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El triste final de la Liga italiana

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 09 de mayo de 2010, 15:38h
En la última semana, los políticos italianos han parecido nerviosos, preocupados, incluso turbados. ¿A qué se debe eso? ¿Será por el escándalo de corrupción que ha obligado al ministro de Desarrollo Económico, Claudio Scajola a dimitir? No, no es por eso. ¿Será por culpa de la “tragedia griega” y sus posibles efectos-consecuencias negativas sobre la economía nacional? Tampoco; los políticos italianos poco se interesan de la economía nacional, mucho más de la personal-localista. ¿Dependerá de las dificultades del partido del amor de Silvio Berlusconi? Aunque se parece cada vez más al Minimor, al Ministerio del Amor de George Orwell, encargado de “reafirmar los sentimientos de lealtad y amor de los ciudadanos hacia el jefe”, no parece ser la causa. ¿Será por las quejas de Berlusconi sobre la “demasiada libertad de prensa que permite a cualquiera atacarle”? No, ya casi no se le hace caso a los disparates de este hombre. ¿Serán las dificultades en la lucha a la criminalidad organizada, los escándalos de pedofilias del Vaticano o por el asqueado rechazo de la Lega Norte -4 ministros de la República italiana- a participar a las celebraciones por el 150ºaniversario de la unidad de Italia, a “calentar” los ánimos? No, ni siquiera eso. La culpa de todo es del partido Lazio-Inter. La derrota (cantada) del equipo romano complica (imposibilita) la victoria del Campeonato de Calcio para la Roma, otro equipo romano. Ya. El Parlamento italiano se ha mostrado unido y censura tajantemente el episodio. Saltan las alianzas y las contraposiciones ideológicas: izquierda y derecha dejan el paso a una más vulgar diferenciación en ser “romanista o laziale”. En tiempo de crisis (económica e ideológica) la afición a un equipo es más fuerte que la fe política. Por eso, el estilo dócil de los jugadores de la Lazio, la actitud de sus “tifosi”, han provocado duras reacciones y criticas en el Parlamento, tanto que dos senadores del partido de Silvio han anunciado una pregunta parlamentaria al primer ministro para saber “si esta situación altera la regularidad del campeonato”. Panem et circenses. La mayoría de la clase política italiana tacha el episodio como una farsa, una página vergonzosa para el fútbol italiano y la imagen del país (¿es este episodio a dañar nuestra credibilidad internacional?!); Capezzone ha hablado de “verdadera farsa” y, si lo dice él, que tiene mucha, mucha experiencia en materia y en trapicheos sucios en general, voy creyéndomelo. Por si fuera poco, Claudio Lotito, presidente de la Lazio, denunció haber recibido amenazas de muerte y el envío de un sobre con “proyectiles de gran tamaño”, y algunos futbolistas confiesan haber subido la misma suerte.

Reconozco que nunca había asistido a un espectáculo así, tragicómico y paradójico al mismo tiempo: mientras los aficionados animaban a su equipo a perder para perjudicar al eterno rival, los jugadores paseaban por el campo en un ambiente surrealista. El portero de la Lazio, Muslera, venía pitado puntualmente en cada intervención por…¡sus aficionados! Los jugadores opusieron una resistencia ridícula: nunca presionaron o atacaron al Inter que llegaba a tirar a puerta sin la menor dificultad. Una “parodia futbolística”: faltaba intensidad como una amistoso de pre temporada. Y eso que la Lazio aún no contaba con la matemática salvación.

“Vergüenza”, “espectáculo deprimente” o “campeonato falseado” son algunas de las acusaciones. En parte, comparto la dureza de estas palabras: es evidente que la Lazio regaló el triunfo al Inter, allanándole el camino hacia el título. Además, de eso se hablaba en la capital desde hace una semana: sin embargo, creía que se trataba de folklore o provocación, no de realidad. Pero el resultado era bastante obvio: el equipo de Mouriño (nuevo héroe del madridismo, sobre todo de aquellos que, harto de la inconsistencia y falta de juego de su equipo, encuentran mayor placer en las derrotas ajenas…) es muy superior a la Lazio y hubiera ganado sin dificultades. Pero, la Lazio y sus aficionados quisieron consumar su venganza frente al gesto antideportivo de Francesco Totti hace dos semanas, cuando el delantero del Roma enseñó reiteradamente los pulgares hacia abajo deseando al equipo rival el descenso a segunda. Hay un nexo entre estos dos partidos y el calentamiento de la situación: la rivalidad ciudadana ha sido acrecentada en los últimos días. Los jugadores de la Lazio se encontraban frente a un amletico dilema: ganar y salvarse matemáticamente del descenso, favoreciendo la victoria del título a la Roma o perder fastidiando la Roma. Resulta evidente cual ha sido la respuesta elegida: una gustosa y mofante entrega al adversario.

No sé si se trata de una derrota del deporte y de espíritu de Coubertin: pero es evidente que algo no funciona. Los intereses económicos y de los derechos del fútbol han “impedido” la contemporaneidad de los partidos, aventajando al Inter en este caso, a otros en situaciones análogas. Pero bueno, el dinero manda y mi gran consuelo es que el Nápoles estaré en Europa League.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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