Manuel Castells: Comunicación y poder. Traducción de María Hernández Díaz. Alianza. Madrid, 2009. 680 páginas. 30 €
Lo tengo delante. Me seduce. Portada a todo color, con predominio del rojo y el negro, e impresas en blanco dos palabras clave unidas por una conjunción:
Comunicación y poder. Si, además, la firma es de
Manuel Castells (Hellín, 1942), sociólogo y profesor universitario, catedrático de Sociología y de Urbanismo en la Universidad de California en Berkeley, uno de los autores de referencia a nivel internacional en el campo del estudio de la sociedad de la información, resultará inevitable, para cualquier persona interesada en las transformaciones políticas, sociales y culturales actuales, devorar esta obra, degustando cada uno de sus capítulos.
Lo primero que alguien espera es que se trate, quizá, de una obra que hable sobre Internet, sobre nuevas tecnologías, sobre la rápida evolución de éstas… Pero, tras su lectura minuciosa no hay lugar a dudas: es un libro de política, que se mueve con soltura en la delgada línea que separa el
tecnologismo del
sociologismo, evitando caer en sendos abismos. El libro se refiere a una estructura social concreta, la sociedad “red” que, como dice el propio autor, “es una estructura social construida alrededor de (pero no determinada por) las redes digitales de comunicación”. En síntesis, el tema de esta obra es por qué, cómo y quién construye y ejerce las relaciones de poder mediante la gestión de los procesos de comunicación y de qué forma los actores sociales que buscan el cambio social pueden modificar estas relaciones influyendo en la mente colectiva.
Y es que Castells hace una interesante reflexión que ha circulado por la mente de muchos de nosotros en alguna ocasión: ¿Son los medios de comunicación el “cuarto poder” en una democracia? No. No son el cuarto poder, sino que son mucho más importantes porque constituyen el espacio donde
se crea el poder. Pero el hecho de que la política se desarrolle fundamentalmente en los medios de comunicación no significa que otros factores –léase el contexto económico, el activismo de las bases, las situaciones de corrupción y fraude…– no sean importantes a la hora de decidir los resultados de la contienda política, la cual se libra en los medios de comunicación; así, estos últimos conformarían el escenario donde se deciden las relaciones de poder entre los actores políticos y sociales rivales, y por ello, para lograr sus objetivos, casi todos los actores y los mensajes tienen que pasar por los medios de comunicación, para lo cual éstos tienen que aceptar las reglas del juego mediático. Igualmente, Castells caracteriza este juego y trata de explicar el funcionamiento económico/ideológico del sistema de medios globalizado, describiendo su trama política y sus estrategias más habituales. Se sumerge en una estructura empresarial que hermana a los distintos agentes del mundo político, de la comunicación o la tecnología, con los grandes grupos tecnológicos y de comunicación. Y todo ello con el rigor que aporta el hecho de que cada argumento o proposición vaya respaldado por una serie de estudios empíricos, propios o ajenos, de primer orden científico.
Arguye Castells que, para comprender la construcción de las relaciones de poder a través de la comunicación en la sociedad “red”, es necesario integrar tres componentes clave, que analiza por separado en distintos capítulos de su magna obra. En primer lugar, los determinantes estructurales del poder social y político en la sociedad red global. Además, los determinantes estructurales del proceso de comunicación de masas en las condiciones organizativas, culturales y tecnológicas de nuestra época. Y por último, el procesamiento cognitivo de las señales que presenta el sistema de comunicación a la mente humana en relación con las prácticas sociales políticamente relevantes.
En su proceso de integración de estos componentes comienza por la definición, no exenta de dificultad, de la mayoría de nuevas formas y prácticas de comunicación que giran en torno a la comunicación digital, la interactiva, la participativa, los cibermedios, la
web 2.0, multimedia,
eComunicación… Y acuña un concepto que trata de englobar de algún modo todos los anteriores, “autocomunicación de masas”, explicado de varias maneras a lo largo de la obra pero definido quizá de forma más sugerente en la página 108: “Su contenido está autogenerado, su emisión autodirigida y su recepción autoseleccionada por todos aquellos que se comunican”. Igualmente, puntualiza en pro de tal integración, que si bien la sociedad “red” es global, y las redes de comunicación son globales, los procesos cognitivos de la mente humana a los que se refiere el tercero de los factores clave comparten características básicas universales, aunque con diferentes variaciones en sus manifestaciones culturales.
Y, dentro de este apartado dedicado a las ciencias cognitivas, se sirve Castells de referencias de primer nivel internacional. No podían faltar aquí, por ejemplo, remisiones a George Lakoff, teórico de los
frames, y muy popular entre los politólogos progresistas españoles por su obra
No pienses en un elefante. Castells expone la “teoría de los marcos” presente en ella y resalta su importancia para crear modelos de interpretación de la realidad y contextos. Dado que la persuasión política está relacionada con las redes y narraciones, porque el cerebro político es un cerebro emocional, describe el desarrollo del factor emocional como una táctica clave para las estrategias persuasivas, de información o
misinformation.
Si algo cabría echar en falta en esta obra tan completa es el análisis de la dimensión discursiva. Castells habla de marcos, de emociones, de persuasión, narraciones…, pero la inclusión de esta dimensión hubiera servido, sin duda, para reforzar esos puentes que tiende entre la sociología del poder y las ciencias cognitivas. No faltan, sin embargo, análisis de casos concretos que le sirven para ejemplificar todo el desarrollo teórico que propone. Eso sí, hay dos aspectos que no pasan desapercibidos para cualquier lector que se sumerja en tales ejemplos de estudio: el tono cuasi militante de Castells –“el entramado mediático que llevó a la caída de Felipe González” frente a la “manipulación informativa del gobierno de Aznar ante el atentado de Al Qaeda”– y la influencia de Chomsky en el relato de los mismos.
En definitiva, el mejor sociólogo de Internet, situado entre los científicos sociales más citados de las últimas décadas, combina en esta obra su experiencia y sus conocimientos del análisis sociopolítico y del estudio de las tecnologías de comunicación con los trabajos de especialistas que estudian la interacción entre cerebro y poder político, poniendo de relieve la importancia del enfoque multi e interdisciplinar. Decir que la política de nuestra época es una política mediática no es la última palabra, sino la primera pregunta. Otros interrogantes surgirían también: ¿Cómo influye este hecho en la participación política, la toma de decisiones o los conflictos políticos? Y más: ¿Cuáles son las consecuencias de todo ello sobre la democracia como forma de relación entre Estado y sociedad? Pero quedarían aún muchas más preguntas en el tintero.
Por Ana Collado Jiménez