www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Relaciones Israel-Turquía: Las dos caras de la moneda

Álvaro Ballesteros
x
cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
jueves 10 de junio de 2010, 21:24h
Resulta fascinante leer la prensa digital española tras la nueva crisis provocada por el ataque militar israelí en aguas internacionales a la flotilla civil que se dirigía a Gaza la semana pasada, asesinando a varios de los activistas civiles turcos que viajaban en el buque Mavi Marmara.

Los análisis más destacados muestran una visceralidad y una falta de objetividad que ciertamente debería ser considerada como preocupante. Una visceralidad y falta de objetividad que se observan desde hace años en la política nacional y que se han convertido en una de las madres del cordero a la hora de entender la profunda crisis del sistema español actual. No sorprende pues ver dicha falta de equilibrio intelectual aplicado a la hora de evaluar los acontecimientos en la escena internacional. Toneladas de prejuicios y discursos fuera de contexto vuelven a desempolvarse para adornar los intentos de análisis más inverosímiles, intentando ocultar el hecho tan preocupante de que en España falta cada día más el espacio que permita el debate serio, sosegado y maduro. Ese que contrasta hechos y que utiliza parámetros rigurosos, dejando a un lado (aunque sea por un momento) los juicios de valor sentimentales, los prejuicios y la falta de seriedad típica de los debates españoles desde 2002.

Lo más triste no es solo que nuestra sociedad acaba autoexcluyéndose de los debates internacionales y mundiales más importantes (¿quién se pregunta qué piensa España sobre este o aquel tema espinoso?), sino que nuestros representantes políticos se permiten seguir manteniendo planteamientos del todo amateur frente a los desafíos dramáticos que amenazan en la actualidad el futuro de lo que llamamos la Comunidad Internacional. Y es que si seguimos permitiendo una manera de hacer política en la que nuestros representantes van a los debates con las respuestas a sus oponentes ya preparadas (lo que implica que no están interesados ni lo más mínimo en lo que la otra parte tiene que decir), es imposible que luego pretendamos aspirar a jugar ningún papel relevante en la escena internacional. Especialmente si la oposición que aspira a gobernar en un futuro cercano prefiere plantar cara al gobierno por la falta de militares uniformados en las procesiones católicas, antes que por su actuación (o mejor dicho, falta de actuación) en las crisis internacionales más relevantes.

El profundo empeoramiento de las relaciones entre dos de nuestros aliados más importantes en Oriente Medio (Israel y Turquía) debería haber provocado una ofensiva diplomática pública española (¿quién mejor posicionado –podría pensarse- que Moratinos, amigo de turcos e israelíes?) para acercar posturas y frenar la deriva que nos lleva a todos al precipicio; pero ni eso…

Para explicar la situación actual de crisis de relaciones entre Tel-Aviv y Ankara, los analistas en los medios españoles han echado mano de topicazos de todo tipo: desde lo del “genocidio armenio” a la denuncia del antisemitismo rampante, desde la justificación “legal” del bloqueo a Gaza hasta las memorias del Holocausto. Todo vale en la máquina de la desinformación para unos analistas que parecen tener agujetas mentales a la hora de poner sus análisis al día en multitud de campos.

Se echa en falta, eso sí, cualquier tipo de análisis serio sobre las razones de lo que está pasando entre Tel-Aviv y Ankara, las consecuencias para la región y los pasos que se necesitan para afrontar un futuro de desarrollo conjunto.

Lo que el público español (y no digamos ya nuestros analistas y líderes políticos) debe entender es que la actual dinámica de ruptura de los vínculos entre Israel y Turquía supone una amenaza dramática para los intereses occidentales en Oriente Medio. Una amenaza casi tan seria como el continuo uso de políticas unilaterales desmedidas por parte de los actores de la región, especialmente Israel en los últimos tiempos. Ni el bombardeo indiscriminado del Líbano en 2006 sirvió para debilitar a Hezbollah (más bien al contrario), ni el bombardeo de Gaza en 2008-2009 sirvió para debilitar a Hamas (más bien al contrario), ni el asalto desmesurado al Mavi Marmara en 2010 ha servido para reforzar la seguridad de Israel (más bien al contrario).

Lo que también vendría bien entender a estas alturas es que Tel-Aviv (más que nadie en la región) necesita contar con aliados sobre el terreno a la hora de defender sus justas aspiraciones de seguridad y estabilidad. Y ello no puede llevarse a cabo con medidas que alienan las relaciones con aquellos regímenes en la zona más propensos a la cooperación con Israel (como Turquía, Egipto o Jordania). Pensar que la mano dura militar va a conseguir reforzar la seguridad de Israel, supone una política de miras cortas que ahoga cualquier esperanza de cooperación en la región y condena a los civiles (israelíes, palestinos, etc.) a una existencia bajo condiciones inaceptables de miedo y presión continua.

Lo que también vendría muy bien entender en Europa es que la postura actual de Ankara con respecto a Tel-Aviv no está motivada por el “islamismo rampante” del partido de Erdogan en Turquía, como pretenden explicar tantos analistas de segunda división en nuestro país. No deja de ser interesante la incapacidad de muchos para entender que el partido de Erdogan (el AKP) en Turquía es absolutamente catalogable con los partidos democristianos europeos (como el PP español), esos que mezclan en la política de hoy un conservadurismo democristiano y pinceladas de religiosidad, que son más o menos criticables en función de cómo entienda cada cual el hecho religioso y el equilibrio Iglesia-Estado (aparentemente tan difícil de entender para muchos en una España constitucionalmente laica como la actual).

