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Continuidad

lunes 10 de marzo de 2008, 01:28h
Oigo a muchos comentaristas afirmar que el país ha optado por el bipartidismo. No es así: el electorado ha decidido profundizar en la bipolarización, que es otra cosa. Llamazares habla del tsunami bipartidista, pero es más exacta la apreciación de otro de los perdedores de la noche, Carod-Rovira, cuando deplora que muchos de los votantes de ERC en 2004 hayan apoyado esta vez al PSOE para contener el avance del PP. En efecto, parece claro que una parte de la izquierda neocomunista y de la izquierda nacionalista catalana ha recurrido al voto útil, reforzando a los socialistas. Pero esto nada tiene que ver con el bipartidismo, que consiste en una convención mayoritaria sobre las ventajas de pactar los grandes asuntos de Estado entre el partido del gobierno y el partido mayoritario de la oposición. Estamos hoy mucho más lejos que ayer de ese bipartidismo. Rodríguez ha interpretado ya su mayoría como un refrendo plebiscitario a su gestión durante la pasada legislatura, una gestión que ha oscilado entre la mediocridad y el desastre, cuando, realmente, debe su triunfo al miedo que el PP ha producido en la izquierda radical y en los nacionalismos. Previsiblemente, el nuevo gobierno se instalará en la continuidad, lo que significa renovación de la alianza entre socialistas y los nacionalistas, y un hostigamiento al PP aún mayor que el que hemos conocido durante los últimos cuatro años. Como los resultados del PP no han sido tan catastróficos como para inhibir su capacidad de respuesta, cabe presagiar una legislatura más bronca aún que la anterior. El clima de tranquilidad de la jornada electoral, tan lejos de la ubicua tensión del 14 de marzo de 2004, no debería engañarnos: se debe, obviamente, a la tregua cívica impuesta por el asesinato de Isaías Carrasco.


Ahora bien, el PP debe también aprender algunas lecciones. La cultura política liberal que se había consolidado durante las dos legislaturas de Aznar ha sufrido un innegable deterioro a causa del desconcierto de un electorado dividido entre la radicalización y el posibilismo, que no ha encontrado en la dirección del partido unas respuestas claras. La cuestión de las movilizaciones de protesta, por ejemplo, ha sido perjudicial para Rajoy, como se podía temer. Ha espantado a un electorado de centro e incluso de izquierda moderada, que probablemente habría votado al PP de haber visto más política y menos barullo callejero. La derecha ha cedido a la tentación mimética de utilizar contra el PSOE los mismos métodos que éste usó con Aznar. No era una solución acertada, como se ha demostrado. La calle no es el espacio más propicio para una derecha que se pretende liberal o liberal-conservadora, y que debería haber prestado menos atención a sus talibanes y más a Fraga cuando observó con ironía, a propósito de una de las numerosas manifestaciones contra el gobierno: “Ha estado bien. Que sea la última”. En fin, la continuidad no es buena. Muy probablemente, abreviará la próxima legislatura y sólo favorecerá a los partidos que tengan la imaginación suficiente para romperla.

Jon Juaristi

Escritor

JON JUARISTI es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Alcalá de Henares. Escribe poesía, ensayo, novela y una columna semanal en el diario ABC y ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura

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