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A Zapatero le tiembla hasta la raíz del pelo

Alejandra Ruiz-Hermosilla
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ruizhermosillaelimparciales/14/14/26
jueves 06 de mayo de 2010, 01:00h
Las ruedas de prensa posteriores a la reunión entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición han sido la mejor escenificación posible de la situación política y económica que padece España. En primer lugar porque han sido dos y no una y conjunta como estaba previsto. Hasta los atriles han tenido que retirar cuando la evidencia de que Zapatero y Rajoy emiten en frecuencias diferentes era ya imposible de ocultar.

El presidente del Partido Popular ha trasladado la imagen de siempre, la de ese señor de Pontevedra incapaz de enamorar a la novia, pero imbatible a la hora de conquistar a la suegra: no levanta pasiones, pero transmite confianza. La única excentricidad que se ha permitido es la de postularse como alternativa de Gobierno ya, en este momento, de manera anticipada.

Y esta excentricidad en el palacio de La Moncloa explica la clave, que está en la comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero. Más allá de su pose enfadada, de su rostro pálido y ojeroso, de sus movimientos inquietos y de su verbo lento y plagado de vacíos o silencios, el presidente de todos los españoles ha mostrado una inseguridad en sí mismo y en su país tan grande que la Bolsa no ha tardado en derrumbarse. También sucedió en la jornada anterior. Es salir Zapatero en la televisión y hundirse el IBEX.

¿Y por qué le tiemblan las canillas al jefe del Ejecutivo? No es sólo porque la alternativa se ofrezca desde la trinchera del adversario sino porque además, Zapatero tiene que dedicar sus energías a batir al enemigo interno. Ese que ostenta la tercera representación del Estado y que ya fue su rival cuando los dos peleaban por la secretaría general del PSOE. Ganó Zapatero y ahora ha puesto a trabajar a su periódico y a su fiscalía para volver a dejar fuera de juego a José Bono con todo su patrimonio.

No tiembla el presidente del Gobierno por el futuro de España. No. Está convencido de que las cosas de la economía no nos llevan por el camino de Grecia y de que aquí -eso seguro- no va a haber muertos, que para eso ya tiene anestesiados a los sindicatos. El malestar del presidente se debe exclusivamente a los temores que alberga -cada vez más fundados- sobre su futuro político. Tiene pesadillas en las que ve y escucha un debate electoral inminente entre Rajoy y Bono.

Y ese temor de Zapatero nos deja a muchos españoles entre boquiabiertos e indignados, masticando la pregunta de quién se preocupa por nuestra deuda y por nuestro paro galopante. Es evidente que el presidente no va hacer nada más por nosotros de lo que ha venido haciendo hasta ahora, por lo que no llegaremos más allá de donde hemos llegado hasta este momento. Lo que le quita el sueño se escribe en clave electoral y no de servicio público. Así que podemos ya empezar a temblar con nuestro presidente o exigirle que nos convoque a las urnas para decidir entre las alternativas que enroscadas dormían bajo una piedra, pero que asoman ahora con energías renovadas ante la debilidad de la presa.

Alejandra Ruiz-Hermosilla

Periodista

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