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¿Cómo desempató Zapatero?

José Luis Sanchís
domingo 09 de marzo de 2008, 22:10h
José Luis Rodríguez Zapatero y el Partido Socialista se encontraban hace pocos días en empate técnico con Mariano Rajoy y el Partido Popular. La precampaña y campaña se han mantenido en la incertidumbre, sin que en ningún momento nadie se atreviera a predecir con mínima seguridad un resultado. El clima previo luminoso y supuestamente favorable a Zapatero en intención de voto y en valoración comparativa con Rajoy se oscureció con los nubarrones de la duda y la inseguridad.
Hay un axioma entre los expertos electorales, que “es el candidato de Gobierno el que pierde las elecciones”. El Partido Popular contaba con 10 millones de votos seguros y optó por una estrategia de fidelización indudable de su electorado y de desgaste de Zapatero. No sólo supusieron los populares una baja participación si lograban debilitar la fidelidad del electorado socialista sino que trataron, a lo que parece, de promover la abstención socialista, con la certidumbre de que la participación de los electores propios estaba asegurada.


José Luis Rodríguez Zapatero y su equipo fueron conscientes de que la “tensión” y dramatización de la campaña iban disminuyendo y que volvían a estar en empate técnico con el Partido Popular en el mejor de los casos. En los últimos días de la campaña invitaron y suplicaron a sus electores que acudieran masivamente a las urnas el día domingo. Y cuando en el primer avance el Ministerio de Interior informó que la participación al mediodía era similar a la de 2004 (una de las participaciones más altas que se han dado en la actual democracia) cualquiera podía suponer que el Partido Socialista ganaría las elecciones.


El atentado de ETA ha motivado una mayor participación de los electores de izquierda y esta puede haber sido la única participación que se habría producido, la de fortalecer la democracia y muy probablemente sellar para siempre en el futuro la unión definitiva de todos contra este residuo anacrónico y absurdo de nuestro pasado.


Si en un momento Mariano Rajoy barajó la posibilidad de suavizar la política popular para competir en el centro electoral con el Partido Socialista, finalmente optó por la línea más radical a la vez que se propuso debilitar la voluntad del electorado socialista y desprestigiar al máximo el gobierno desacertado de Zapatero durante los cuatro años de su mandato.


La desaceleración económica internacional que hizo disminuir el crecimiento en España, aumentar la inflación y subir el paro, además de disparar los precios de la bolsa de la compra dio a Rajoy un arma aparentemente decisiva. Hizo el magnífico fichaje de Manuel Pizarro y la campaña se polarizó en la economía. Como complemento ideal se incluyó la inmigración como agravante irremediable del paro y la disminución de oportunidades de empleo para los “currantes” españoles.


En ese clima caliente de la precampaña se publicaron los resultados de la encuesta del CIS que daban un empate técnico entre populares y socialistas. Rajoy contaba con sus millones de votos garantizados y sólo debía vencer a Zapatero y desanimar a su electorado para desempatar a su favor y ganar las elecciones.


Esto debía lograrse en los dos debates en televisión que habían despertado un enorme interés en los 35 millones de electores con derecho a voto. Y con el aperitivo que iban a ofrecer Manuel Pizarro y Pedro Solbes los números dos de cada uno de los líderes y los gurús de la economía. Lamentablemente ese debate lo ganó Solbes y Mariano Rajoy debía ser el que resolviera personalmente el empate en su enfrentamiento cara a cara con Zapatero.


En el primer debate debía haber noqueado a su contrincante y, no sólo no lo logró, sino que fue él quien perdió el combate. Fue la gran ocasión perdida de la campaña por dos motivos, porque no venció a Zapatero y porque hizo subir los pronósticos de participación, algo lógico si se tiene en cuenta que trece millones y medios de españoles vieron el debate, como promedio.


Quedaba la última oportunidad, la del segundo debate. Zapatero se había preparado muy bien pero cometió un error, atacó innecesariamente a Mariano Rajoy de una forma durísima y, aunque ganó de nuevo el debate, pudo haber provocado un triunfalismo excesivo en sus seguidores y haber tenido como consecuencia fatal el “perder de éxito”. Sus estrategas se dieron cuenta del peligro e iniciaron desesperadamente la motivación de sus electores para que no se abstuvieran el domingo en la votación.


Después del atentado, la respuesta lógica de los españoles, como así lo pidieron todos los políticos de todos los partidos, lo mismo que la hija mayor del asesinado Isaías Carrasco, era la respuesta democrática de la votación popular. También en esto ha tenido suerte José Luis Rodríguez Zapatero, al que Mariano Rajoy deberá felicitar por haber salido de un difícil empate y haber ganado ampliamente las elecciones.

José Luis Sanchís

Consultor político

JOSÉ LUIS SANCHIS es Asesor Empresarial en Imagen y Comunicación, así como Consultor político y Director de Campañas Electorales

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