Reivención del paisaje
sábado 15 de mayo de 2010, 21:06h
Hacia finales del mes de mayo se inaugurara una exposición de pintura de una mujer que pinta eso ya es una magnífica noticia porque cada día, cada mes, cada año aparece en las salas de exposiciones la increíble obra de algún plástico que nada tiene que ver con el nombre adoptivo.
En consecuencia la crisis del mercado de la pintura, dibujo, grabado, de la escultura y demás extraña familia, es palpable.
En la “galería Jorge Ontiveros” de la calle Gurtuday número 4 se expone el Paisaje, visto, escrito e interpretado con letras mayúsculas. Una pintora, Teresa, pone la mesa adornándola con trigales, centenos, olivares. Es algo parecido a la interpretación y sublimación de la paisajística castellana y más concretamente manchega.
Teresa, inventora, creadora es, en definitiva, la carabina de Ambrosio adamasquinada. O si ustedes lo prefieren el chispum de la castaña de la nueva paisajística española. Lo mejor y más estimulante a la hora de llevar uno de sus lienzos a nuestros hogares, es saber que no hemos perdido los cuartos ni lo que es más valioso: el tiempo.
Los grades pintores son los que reinventan, e incluso inventan. Mejor: los que saben ver con otra mirada. En este sentido, los que lo tienen más complicado son los paisajistas. Millet, su “Angelus” – oración, que también lo fue de Salvador Dalí, es el ejemplo que más me ha impactado. El manchego Benjamín Palencia también entra en mis predilecciones, porque significa la revolución, dentro de la estética paisajística.
No hay posibilidad de Pintura separándola del paisaje. Con figura o sin figura. En este probable caso es necesario que el artista tenga la habilidad de que la figura humana sea tan paisaje como los trigales, los olivares, los girasoles.
Todo lo que no es paisaje, incluso la concesión paisajística hasta el paisanaje, estorba. ¿Qué es la abstracción sino la estilización , la esencia quinta del mismo paisaje?.Que sirve para todos los estilos, que forma parte de la estética tomada de la estática paisajista. Uséase: la estética inamovible, solamente cambiante con la estaciones del año que maduran o malogran los frutos. ¡Bravo por la madrastra naturaleza!
Estos originales lienzos que admiráis aquí, pertenecen a una mujer captadora, recreadora de la aparición paisajística más tradicional y más innovadora del paisaje para el que, incluso delante del que nos ofrece y roba a la naturaleza, hay que estar con el séptimo sentido – el que diferencia al artista del que aun intentándolo no lo es- el sentido diferencial en el que entra lo estético y lo poético, lo esencial y lo sobrenatural, repartidos con talento sobre esa indefinición que los pedantes llaman y tratan de convertir en “obra de Arte”.
Es lo que, desde la docencia nada convencional, busca y encuentra, predica y consigue con sus alumnos, otro de los grandes, otro de los nuestros, llamado Lucio Muñoz.
De él parten, continua, otros grandes discípulos, como Teresa Muñoz García que no plagian, otros grandes seguidores, como Teresa Muñoz García que practica la magia –todo por aquí, más todo por allá- mezclando tierras y fantasías, ayudada por el acrílico que es el verdadero revolucionario o verdugo, según se utilice, de una nueva estética.
Teresa, condimentadora de paisajes, artista igualmente de audiovisuales, ve y refleja el paisaje desde el lugar privilegiado del que lo contemplan las águilas o los aviadores, los paracaidistas, los dueños y señores de los espacios infinitos. Utilizando las “técnicas mixtas”, tan indefinible estilo como los es la dorsiana adivinación del “sexo de los ángeles, nos conduce a la definición de que los ángeles y el arte (decimonónica definición del todo, palabro a extinguir como la izquierda y la derecha) no tiene sexo sino intuición y seso. Desde siempre admiro, y en esta rendición estética incluyo a Teresa, a los que saben que los ojos con que miras no son los que a ti te miran. Los míos, teresiana y místicana Teresa, te admiran. Y te aplauden porque corazón que no siente, ojos que no saben reconocer lo verdaderamente importante. Nuestros dioses también están entre pinceles, espátulas, colores y paletas guardadas en la verdadera cocina de los ángeles, la de los artistas.
Picasso, después de firmar una obra, sabía que ya pertenecía a los demás. Dalí se limitaba a exclamar: “¡Bravo!”.
Yo añado al nombre del comunero que abre el desfile de calles madrileñas: Bravo. Padilla. Y Maldonado.
Teresa, siéntame a tu mesa de manjares acreedores de cinco de seis o siete tenedores. Permítenos engullir, gustar y degustar tus exquisiteces, que como todo lo bueno son comestibles. Y tú los sustraes, extraes, rescatas del mismísimo paisaje. Es decir: del todo.