Entre la voluntad conciliadora y el cálculo de beneficios: Barack Obama en Tierra Santa
viernes 07 de mayo de 2010, 20:24h
A lo largo de los dos últimos fines de semana (24-25 de abril/1-2 de mayo) y en el interregno temporal que los une, la tensión diplomática que viene caracterizando las relaciones entre los gabinetes de Obama y Netanyahu ha sufrido abscesos febriles.
Obama y su secretaria de Estado, están convencidos de que la clave primera y principal de la hostilidad que sienten partidos políticos y asociaciones islámicas en todo el Oriente Próximo contra Estados Unidos, reside en el conflicto que desde 1948 enfrenta a israelíes y palestinos en torno al establecimiento de dos Estados en la ex-provincia otomana de Palestina. Con sus Santos Lugares inclusive.
Nada de extraño tiene que el presidente de Estados Unidos venga encareciendo a su enviado especial en la Zona (George Mitchell) a que despliegue sus mejores oficios cerca de Netanyahu, de Abbou Nawas y del gobierno de Hamas en el territorio de Gaza. ¿Con qué objetivo?. Pues, pura y simplemente, con vistas a desactivar de sus convicciones irredentas a los militantes -y simpatizantes- del partido Likud y sus adláteres ultra-ortodoxos. Así como, también, para seguir de cerca el proceso de ¿deslegitimación? de Hamas, ahora tan enraizado en la capital y aledaños del territorio ocupado de Gaza.
Por otra parte, la buena voluntad de la debilitada Liga de Estados Árabes ha depositado de nuevo un voto de confianza en las declaraciones de los portavoces de Israel, que según algunos observadores, siguen practicado aquello de que “en un sitio pegan el grito, y en otro ponen el huevo”. La reunión que la Liga ha celebrado en El Cairo, ha encargado a Saeb Erekat (negociador palestino de pro) la consolidación de una correa de transmisión con George Mitchell para desactivar las amenazas israelíes que penden sobre el futuro del este de Jerusalén.
En refuerzo de la diplomacia activa al máximo que está desplegando Obama, destacados intelectuales de origen judío, aunque refractarios al sionismo, vienen contrarrestando la presión que están ejerciendo los lobbies judíos de Chicago y Nueva York a favor de la causa de Eretz-Israel. Entre esos intelectuales convencidos y conscientes de que lo que ha de ser deslegitimado es el sionismo rampante, se encuentran Bernard Henri Lévy, Allain Finkielkraut y Daniel Cohn-Bendit. Ninguno de ellos desconocido. Vuelve , en consecuencia, a reeditarse una suerte de “cuestión judía” -ahora titulable, propiamente, arabofobia sistemática por parte del sionismo a ultranza-. Y como en otros capítulos históricos de esta naturaleza, las potencias mediadoras de turno, temen salir escaldadas de la inmersión en el hervidero.
Estados Unidos de América, su administración demócrata, está en la convicción de que una acertada intervención a favor de la política de dos Estados en la Zona, puede mitigar la “iracundia” de los musulmanes contra aquéllos. Sin embargo, han vuelto a producirse manifestaciones con atentados sangrientos, en barrios populares de Bagdad y Kandahar. Mientras que Teherán se marca unas filigranas diplomáticas, como las que describe en lo concerniente al uso (para fines cívicos) de la energía nuclear; no sabemos si para obligar a los americanos a una política de hands off en todo el Oriente musulmán; o como parece que creen Obama y su “círculo islamológico”, para obtener un nuevo statu quo en Israel-Palestina, que haga justicia, de una vez por todas, al pueblo sin patria más significado y aplaque las iras del Islam político.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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