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El fin de los combustibles fósiles tendrá consecuencias sociales

Los recursos naturales se agotan y el nuevo modelo energético no llega

domingo 30 de mayo de 2010, 12:27h
Mientras las petroleras han sobreestimado sus reservas de crudo, en poco tiempo -si no ha sido ya- se superará el pico de producción del oro negro, lo que lo hará más escaso y aumentará su precio. Según las estimaciones de expertos, en treinta o cuarenta años, los combustibles fósiles, de los que depende nuestro modelo energético, se habrán terminado. Por Miriam Carmona
Nuestro modo de vida actual depende de los combustibles fósiles, en especial, del petróleo. Tanto es así que el 95 por ciento del transporte mundial necesita del oro negro para subsistir. Sin embargo, este modelo energético tiene los días contados.

Mientras algunas petroleras comienzan a reconocer que han sobreestimado sus reservas de crudo, se descubre menos oro negro del que se demanda y el precio oscila bruscamente desde hace cinco años, hasta alcanzar su cota más alta en 2007 con cerca de 140 dólares por barril. Los expertos anuncian que muy pronto se superará el pico de producción del petróleo. Desde ese momento, se acabará lo que se conoce como el crudo barato y la demanda caerá.

Enrique San Martín, profesor de Economía Aplicada de la Uned, explica que “se va a acabar el petróleo barato, lo que puede tener consecuencias sociales si no se hace la transición energética de los combustibles fósiles a las renovables o a la nuclear”.

Estación de gas natural de Beregdaroc, a 300 kilómetros al este de Budapest, Hungría. Foto: EFE

Sobre el fin de los recursos petrolíferos, San Martín explica la teoría del pico de Hubbert, sobre la tasa de agotamiento a largo plazo del petróleo, así como de otros combustibles fósiles: “La producción mundial de petróleo llegará, si no lo ha hecho ya, a su cénit y después declinará tan rápido como creció”.

“Se cree que queda petróleo para 30 o 40 años”, dice San Martin, quien explica que se cumplirá “siempre y cuando el consumo se mantenga en los niveles actuales así como los precios, algo que no va a ocurrir”. Mientras el consumo crezca, “habrá que extraer más petróleo de lugares menos adecuados y el precio comenzará a subir, lo que hará que no se lleguen a esos cuarenta años antes de que se termine el petróleo barato”.

Tal y como sostiene este profesor, nunca llegarán a agotarse los combustibles fósiles: “El problema con estas materias primas es que funcionan en mercados globales y nunca llegarán a acabarse. En el momento en que comiencen a escasear, subirá el precio y la demanda caerá”.

Otros recursos naturales tienen una esperanza de vida mucho más corta. Es el caso del oro, del que se prevé extraer la última onza en doce o quince años. Según Marion Muller, de Oro y Finanzas, este recurso, a diferencia del petróleo, “no se consume” y “el anillo que puedas tener ahora puede ser de un oro extraído hace miles de años”.

El petróleo, el gas natural y el carbón, los recursos más utilizados en la industria y el transporte, se gastarán en un futuro más bien próximo, por lo que el cambio de modelo energético es más que necesario. Nos movemos gracias a el petróleo y cada vez será más caro extraerlo, por lo que las presiones hacia un modelo basado en las energías renovables y nuclear se harán cada vez más intensas.

El carbón es, de los combustibles fósiles, el que sale mejor parado. “Carbón hay mucho más que petróleo porque en su momento se hizo la transición de un combustible a otro”, dice el profesor de economía de la UNED, quien añade que las previsiones sobre el fin del carbón son más del doble que para el petróleo. “Se habla de que queda carbón para más de un siglo”, comenta. Además, a diferencia del crudo, es un recurso que se encuentra en prácticamente todo el mundo y sólo algunos países en desarrollo como China y la India, que tienen muchísimo carbón, basan parte de su crecimiento económico en este combustible.

Un operario comprueba el sistema de una tubería de gas natural. Foto: Efe

El caso del gas natural es muy similar al del oro negro. La concentración de la producción en Oriente Medio, Venezuela y EEUU, en el caso del crudo, y en Rusia y Oriente Medio, en el del gas, hace que exista una competividad muy limitada en dichos mercados y el precio no se ajuste a las leyes de oferta y demanda. Además, el problema con el gas es que el consumo “ha crecido mucho más rápido que en el caso del petróleo, porque cuando se empezó a hacer uso de este combustible se hizo con poder adquisitivo más elevado”, dice San Martín. Así pues, las perspectivas de agotamiento del gas son muy parecidas a las del crudo.

¿Cuáles son las alternativas?
Es momento de pensar en las alternativas que, a no ser que se invente algún tipo de combustible nuevo, pasan por las energías renovables y el uso de uranio. En el escenario actual, en el que el gas natural no está llamado a sustituir al petróleo, pues sus previsiones de agotamiento van parejas, el cambio a las renovables es una necesidad.

En cuanto al transporte, lo ideal sería lograr la adaptación del coche eléctrico. “Es un tema que no es a corto plazo, porque el motor de inyección es muy eficiente y está muy asentado”, comenta San Martín.

Otra alternativa es la energía nuclear, siempre y cuando se consiga implementar la fisión como sustituto del petróleo, algo que aún no se ha logrado. “El uranio está muy bien distribuido y, además, se usa poco en comparación con lo que se produce, pese a que ha subido de precio en los últimos años”, dice San Martín. No obstante, el enemigo del uranio no es otro que su rechazo político y social, así como la falta de interés empresarial. San Martín explica que “el asunto de la energía nuclear es más un asunto político, es una inversión a muy largo plazo y esto provoca que, al margen del rechazo social, las propias empresas no tengan un interés especial en esta energía”.



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