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Una visión personal de la Guerra Fría

sábado 15 de mayo de 2010, 12:47h
Ningún libro de historia es absolutamente objetivo, entre otras cosas porque el autor tiene sus propias opiniones, obsesiones y prejuicios que influyen en su interpretación del pasado. La palabra clave en el título del nuevo libro del controvertido historiador británico Norman Stone – The Atlantic and its Enemies: a Personal Account of the Cold War (“El Atlántico y sus Enemigos: un Relato Personal de la Guerra Fría), publicado por Allen Lane, es “personal”. Esto le permite hacer muchas observaciones y opiniones que hacen su libro muy ameno y a veces divertido pero no muy estudioso (a diferencia de la gran mayoría de libros de historia no tiene notas al pie para reforzar sus afirmaciones) aunque sí erudito.

Stone dejo la cátedra de Historia Moderna en la Universidad de Oxford en 1997 para trabajar en la Universidad de Bilkent en Ankara, Turquía, para gran sorpresa de sus colegas. Se desencantó de su país y de su Universidad. Aquí declaro un interés personal porque Stone me ha invitado dos veces a Bilkent y gracias a él he aprendido mucho sobre Turquía (dedica más espacio de lo normal a este país fascinante y clave en la Guerra Fría) y he podido constatar que es un fantástico profesor. Entre sus alumnos estelares británicos están los historiadores Niall Ferguson y Andrew Roberts.

El libro trata de los años 1945-1990. Los héroes de Stone son Charles de Gaulle, Helmut Schmidt, Ronald Regan y Margaret Thatcher (de ella fue su asesor sobre Europa - jugó un papel importante para convencerla de que aceptara la reunificación de Alemania - y redactó sus discursos durante una temporada). Jimmy Carter, en cambio, no es ni mucho menos un héroe. “El régimen de Carter fue el símbolo de la época. Su administración era angustiosamente bienintencionada. Hizo footing; iba de la mano a todos lados con su flaca mujer; rezaba al modo baptista; prohibía fumar donde se podía; enviaba a mujeres mandonas a disertar sobre derechos humanos a lugares donde éstas significaban una afrenta”. A Stone no le importa ser políticamente correcto; todo lo contrario: por decir que no esta probado que la masacre de armenios en 1915 sea genocidio, se ha ganado la ira de la diáspora Armenia.

A veces Stone simplifica demasiado procesos complejos como la retirada del Reino Unido de sus colonias, aunque el resultado es muy entretenido. “La identificación del poder menos desagradable, un miembro secundario de la familia real declara que el nuevo país está en marcha; la bandera británica se arría de lo alto del mástil, el saludo del gobernador llevando un sombrero con plumas de gallo; unas pocas lágrimas aquí y allí, la vieja savia se queda en las escuelas; llega savia nueva; empiezan las danzas nativas; una nueva bandera se iza; se canta un nuevo himno; la maza parlamentaria ceremonial se pasa; comienza el caos.” La descolonización produjo mucho caos en África, pero no, por ejemplo, en Singapur.

Escribiendo sobre Rusia se pregunta cómo es que un país en el que “vivían como perros” fue capaz de poner “un perro en la órbita de la tierra.” Es muy penetrante sobre el modus operandi de los regímenes comunistas en Europa del Oeste y central. Stone, después de graduarse en Cambridge, pasó un mes en una cárcel en Checoslovaquia en 1963 por haber ayudado a alguien intentar a escapar a Austria en un coche.

Se nombra muy poco a España en el libro. Stone menciona correctamente las similitudes entre España y Turquía pero es una lástima que no entre en más detalles. Una de las pocas referencias sobre España trata de la detención de Augusto Pinochet en Londres a petición del juez Baltasar Garzón quien, según Stone, “había servido con bastante fidelidad a un dictador como fiscal jefe” Garzón tenia 20 años cuando murió Franco y aprobó las oposiciones para juez en 1981. Errores aparte, este es un libro original y estimulante.
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