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arrecian las críticas a la canciller

¿Camina Angela Merkel hacia su defunción política?

jueves 03 de junio de 2010, 15:28h
Los últimos meses han supuesto una verdadera tortura para la canciller. La dimisión este pasado lunes de Horst Köhler como presidente de Alemania es el último de una larga lista de contratiempos que pueden estar marcando el comienzo del fin de Angela Merkel. Su dubitativa gestión de la crisis griega, la pérdida de las elecciones regionales en Renania del Norte-Westfalia, el land más importante de la federación, la inesperada renuncia de Roland Koch, número dos de la CDU, el pasado 25 de mayo y la caída en los índices de popularidad están acorralando, quién sabe si de manera irremediable, a esta adusta mujer, hija de un pastor evangélico y licenciada en física que dirige la nave germana desde noviembre de 2005.
Seria, trabajadora, estratega, resolutiva, perseverante o racional hasta el extremo. Estos son algunos de los calificativos que han venido acompañando a Angela Merkel (Hamburgo, 1954) desde que asumió la jefatura de Gobierno alemana hace poco más de cuatro años. Pero parece ser que los buenos adjetivos y los piropos políticos han dejado de llover sobre 'Madame No', apelativo con el que se conoce a Merkel entre la prensa francesa más crítica con su política. "No puedo recordar una sucesión de acciones tan desastrosa desde 1949", declaraba el ex ministro alemán de Exteriores, Joshcka Fischer, sobre el papel de Merkel, asidua entre las mujeres más poderosas del mundo según la revista Forbes, al frente de la cancillería germana.

El pasado lunes, de manera sorpresiva e inoportuna, presentaba su dimisión Horst Köhler, presidente del país y uno de los puntales de la administración teutona. La decisión, calificada como "irrevocable" por el propio protagonista, se produjo tras las desafortunadas declaraciones de Köhler en las que el antiguo pope del Fondo Monetario Internacional (FMI) justificaba las intervenciones militares alemanas en Afganistán, Iraq, RD del Congo o los Balcanes para salvaguardar los intereses económicos y comerciales del país.

A pesar de que el ya ex presidente intentó matizar sus palabras señalando que hacían referencia a las patrullas en el océano Índico que previenen de los ataques piratas, la opinión pública germana no ha tardado en abalanzarse sobre la yugular de Köhler que ha terminado por dimitir ante "las injustas faltas de respeto" recibidas hacia su persona como máxima autoridad del país. Aunque Angela Merkel intentó hasta última hora evitar que Köhler abandonara el barco y se mantuviera en el cargo, nada pudo hacer.

La dimisión de Köhler, que ostentaba el cargo de presidente de la federación -más representativo que práctico- desde 2004, es el segundo batacazo que se lleva Merkel en menos de un mes. El pasado 25 de mayo, y también de un modo sorprendente, Roland Koch, uno de los baluartes y vicepresidente de la Unión Democristiana (CDU), presentaba su cese. Koch, que aprovechó que la canciller se encontraba de viaje oficial por Arabia para dar la noticia, ha sido a lo largo de los últimos años uno de los grandes contrapesos de Merkel dentro de la CDU.

Roland Koch y Horst Köhler

Roland Koch y Horst Köhler.


Conservador, liberal y economista de profesión, Koch era también el jefe del Ejecutivo de la región de Hesse desde hace once años. Como uno de los barones del partido, siempre mantuvo sus tiras y aflojas con Merkel en especial en materia económica. Su última disputa sobrevino a raíz de los recortes presupuestarios que proyecta el gobierno central (se quiere ahorrar 10.000 millones de euros anuales) con el objetivo de paliar los efectos de la crisis. Koch solicitó públicamente a la canciller que rectificara en su decisión de excluir del 'tijeretazo' a la educación y a las guarderías, algo a lo que Merkel se niega en rotundo, en lo que se ha terminado por llamar la 'guerra del chupete'. Vistas las grandes desavenencias entre ambos pesos pesados de la CDU, Koch optó por dar por terminada su carrera política.

Por otro lado, los comicios regionales de Renania del Norte-Westfalia, la región más potente del país con 18 millones de habitantes, han sido un prólogo de lo que pueden ser los próximos meses al frente del gobierno alemán. Tras lograr el mando del land más importante de la federación tras 39 años de administración socialdemócrata, la CDU perdía el pasado 5 de mayo las elecciones con la crisis económica griega como dramático telón de fondo.

