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Estudiantes y aprendices

Martín-Miguel Rubio Esteban
martes 18 de mayo de 2010, 21:43h
El último impulso educativo europeo quiere degradar el sentido profundo de “estudiante” (del lat. “studium”, pasión y afán ) al de aprendiz o primerizo trabajador competente, “apprentice”, “learner”, “apprenti” ( “laboris novitius” lo llamaban los romanos ). Se quiere forjar un sistema educativo para aprendices, para novicios del trabajo, no para ciudadanos estudiantes. Han vencido por completo tanto la utilidad del estudiante para la economía social como la utilidad del sistema educativo para la economía doméstica del estudiante. “Estudiar para ganarse el pan como único fin educativo”. La “utilitas” del conocimiento se ha sobrepuesto al “studium” desinteresado y gratuito (libre-free) del conocimiento, cuando sólo se aprende bien lo solamente motivado por la curiosidad intelectual. La pura curiosidad intelectual huye despreciada entre los bosques idílicos y los prados esmaltados de florecillas amarillas de Centroeuropa, refugiada apenas en los grandes museos, máxima expresión de la más humana sabiduría inmotivada y esplendente belleza acorde con el hombre, de París, Londres, Viena, Berlín…

Pero si las escuelas dejan de infundir curiosidad intelectual pura a sus alumnos, si las escuelas ya no van a fomentar este tipo de curiosidad, tan en consonancia y congruidad con la esencia misma del homo sapiens, entonces el humanismo sobre el que se fundamentaban las escuelas y todo tipo de instituciones educativas, desaparecerá sin remedio. Y con él desaparecerán las escuelas de los edificios “escolares” para reconvertirse estos en centros de formación, talleres para aprendices y oficinas de empleo. A la escuela ya no se vendrá a jugar (“ludus”, “scholê” ) los juegos del conocimiento, propios de los hombres libres, sino sólo a trabajar, a aprender a servir a los nuevos señores que dominan el mundo, a aprender a ser esclavos perfectos.

Sin embargo, educar no es sólo enseñar al adolescente a ganarse el pan, que por supuesto también ( pero por añadidura, por “additamentum” que diría Cristo ). Porque si sólo fuera eso la educación, la degradaríamos al aprendizaje, y entonces, en ese caso, sería mucho más efectivo retornar al perfecto sistema de gremios medievales, que sin duda su metodología era la más idónea para formar buenos trabajadores y artesanos – quienes, por cierto, no se oponían a los trabajadores intelectuales, quaerentes intellectum -.

Educar, en fin, no es servir dócilmente a las empresas formando a sus obreros. La educación nunca ha hecho obreros; facilita, eso sí, la existencia de obreros cualificados con conciencia crítica, con anhelos humanos, esto es, con anhelos intelectuales. Por ello, las palabras del intelectual del siglo XII, Pedro de Blois, siguen siendo “modernas”: “No se pasa de las tinieblas de la ignorancia a la luz de la ciencia sin releer con amor cada vez más vivo las obras de los antiguos. ¡Que ladren los perros, que gruñan los cerdos! No por ello seguiré menos a los antiguos; y el alborear de cada día me encontrarán estudiándolos.” Y Bernardo de Chartres ratificaba: “Somos enanos encaramados sobre espaldas de gigantes. Si alcanzamos a ver más que ellos y más lejos, no es porque nuestra vista sea más aguda o nuestra estatura mayor, sino porque ellos nos llevan en volandas y nos elevan sobre su altura gigantesca”.

Europa no saldrá de esta crisis económica si no se favorece un renacimiento de las Humanidades. No es un chiste.

¡Que ladren los perros, que gruñan los cerdos!

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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