Volar excesivamente bajo
jueves 06 de mayo de 2010, 19:53h
El gorrión, con sus alas recortadas, asciende con esfuerzo hasta la copa del chopo o del plátano de Indias, pero su condición no le permite sobrellevar empresas mayores. Como cantara Serrat en homenaje a Antonio Machado, . Tampoco vuela más alto al diminuto colibrí que, con su aleteo al modo y manera del helicóptero, sólo aspira a absorber el polen de las flores. No mejor suerte corren las perdices y codornices, alicortas como el resto de las gallináceas, cuyo esfuerzo se concentra en vuelos cortos y rasantes. O la especie de las agachadas que humillan el pico en los humedales.
El vuelo bajo se ha impuesto en la dirigencia de nuestra sociedad, hasta hace un poco admiradora de águilas, halcones y cigüeñas. La superficialidad , la nimiedad y la mediocridad dominan las ideas se detienen en lo inmediato, a un palmo de las narices. El pensamiento está seco en pertinaz ayuno. Se desliza reptando cansinamente para otear el mañana, pero su somnolencia fatigosa le impide alcanzar el pasado o el otro. El cielo se va haciendo cada vez más gris... como en el cuento de Momo, por más luz que destelle una primavera que ha dejado de oler.
No hay sitio más que para ocurrencias desdentadas, bobadas de almendruco, cánticos a los lugares comunes, confirmaciones de lo obvio, exaltaciones de lo mediocre. El aroma a pescado descongelado al sol se adueña de una sociedad descafeinada temerosa de tener una personalidad propia, o aspiraciones más allá de un pesar o de un sobrellevar.
Domina la inconstancia, la inconsistencia, la huída de cualquier dificultad en esta sociedad quebrada, vencida. Como escribió Víctor Hugo a nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad. Su ausencia conduce a la derrota segura. En cambio, concluye Amado Nervo, la voluntad es el único poder capaz de vencer a la muerte. No es suficiente el puro voluntarismo –que tampoco abunda- sino que se requiere mezclar en la minipimer un algo de genio, una puntita de esfuerzo y diez gramos de ambición. El peligro lo apuntó Serrat en la misma canción: pajarillo pardo, quedó tu nido seco y vacío.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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