modo, sucediendo en el cargo al inoperante Michael Howard.

Desde su nombramiento como líder de los 'tories', Cameron, un gran orador que realiza sus discursos sin apenas notas previas, ha logrado dar un vuelco al panorama político patrio y ha desbancado a los laboristas como fuerza líder entre el electorado de las islas. Durante estos años, el primer ministro ha hecho firme campaña contra la inclusión del Reino Unido en la eurozona, ha batallado en favor de la reinserción de los delincuentes (lo que le ha valido críticas y mofas de la prensa más afín), se ha negado a apoyar la ley que permitiría adoptar a parejas homosexuales y ha votado en contra de la caza del zorro, una de las aficiones predilectas de la alta sociedad británica.

Sus detractores han intentado erosionar a Dave, tal y como le conoce su círculo de colaboradores más cercano, acusándole de superficial, inexperto, arrogante, retrógrado (Gordon Brown le llegó a calificar como "un político analógico en tiempos digitales") o pretencioso. Además, la prensa liberal le ha echado en cara su inclinación a rodearse de colaboradores salidos de Eton, su antigua escuela. Él se defiende calificándose a sí mismo como un "conservador compasivo y moderno" y seguidor de las consignas más moderadas del 'thatcherismo' llegando a admitir que admiraba la "fuerza de las convicciones" de la antigua primera ministra, aunque esto último lo dijera con la boca pequeña, no fuese a influir negativamente en su campaña electoral. La sombra de la 'dama de hierro' aún sigue siendo muy alargada casi dos décadas después de abandonar el 10 de Downing Street.

David y Samantha Cameron.Cameron está a las puertas de su decimocuarto aniversario de boda. Se casó en junio de 1996 con Samantha Sheffield, una directora creativa de Smythson cuyo padre es Sir y una de las grandes fortunas del país con la que ha tenido tres hijos (esperan el cuarto para septiembre): Ivan, fallecido hace poco más de un año al padecer parálisis cerebral y una rara variedad de epilepsia, Nancy, de seis años, y Arthur Elwen, de cuatro. Cameron fue uno de los primeros políticos británicos de relevancia que optó por acogerse a la baja por paternidad, decisión que tuvo un eco dispar entre la ciudadanía y que causó un gran revuelo entre los círculos políticos de Londres.

Todo un reto político, todo un desafío personal
David Cameron se pone al frente de un proyecto engañoso. El Reino Unido no pasa por sus mejores momentos: la crisis económica ha debilitado la tradicional estabilidad de la libra y su fuerte sistema financiero, el descontento social va en aumento, la inmigración es foco de constantes tensiones, los índices de desempleo son los más altos desde hace tres lustros, los políticos están en el punto de mira tras los recientes escándalos parlamentarios y la aparición de los liberal-demócratas del inconformista Nick Clegg en el juego electoral, terreno vedado históricamente a conservadores y laboristas, no ha hecho sino verter más gasolina en la hoguera política del país.

El programa político de Cameron conjuga proyectos sociales y económicos por igual aunque los más escépticos creen que su política deberá adecuarse a la precaria situación de las arcas del Exchequer (Ministerio de Economía y Hacienda), rebajar el tono mesiánico de algunas de sus propuestas y amoldarse de un modo más realista a las posibilidades con las que cuenta.

Bajo el paraguas de 'Big Society' (Gran sociedad), Cameron ha enmarcado gran parte de sus propuestas sociales para la legislatura que acaba de comenzar. El ya primer ministro pretende dotar de mayor protagonismo a la ciudadanía con una política netamente descentralizadora basándose en la idea de que el país necesita renovarse y que, para ello, qué mejor que involucrar y hacer partícipe al británico de a pie. De este modo, la gente, de llevar a cabo sus promesas, podrá elegir a sus comisarios locales o seleccionar qué tipo de escuela pública quiere para sus hijos (medida que le supuso un revés electoral cuando, en plena campaña, el padre de un niño con minusvalía le criticó ante lo que él creía un proyecto discriminatorio, algo que le afectó de manera especial al haber vivido en sus propias carnes la tragedia de un hijo dependiente). Asimismo, aboga por una reforma del sistema educativo que premie la excelencia académica y sea más exigente con el nivel del profesorado; y un refuerzo de las relaciones con las autoridades norirlandesas.

Buen conocedor del electorado, Cameron ha sabido jugar sus bazas a lo largo de la campaña y se ha ganado el favor de los británicos apelando al descontento masivo de estos con la clase dirigente del país. De este modo, el líder conservador ha prometido reducir su gabinete hasta los 20 miembros para ahorrar costes, un recorte del 10 por ciento en el caso de los diputados, despedir a todo aquel político que incumpla sus responsabilidades y convocar una consulta popular sobre la subida de impuestos locales.