Grecia, la chispa de la mecha alemana
El 11 de febrero, Angela Merkel pactaba con Nicolas Sarkozy, su homólogo francés y gran aliado europeo, un paquete de medidas económicas destinadas a paliar la caída libre financiera en la que estaba inmersa Grecia. Tras ese paso adelante, la canciller alemana empezó a dar bandazos, con numerosas declaraciones contradictorias, que confundieron al electorado germano. Por un lado, Merkel pretendía no faltar a los pactos europeos adquiridos por su país, desde el Tratado de Maastricht hasta el de Lisboa, y mostrarse firme en la instauración de un plan de rescate comunitario. Por otro, la "canciller de hierro", otro de sus famosos apelativos, buscaba posponer lo máximo posible las ayudas a Grecia para que éstas no fueran sacadas a relucir durante los comicios de Renania del Norte.

A pesar de los esfuerzos de Merkel, la urgencia que imprimía Bruselas al plan de rescate provocó que el calendario que manejaba la canciller se fuera al traste. Las ayudas económicas, un montante total de 22.400 millones de euros sólo a costa del contribuyente alemán, fueron aprobadas y la sublevación de la opinión pública alemana, un hecho. Además, los rigores de la crisis también han hecho mella en las arcas alemanas. Merkel tendrá que romper su promesa de rebajar los impuestos, ya que urge reducir el gasto público y el déficit nacional.

De golpe y plumazo, Alemania ha perdido su credibilidad exterior como cabeza visible de la UE con sus dudas y vaivenes en torno a Grecia, que según algunas predicciones le han costado a la eurozona 750.000 millones de euros y su estabilidad interior. De cara al ciudadano alemán, la desconfianza ha germinado más por la dudas que ha transmitido el ejecutivo que por las ayudas a Grecia en sí. "El gobierno ha recibido un disparo de advertencia", señalaba recientemente Guido Westerwelle, líder de los liberales, aliado en la coalición y actual ministro de Exteriores.

La recuperación de Renania por parte de los socialdemócratas, con una caída de 10 puntos en los resultados de la CDU, provocaba la pérdida del control del Bundesrat, un status quo que hasta ahora había permitido a Merkel gobernar con cierta tranquilidad a pesar de los quebraderos de cabeza que le suponen las salidas de tono y los caprichos de Westerwelle. El Bundesrat, la Cámara Alta en la que se someten la gran mayoría de las leyes alemanas, se convierte así en un campo de batalla, ya que Merkel tendrá que negociar con la oposición para poder sacar adelante cualquier iniciativa legislativa, incluidos los polémicos presupuestos de 2011. Esto supone, de no mediar una sorpresa, un estancamiento político del país.

Pactar para sobrevivir
La derrota política fuerza a Merkel a buscar un candidato de consenso para suplir a Köhler, algo nada fácil a priori. Entre los futuribles se manejan los nombres de Norbert Lammert, presidente del Bundestag (Cámara Baja); el primer ministro del Estado federado de Baja Sajonia, Christian Wulff; Wolfang Schauble, ministro de Economía; Ursula von der Leyen, responsable de Trabajo; o Peer Steinbrück, jefe del Tesoro. De no llegar a un acuerdo, Merkel podría jugar la baza de la mayoría parlamentaria, aunque eso sería sembrar aún más desconcierto entre sus aliados y sumar enemigos a la trinchera opositora.

Los últimos sondeos electorales indican que, de celebrarse hoy elecciones generales, la coalición formada por socialdemócratas, verdes e izquierdistas ganaría con mayoría de votos, un 51 por ciento. Por su parte, la alianza CDU-liberales perdería dos puntos y obtendría un apoyo del 42 por ciento.

Además, la popularidad de Merkel, figura seca, aburrida y seria, está en sus niveles más bajos, ahogada en parte por los índices de desempleo que imperan en el país, un 7,7 por ciento (3,2 millones de personas), según los últimos datos. Sólo uno de cada cinco alemanes califican como positiva la labor del gobierno y la credibilidad de la canciller se ha desplomado en los últimos meses hasta el 48 por ciento.

De cómo capee el temporal Merkel en los próximos meses dependen en gran medida sus aspiraciones políticas. El hecho de que desbancara a su predecesor, Gerhard Schröeder, en un escenario muy similar debería servir de ejemplo para no repetir los errores del pasado. Pero, aunque la capacidad luchadora de Merkel está fuera de toda duda, puede que los frentes abiertos sean demasiados y que el reloj de arena haya empezado a correr en contra de 'Frau Germania'.
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