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reseña

Roberto Bolaño: El Tercer Reich

sábado 22 de mayo de 2010, 00:14h
Roberto Bolaño: El Tercer Reich. Anagrama. Barcelona, 2010. 368 páginas. 18 €
Roberto Bolaño escribió El Tercer Reich en 1989, época en la que todavía estaba dando sus primeros pasos literarios; las obsesiones y los temas que caracterizarían sus novelas posteriores pueden apreciarse ya en esta obra temprana que el autor no llegó a publicar en vida. Desde febrero de este año, Anagrama ofrece al público lector la iniciática novela del escritor chileno, recuperando con ello al Bolaño más primitivo y original y revelando algunas de las claves de su extensa producción literaria. A través de El Tercer Reich, el lector se asoma a los inicios del autor de la premiada 2666 desde el marco atractivo pero salvaje de la Costa Brava.

Bolaño concibió su novela en forma de diario. El protagonista y autor del mismo es el joven alemán Udo Berger, quien disfruta junto a su novia de unos días de vacaciones en un pequeño pueblo costero cercano a Barcelona. Los recuerdos asaltan a Udo con frecuencia, pues el destino y hotel elegidos coinciden premeditadamente con los escenarios de los veranos familiares de su infancia y juventud. Al principio nada parece alterar la tranquilidad propia del momento; y a pesar del tiempo transcurrido, el hotel Del Mar sigue ofreciendo al protagonista un encantador entorno en el que hacer todo aquello que se espera de un turista. Sin embargo, Udo alberga otros planes: dedicar su tiempo al Tercer Reich, el juego de guerra del que es campeón en Alemania.

La alegría y la luz que todo lo inundan en la primera parte de la novela, dan paso a la sombra, al misterio y a la violencia a medida que avanza el relato. El contacto con otra pareja de turistas alemanes y, a través de ellos, con enigmáticos personajes como “Cordero”, “Lobo” o “Quemado”, supone el inicio de una serie de descubrimientos, desapariciones y enigmas que guardan relación con el Tercer Reich. El juego se convierte en el eje de la novela, las estrategias sobre el tablero marcan la evolución de los personajes y descubren las facetas más ocultas de algunos de ellos. Las anotaciones de Udo Berger, el “Fausto de los Juegos de Guerra”, integran una enigmática obra en la que Bolaño vuelca sus obsesiones y aficiones primigenias, entre ellas la II Guerra Mundial y los wargames.

Por Lorena Valera Villalba
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