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Los desvaríos de Cristina Fernández de Kirchner

miércoles 19 de mayo de 2010, 09:38h
A falta de “animadores” oficiales típicos de toda Cumbre Iberoamericana que se precie, léase Hugo Chávez o Fidel Castro, ha tenido que ser una ferviente admiradora de éstos últimos quien tomase el testigo de la excentricidad. Y es que la mandataria argentina Cristina Fernández de Kirchner se descolgaba ayer con unas irresponsables declaraciones en las que alertaba de la posible criminalización de los inmigrantes en el continente europeo, al mismo tiempo que desempolvaba discursos belicistas más propios de tiempos militares que de los actuales, reclamando de nuevo la soberanía de las Malvinas.

Muchos son los argentinos que han emigrado estos años a Europa, más concretamente a España. Así, es de recibo que la presidenta de la Argentina se preocupe por ellos; y justo es reconocerlo. Pero sin demagogias populistas. Es cierto que España tiene una deuda de gratitud con Argentina por la cantidad de españoles que acogió durante el segundo tercio del pasado siglo. Pero al igual que entonces había requisitos para entrar al país y permanecer en el mismo, también hoy existen para hacer lo propio en Europa. Además, las circunstancias son bien otras: España es frontera de entrada y tiene una responsabilidad frente a sus socios que debe cumplir. Lo suyo es que quienes quieran entrar a un país de la Unión Europea para ganarse la vida lo hagan bajo unos criterios mínimos de racionalidad. Europa necesita inmigrantes, pero también una política migratoria eficaz que permita armonizar los intereses de los estados miembros con los de los inmigrantes. Los recursos y las oportunidades no son ilimitados; además, a la larga, los mayores perjudicados de una política de “papeles para todos”, como insinúan Fernández de Kirchner, serían los propios inmigrantes.

Qué decir de sus ínfulas belicistas sobre las Malvinas, o sobre sus críticas a la judicatura española. En el primer caso, más le valiera a Fernández de Kirchner no revolver más en un episodio de tan amargo recuerdo para el pueblo argentino, arrastrado a una guerra tan irresponsable como estéril y cuyos caídos bien merecen ya descansar en paz. Por lo que respecta al segundo, no es quizá la mandataria argentina la más adecuada para dar lecciones de legalidad institucional; ella, que se permite enredar a su antojo en el poder judicial de su país o que se inmiscuye en los asuntos de un organismo tan importante como el Banco Central Argentino. Ello sin obviar su más absoluto desprecio por la libertad de expresión, persiguiendo a todo aquel medio de comunicación que ose criticarla. Que se preocupe, pues, la Presidenta, de los problemas de su país, que son muchos y deje de crear nuevos problemas donde los hay y muchos pero no los que sugiere doña Cristina.
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