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El niño del cartón

domingo 09 de mayo de 2010, 20:54h
Tiene seis meses y vive en una guardería de Belén. Allí lo han acogido las Hijas de la Caridad. Es uno de los cincuenta y cinco que diariamente reciben el cariño de estas religiosas que han suplido el amor de sus padres. Por el orfanato-guardería han pasado ya más de cinco mil niños palestinos que son abandonados en las calles por sus madres, donde dan a luz, porque no pueden asistir a los centros hospitalarios, por miedo a la ley islámica. He tenido en mis brazos a este niño al que le llaman “el del cartón”, porque según me contó la Superiora de la guardería, su madre parió en la calle y dejo al niño sobre un cartón, pero sin alejarse mucho de él, ante el miedo de que a su hijo le comiesen los perros. Pasadas unas horas la joven cogió a su hijo y lo entregó a las religiosas como si no fuera suyo.

Ese niño de profundos ojos negros que me abrazaba y mordía mis manos, es un claro ejemplo de la tragedia que se está viviendo en Israel y en los territorios gobernados por la Autoridad Palestina, donde un gran muro separa a dos razas y a dos religiones y donde los cristianos hacen de fiel de esa difícil balanza de convivencia.

La “Iglesia del Calvario” es la mejor definición para la Iglesia Católica que vive y cuida de los Santos Lugares y, lo que es más importante, hace que todos sus miembros sean excelentes misioneros, en unos territorios donde “misionar” es tarea harta complicada. La definición nos la hacía el Patriarca de Jerusalem, Fuad, que en su residencia nos explicaba estas dificultades y sus esperanzas de cara al futuro. Esperanzas que se centran en el número de seminaristas- este año se ordenan cuatro sacerdotes más- y en la actuación de las órdenes religiosas, de los que destacaría particularmente a los franciscanos, “Custodios de los Santos Lugares”.

Acabo de regresar de una peregrinación a Tierra Santa y he vivido momentos intensos de emoción, no solo por recorrer los lugares donde nació, vivió y murió Nuestro Señor, sino por recordar permanentemente a nuestras Iglesias locales, que olvidan- nos olvidamos- en ocasiones los que ocurrió hace dos mil años y nos enzarzamos en disputas inútiles, al mismo tiempo que incurrimos en pecados gravísimos como los que estás saliendo a la luz y que no tienen disculpa alguna, y que como decíamos en semanas pasadas hacen sufrir al Papa, mientras otros se frotan las manos.

Estuve con el “niño del cartón” en Belén, a pocos metros del lugar donde, en un pesebre, nació Jesús. Han pasado dos mil años entre un nacimiento y otro. Los pañales de ambos fueron paja y cartón. También las disputas, las peleas, los enfrentamientos siguen siendo los mismos, pero eso sí con una “Iglesia del Calvario” dispuesta a seguir redimiendo.
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