Pero, sin lugar a dudas, el asunto que más preocupa a los británicos es el económico. Tras haber penalizado de manera mortal la política de Gordon Brown en este ámbito -no logró atajar el exponencial incremento del déficit y el desempleo- el ciudadano espera que Cameron insufle aire fresco a las arcas de Westminster y consiga reactivar el sistema financiero nacional. Por lo pronto, los conservadores han prometido un recorte presupuestario de más de 7.000 millones de euros aunque no han querido concretar qué áreas se verán afectadas o qué estrategia de contención económica seguirán.

Cameron quiere eximir del pago de impuestos a los pensionistas, abolir el IRPF a las rentas más bajas, reducir el gasto público y rebajar el coste laboral a los pequeños empresarios bajando la cobertura laboral al tiempo que el Instituto Nacional de Investigaciones Económicas y Sociales (NIESR) recomienda subir los ingresos fiscales hasta en un 26 por ciento. Asimismo, quiere hacer frente a los abusos de la banca imponiendo un impuesto para asegurar que la precaria situación que atraviesan las familias británicas derivada de la crisis financiera no se repita mientras que los expertos vaticinan una más que probable subida del IVA. Y todo ello, mientras hace frente a un agujero de más de 80.000 millones de euros anuales y un déficit fiscal que ronda el 11 por ciento.

David Cameron.Por lo pronto, ya tiene el apoyo del Financial Times, que este martes respaldó su estrategia económica a través de un editorial: "Los conservadores no son perfectos y su euroescepticismo es preocupante, pero, a juzgar por sus planes fiscales, son los más resueltos a reducir el tamaño del Estado, recortar el gasto público y aplicar menos impuestos que sus opositores", apuntaba el prestigioso diario económico.

Un asunto que trae de cabeza a los asesores de Cameron es la política exterior. Reconocido euroescéptico, durante la campaña electoral ha declarado que no se someterá a los designios de Bruselas. De este modo, se prevé que Londres se aleje progresivamente de la línea pro-comunitaria impuesta por Brown.

No hay que olvidar que durante los últimos años, Cameron se alineó con los euroescépticos checos y polacos para plantar cara a la Unión Europea. Compartiendo trinchera con el hoy fallecido Jaroslaw Kazcynski y el presidente Topolanek, el capataz 'tory' fundó el Movimiento Reformista Europeo y, con ello, se escindió de la coalición democristiana a la que había pertenecido su partido hasta 2006.

Por otro lado, es bien sabida la 'rusofobia' de Cameron. Durante la guerra relámpago entre Rusia y Georgia en el verano de 2008, el líder 'tory' hizo público su apoyo a Tbilisi, llegó a entrevistarse con el presidente georgiano, Mijail Saakashvilli, que le solicitó intermediación para acelerar la inclusión del país caucásico en la OTAN, e, incluso, llegó a pedir la exclusión de Moscú del G8 a modo de represalia por la actitud del Kremlin.

Se prevé que esta política de tierra quemada hacia Bruselas y Moscú acerque a Cameron a la Casa Blanca a pesar de que Barack Obama no es su aliado ideológico natural al otro lado del Atlántico.

El equipo de Cameron
Uno de los grandes debates que se plantea ahora es quién pasará a formar parte del gabinete del primer ministro. En el sistema británico, la oposición conforma el llamado 'Gobierno en la sombra' para hacer frente al electo. Hasta hoy, había 32 miembros ‘sombríos’ en el equipo de Cameron, pero éste ya ha avisado de que su futura camarilla sólo contará con 20 personas. De este modo, toca limpia en el bando conservador y puede que le traiga más de un quebradero de cabeza al primer ministro.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Michael Gove, Liam Fox, Jeremy Hunt, Sayeeda Warsi, William Hague, Dominic Grieve, Philip Hammond y Chris Grayling.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Michael Gove, Liam Fox, Jeremy Hunt, Sayeeda Warsi, William Hague, Dominic Grieve, Philip Hammond y Chris Grayling.


Entre su cohorte de Eton, sus bazas electoralistas (mujeres e inmigrantes) y su afán renovador, lo cierto es que David Cameron se enfrenta a un complicado ejercicio de arquitectura política en el que tendrá que poner de manifiesto su mejor 'savoir faire' para no fomentar disensiones en el seno del partido desde el primer día.

En los pasillos de Downing Street ya suenan los nombres de Michael Gove, para la cartera de Educación, Liam Fox, que podría estar al frente de la Secretaría de Defensa; Jeremy Hunt, en la de Cultura y la baronesa Sayeeda Warsi, de raíces paquistaníes, se haría cargo de la parcela de cohesión social.

Más allá de este cuarteto, las cábalas son muy numerosas y del todo inciertas. Otros nombres que suenan con fuerza son los de William Hague, Dominic Grieve, Philip Hammond o Chris Grayling.
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