“Gürtel” a la italiana
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 16 de mayo de 2010, 13:47h
En las últimas semanas, leyendo los periódicos italianos, no puedo evitar hacerme una pregunta: ¿Vive Italia una nueva Tangentópolis? Es decir, ¿estamos en presencia de un escándalo comparable con aquella operación anticorrupción que acabó con la Primera República italiana? Dinero negro, trasferido ilícitamente al extranjero y lavado gracias al escudo fiscal aprobado por el Gobierno Berlusconi, funcionarios corruptos: no cabe duda que la trama se muestra muy compleja y enredada.
Los investigados y detenidos representan primeras planas en el escenario político nacional. El más visible ha sido el ya ex Ministro de Desarrollo Económico que dimitió por el escándalo de la compra de un apartamento en Roma (vista al Coliseo…) con cheques bancarios emitidos por un arquitecto amigo del empresario Diego Anemone, uno de los acusados en la trama corrupta en las obras del G-8 en la isla de la Magdalena. Bueno, ad interim la cartera ministerial ha pasado a Berlusconi y poco importa que este ministerio englobe el sector de las comunicaciones, donde el Cavaliere tiene muchos intereses. Detuvieron a Balducci, responsable del gobierno italiano para los trabajos públicos, encargado de asignar las obras en la Maddalena para la reunión del G-8, sustituido tras elevar los costes de 290 millones a 600 millones de euros. Y Della Giovampolla, quien coordinaba los festejos de los 150 años de la Unidad de Italia. Y se indaga en varias investigaciones a Bertolasso, jefe de la Protección Civil, “súper-hombre” a la italiana, encargado de resolver cualquier problema del país. Para concederle “súper poderes” cualquier intervención suya se le tachaba de emergencia y se la daba carta blanca: desde la crisis de la basura en Nápoles al problema de los damnificados por los volcanes en las islas Eolias, desde la supervisión los trabajos del mundial de ciclismo a la reunión del G-8 y hasta los juegos olímpicos de natación que se llevaron a cabo el año pasado en Roma. Ya, parece por lo menos extraño el papel desempeñado por la Protección civil italiana: para que pudiera operar libremente, todo se convertía en emergencia y su actuación no se limitaba a una primera intervención sino en la gestión y seguimiento de las fases sucesivas, con amplio poder ejecutivo. Como han afirmado: “tanto poder y poco control, igual a corrupción”.
Silvio Berlusconi sabe que la “cascada de acusaciones” puede erosionar su Gobierno, por eso intenta marcar un confín entre ellos y los que se han “aprovechado de su buena fe”. Por eso no me extraña su actitud: en un principio, tachó estos episodios de “complot exterior” contra él para hacer caer el Ejecutivo (creo que tiene que decirlo un cierto número de veces por semana, sino no me explico su reiteración). Sin embargo, posteriormente ha abandonado la clásica retórica de las “togas rojas”, asumiendo una postura intransigente: “todo el que haya robado será despedido”. Y, ¿cómo sustituir a tanta gente? ¡No me digan que Italia empezará a crear empleo! La red de los supuestos beneficiarios reúne a unos 400 nombres, todos de primera fila y de renombre: ex Ministros (dos de momento mientras muchos tiemblan), responsables de Obras Publicas del Gobierno, parlamentarios, secretarios de Estado, sacerdotes y altos prelados, agentes secretos, alto cargos de la Policía de Finanzas, de la RAI, actores. Cuando hay un misterio, una situación turbia o un escándalo en Italia, los servicios secretos y el Vaticano nunca faltan.
La corrupción no es un fenómeno sólo español (léase caso Gürtel): en Italia parece institucionalizada, configurándose como una tasa oculta visible a la entera ciudadanía. A la inauguración del año judicial 2010, la Corte dei Conti (Tribunal de Cuenta) ha denunciado los escandalosos niveles de corrupción que asolan al país y que se han multiplicado en un 229% con respecto al año 2009. Es una patología endógena, especie de “sombra que envuelve el tejido vital del país”, amenaza el desarrollo económico, reduce las inversiones extranjeras y la confianza en las instituciones. Donde hay obras públicas, hay corrupción, derroches de fondos estatales, despilfarro y…políticos.
No creo que estamos en presencia de una nueva Tangentópolis: entonces, los políticos utilizaban el dinero público para financiar a los partidos, mientras aquí el uso es totalmente privado. Se trata de enriquecerse a cuesta de los demás, a sabiendas del clima de impunidad que se respira en Italia. Además, allí estábamos en presencia de personajes políticos de un cierto nivel: éstos son unos chapuceros tragicómicos. Para demostrar la ausencia de inteligencia y estilo de la clase política italiana sugerí la lectura del libro “La Casta”; pero como el sistema sigue en pie, les contaré un episodio de estos días: en pleno escándalo por los contratos de las grandes obras públicas, se descubre que las obras de restauración de la Galería de los Uffizi de Florencia (¡licitación gestionada por la Protección Civil!) ha sido adjudicada a un ingeniero siciliano, que ostenta en su CV la siguiente especialización: “actividad de peluquería para mujer, hombre, niños, manicura y pedicura” y en “preparación de terrenos para hierbas y plantas de oficina”. No hace falta mucho ingenio para descubrir dos datos más: el manager es hermano de un empresario ligado a Cosa Nostra (de acuerdo a lo afirmado por la policía) y amigo del cuñado del jefe de la Protección Civil, Bertolasso (de acuerdo a lo que la gente vocifera). Una obra de 29millones de euro. Pero el Ministro de Cultura, Bondi famoso por su reciente rechazo a asistir a la proyección en Cannes de un documental sobre la reconstrucción de L’Aquila en que se relata los abusos de Berlusconi y el utilizo del terremoto para aumentar su popularidad, dice que es absurdo discutir su honradez. Será, pero no es la primera vez que pasa algo similar (léase el caso del ex manager de McDonalds y la excavaciones de Pompeya). Ya, falta finezza: Andreotti docet.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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