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ENCRUCIJADAS POPULARES

lunes 10 de marzo de 2008, 21:12h
A pesar de que el resultado electoral del Partido Popular ha mejorado en representación y porcentaje de votos con respecto a los anteriores comicios, la realidad es que no ha logrado convencer a la mayoría de los españoles durante la larga precampaña y la campaña. Los resultados, sin ser negativos, han mostrado el límite de las aspiraciones del PP actual. Lo obtenido es digno aunque insuficiente. En estas elecciones hemos podido ver a los votantes populares más cohesionados en torno a los valores, ideas y proyectos de su partido, pero sin expectativas de conseguir mayorías. El PP de Rajoy ha tocado techo.

Hoy, pasada la vorágine electoral, es momento óptimo para el análisis y la reflexión en el espacio de centro-derecha. La difícil situación en que se encontraban no puede ser óbice para eludir la rendición de cuentas ante sus votantes y la sociedad. El candidato del PP ha tenido dos oportunidades para vencer, y no lo ha conseguido. La renovación sería, pues, uno más de los pasos a dar para un partido que quiere liderar el centro-derecha moderno y liberal. Es momento de soltar lastre y dejar hablar a caras nuevas con ideas nuevas. Quizá debiera haberse hecho al principio de la anterior legislatura. Hágase pues en ésta. El cambio debe y puede hacerse desde una base sólida de más de 10 millones de votos y 154 escaños. Los planes de Zapatero, que a todas luces buscaba una debacle de los populares, han fracasado. Hasta cuatro veces ha repetido el presidente la frase "no se va a romper España, se va a romper el PP", a lo largo de esta campaña. Pues bien, el PP ha aumentado su representación parlamentaria y, por lo tanto, la hipótesis de ruptura a la que aspiraba su rival se nos antoja hoy muy remota. Precisamente por eso, porque el PP se proyecta como un partido sólido y de enorme envergadura, los actuales dirigentes populares no tienen excusa para obstaculizar su renovación.

Sería pertinente evaluar también el acierto (o error) en los modos y en la comunicación; plantear si los demóscopos de cabecera -que no realizaron un análisis particularmente brillante, que digamos, los días horribles del atentado hace cuatro años- están alejados de la realidad o simplemente apoltronados. La lista de deberes podría continuar ad infinitum. Pero no debemos olvidar que el cambio futuro no es esperar el desgaste gubernamental, sino ofrecer una opción integradora que vaya más allá del público tradicional que ya es fiel votante. Ésa es la tarea de quienquiera que dirija al PP mañana: construir mayorías de gobierno sobre una base liberal y sólida, al igual que la tarea de Rajoy ha sido apuntalar al partido en una época muy complicada.

HOMENAJE EN RECUERDO DE LOS AUSENTES


Tal día como hoy, hace cuatro años, 191 personas murieron en el marco del peor atentado terrorista de la historia de España. Aún laten en la conciencia colectiva las terribles imágenes de personas heridas y mutiladas, desorientadas, vagando sin rumbo por los alrededores de las estaciones y vagones de tren donde estallaron las bombas. Por encima de interpretaciones partidistas, las consecuencias de aquella barbarie todavía colean en nuestro país y han marcado como una losa la legislatura. La polémica por la autoría del atentado y su supuesta influencia en la inesperada victoria socialista, dos días después de la masacre, ha sido una constante a lo largo de estos cuatro años.

Resulta triste comprobar cómo mientras en países como EE UU o Reino Unido los atentados terroristas del 11-S y el 9-J sirvieron para unir a la sociedad frente a un enemigo común, la clase política española se ha enzarzado en una lucha sin sentido que amaga con dividir a la sociedad. Incluso las víctimas del terrorismo se han politizado. El PP no ha sabido reaccionar ante el trauma de perder unas elecciones que creía ganadas y el PSOE ha insistido en mentar una y otra vez el atentado y las supuestas mentiras del PP en los días posteriores. Sólo así se entiende que el mismo Zapatero, adalid en su día del Pacto Antiterrorista, echara en cara a Rajoy, durante el último debate electoral, sus 252 víctimas, frente a las cuatro de su legislatura. Cinco, si contamos la del pasado viernes. Por otra parte, la relación de causalidad que, además, ha establecido entre los atentados y la guerra de Irak, se cae por su propio peso desde el momento en el que, a pesar de la retirada de las tropas a principio de la legislatura, se han sucedido, a lo largo de estos años, nuevos intentos de perpetrar atentados. Todavía hay muchos que se resisten a encarar la realidad: que somos objetivo del terrorismo islamista no tanto por lo que hicimos o a dónde fuimos, si no por cómo somos (occidentales) y dónde estamos (en Andalucía). Esa es la realidad antes y después de Irak.

Sea como sea, lo importante es recordar a las víctimas. Evocar en nuestra memoria a todas y cada una de las personas a las que les arrebataron la vida en un tren. El mejor modo de luchar contra aquellos que no buscan otra cosa que acabar con las libertades y valores en los que se fundamenta nuestra sociedad, es demostrarles que no hay fisuras en este sentido. Las víctimas y el dolor son de todos y cada uno de los ciudadanos que apuestan por vivir en un país en el que el terrorismo no sea una cuestión electoral sino una cuestión a erradicar.

VISITA OFICIAL DE CORREA A CHILE


El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, inició ayer su visita oficial a Chile una vez superado el conflicto entre su país y Colombia. El objetivo de este viaje de tres días es sellar un acuerdo estratégico con su homóloga chilena, Michelle Bachelet. La finalidad es concretar un acercamiento bilateral para fortalecer la relación entre ambos países. Los principales puntos a tratar son del ámbito político, económico -con especial atención al tema energético y comercial entre estos países andinos- y cuestiones referidas a la cooperación y al mundo cultural.

Pero por encima de todo, esta visita viene a tranquilizar a la opinión pública internacional después de los tensos momentos vividos a lo largo de la pasada semana entre Ecuador, Venezuela y Colombia a raíz de la muerte del líder de las FARC Raúl Reyes, en territorio ecuatoriano a manos del ejército colombiano. No en vano, Correa ha logrado con este gesto apaciguar los ánimos de muchos que veían con malos ojos el supuesto acercamiento a Hugo Chávez. A nadie se le escapa que Michelle Bachelet es uno de los líderes mejor valorados de Latinoamérica. La presidente chilena representa, junto con Lula, a esa izquierda moderada, integradora y de profundas raíces democráticas que se sitúa en las antípodas de la demagogia de sesgo autoritario del presidente venezolano. Que Correa se acerque a Bachelet en lugar de a Chávez, es una buena noticia para todos aquellos que esperan que los países latinoamericanos avancen en el camino que representa la lógica cordura de la presidente chilena.
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