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Partido Popular: ¿demagogia y electoralismo o política de Estado?

lunes 17 de mayo de 2010, 07:57h
Los recortes en gasto público anunciados por el PSOE han sido contestados desde las filas populares con una batería de propuestas cuando menos dignas de considerarse. La formación que preside Mariano Rajoy ha realizado un ejercicio de concreción al que por desgracia tiene muy poco acostumbrado a la ciudadanía. Y es que es bueno que el electorado conozca de antemano las intenciones de quien aspira a ser alternativa de gobierno. Así, sugerir que se eliminen 400 millones de euros en fondos de cooperación -cuyo destino no siempre es el más adecuado ni precisamente el más transparente-, 470 en concepto de “peaje” para que otros grupos le apoyasen los Presupuestos Generales del Estado, o los casi 300 que van a sufragar empresas públicas claramente deficitarias, sindicatos, partidos políticos y televisiones públicas, es todo un acierto.

No lo es, en cambio, realizar planteamientos demagógicos con las pensiones o los sueldos de los empleados, ya que los brindis al sol iniciales del señor Rajoy se le pueden indigestar si llega al poder. Más que nada, porque en la actual coyuntura, ese tipo de recortes parecen imprescindibles, cuando no insuficientes, si España quiere volver a levantar cabeza: la situación es dramática, como ha reconocido hasta el propio Secretario de Estado de Economía. Los ajustes no son populares ni tampoco gratos de llevar a cabo.

Pero tampoco hay opción. Bueno, sí, siempre la hay: que la realidad del mercado produzca un ajuste por si misma, mucho más tremendo que la que pueda implementarse por cualquier gobernante sensato, anticipándose y eligiendo la opción menos mala. Lo que no existe –en contra de lo que piensan mentes simples e ignorantes, empezando por el señor Zapatero- es no hacer nada creyendo que eso no es la peor de las opciones. La inacción y el engañarse a sí mismos y a los demás conduce a Grecia, que, sin ser el mejor de los escenarios, tampoco es el peor…por ahora. Además, el problema de este tipo de declaraciones es que los mercados financieros las siguen muy de cerca y, si ven que quien puede venir es igual de melifluo que quien está, el resultado puede ser demoledor para los inversores y, por ende, para todo el país: porque el riesgo Zapatero, que ya empieza a ser descontado, se convierte en riesgo país. El señor Rajoy debería de recapacitar más este tipo de cuestiones, si quiere fraguar el liderazgo alternativo que necesitamos.
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