Desde esta perspectiva, sería bueno entender que la deriva de Ankara (de mediador comprometido entre Israel y sus vecinos árabes, a crítico cada vez más vocal frente a las medidas desproporcionadas del gobierno israelí) se explica por la sensación justificada de una jerarquía política turca que ha invertido mucho esfuerzo personal e institucional en las medidas para reforzar los canales de comunicación entre israelíes y palestinos, entre Israel y Siria, entre Israel y Líbano, e incluso entre Israel e Irán, y que ha visto con absoluto shock las medidas de carácter violento emprendidas por Tel-Aviv en 2006, 2008-2009 y de nuevo en 2010. Así, la era dorada de las relaciones entre turcos e israelíes (coincidentes con el período de distensión de los 90 tras los acuerdos de Oslo) ha entrado ya en crisis sin que los líderes europeos entiendan si quiera por qué, lo que les impide echar una mano a tiempo para reforzar los puentes dañados en Oriente Medio por tanta intransigencia. Especialmente peligroso es el último posicionamiento del Primer Ministro turco Erdogan (tras el ataque israelí al Mavi Marmara) catalogando a Hamas “no ya como un grupo terrorista si no como patriotas defensores de su tierra”. Este posicionamiento, que es comprensible por la frustración de un Erdogan que ha hecho hasta hora un gran esfuerzo mediador baldío en la región, es igualmente inaceptable por su gravedad, ya que tanto la Comunidad Internacional como el propio sistema legal palestino han catalogado oficialmente a Hamas como un grupo terrorista con el que no cabe la negociación.

Por otro lado, como ya han explicado algunos analistas internacionales, tampoco vendría mal a los líderes de la UE entender que Turquía hace ya tiempo que ha asumido un papel de verdadero líder y punto de referencia en la región, por lo que no puede usar la típica “doble vara de medir” de los occidentales que ven la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. Como ejemplo, aquellos que ven contradictoria “la política nuclear de Teherán con la participación del régimen de los mullahs en la renombrada Alianza de Civilizaciones”, como si esa misma contradicción no fuese aplicable a los propios EE.UU., sin ir más lejos. Los hechos condenables han de ser condenados al margen de quien sea el autor; si no, toda condena es falsa y toda defensa del entramado legal internacional carece de credibilidad.

También sería bueno entender que la reciente ofensiva económica, política y diplomática de Turquía en Oriente Medio (reforzando los vínculos económicos, energéticos, de infraestructuras y de movimiento de personas) con los países de la región (especialmente con Siria, Líbano, Jordania e incluso con Arabia Saudí e Irán), no implica una arabización/islamización de Turquía, como han expuesto los medios en España, sino que (como bien apuntaba recientemente Hugh Pope en un artículo publicado en el diario británico The Guardian) Ankara “está imitando explícitamente las lecciones aprendidas por la UE, que mostraron que la convergencia en esos campos puede acabar con ciclos de conflicto (entre vecinos)”.

En suma, que destrozamos nuestras posibilidades reales de mediación y solución de los problemas y crisis que más nos afectan cuando nos permitimos seguir sin adentrarnos en las dinámicas profundas de los mismos. Seguimos olvidándonos de que las relaciones humanas e internacionales, como las monedas, tienen dos caras. Y hemos de intentar entender ambas dos si queremos pretender al menos comprender lo que ocurre y aportar nuestro esfuerzo para evitar futuros conflictos que son siempre fratricidas.

Es hora de sentar las bases de la pacificación efectiva de Oriente Medio, pero para ello, Occidente ha de ponerse también las pilas, y eso no será posible sin análisis acertados de la realidad de la región y de las políticas desempeñadas por los principales actores sobre el terreno, en un conflicto que algunos creen lejano, pero que nos afecta directamente a todos nosotros.

Y no puedo concluir estas líneas sin condenar del modo más enérgico posible la agresión del 7 de junio en la Universidad Autónoma de Madrid contra los ponentes israelíes invitados a las jornadas hispano-israelíes sobre cooperación energética. Debemos ser el único país occidental donde nadie dimite (ni en el gobierno ni en la cúpula de las universidades correspondientes) tras semejantes actos repugnantes de violencia que nada tienen que ver con el espíritu universitario. Otra gran victoria del “talante” desplegado durante los siete años del gobierno Zapatero en esta España irreconocible y desmantelada, en la que actos de violencia e intolerancia supina parecen tener cada vez más cabida en nuestros campus universitarios mientras autoridades irresponsables pretenden quitar hierro a semejantes ataques que deberían ser totalmente erradicados de nuestras universidades. Pretender que la democracia puede convivir con la violencia en nuestras universidades, equivale a certificar la defunción de nuestro sistema.

Hagamos limpieza general de una vez, pongamos orden en nuestra casa común y afrontemos el papel que nuestro país se merece en la escena internacional.

Álvaro Ballesteros

Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios