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Reino Unido: castigo a los políticos

viernes 07 de mayo de 2010, 11:49h
"Todos pierden", es el veredicto casi unánime de los comentaristas que han cubierto las elecciones en el Reino Unido: los Laboristas porque pierdem más de dos millones de votos en relación a su principal competidor; los Conservadores, porque les van a faltar alrededor de treinta escaños para alcanzar la mayoría absoluta, y los Liberales, aunque tendrán el fiel de la balanza, se han quedado muy por debajo de sus expectativas, perdiendo incluso escaños respecto al anterior Parlamento.

¿Y ahora qué? El resultado de un Parlamento sin que uno de los dos grandes partidos turnantes obtenga la mayoría absoluta nos remonta a una situación similar a la vivida con ocasión de las elecciones de 1974, pero con los colores cambiados porque, entoces, fueron los conservadores de Heath, que gobernaba a la sazón, los mayores perdedores y los laboristas de Harold Wilson, los vencedores pero no lo suficiente. Heath renunció a gobernar y Wilson formó un gabinete con apoyo minoritario por unos meses hasta que disolvió para intentar -y lograr- la mayoría absoluta. Ese escenario, quizá probable, puede volver a repetirse y, en este caso, sería Cameron (y el Partido Conservador) el que terminaría formando gobierno, con o sin los Liberales.

Sin embargo, nada está dicho. La iniciativa constitucional la tiene el actual Primer Ministro Laborista, Gordon Brown que puede intentar coaligarse con los Liberales. Una iniciativa incierta porque, suponiendo que estos aceptaran, lo cual es más que dudoso, exigirían el alto precio de una reforma electoral a un sistema proporcional. Además, los conservadores ya se han puesto la venda antes cde la herida, motejando tal posible salida como: "coalición de perdedores". Y los comentaristas independientes han considerado tal solución como "not cricket"; expresión que viene a decir que sería poco deprotivo. En todo caso,los Liberales van a tener que calcular con mucha finura su movimiento para no verse acusados de maquiavelismo y verse aún más trasquilados en las próximas elecciones.

La situación política, pues, es muy fluida y, dada la delicada posición económica de Inglaterra, desde el punto de vista de los mercados, contribuye a la volatilidad general porque pocos se crerán que, en un escenario tal, se tomen las duras medidas de ajuste que el país requiere. El Reino Unido no está en el Euro y tiene, por tanto, la alternativa de la devaluación: a un costo grande, claro, pero la tiene. Sin embargo, ese no es el caso de la mayoría de los países del Continente. Sobre todo aquellos que, como España, están en graves dificultades sin dar signos de cordura transitando por el camino de las reformas.
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