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reseña

Ingmar Bergman: Persona

sábado 12 de junio de 2010, 14:08h
Ingmar Bergman: Persona. Prólogo de Jonás Trueba. Traducción de Carmen Montes Cano. Nórdica. Madrid, 2010. 96 páginas. 14,50 €
Persona (1966) es una de las obras emblemáticas del cineasta, guionista y escritor sueco Ingmar Bergman. La madrileña editorial Nórdica ha editado en el presente año el libro germen, semilla, origen de lo que sería después la película del mismo título. Considerado uno de los directores de cine clave en la segunda mitad del siglo XX, para muchos Bergman es una de las personalidades más eminentes de la cinematografía mundial. Su particular modo de reflejar los sentimientos ocultos de los personajes renovará las bases del cine moderno hasta el punto de que Suecia, su país, se consolidará como motor de la vanguardia del Séptimo Arte.

La actriz Elisabeth Vogler y Alma, su enfermera, dejarán al descubierto un cúmulo de sentimientos tan intensos, que el lector no tendrá opción a mostrarse indiferente. La diva de Electra pierde la voz durante una majestuosa interpretación. La ciencia no es capaz de explicar su silencio. La predisposición de la paciente a escuchar, permitirá a la enfermera emprender una catarsis emocional propia de la tragedia griega: no en vano, “persona” en su acepción latina significa “máscara”.

Recordar el pasado suele tener un coste emocional importante. La humillación, el egoísmo o la envidia también forman parte de la “persona” que rara vez tiene ocasión de “desnudar su alma”. Los remordimientos de la juventud resaltan el cinismo y la crueldad de la sociedad, que intenta ocultar a la desesperada una incipiente revolución sexual. El erotismo de las palabras apoya esta libertad emocional, rompiendo de facto con el orden social del momento.

Innovadora y experimental, la película sigue siendo fuente de inspiración para directores como Woody Allen, que comparten junto con el maestro sueco la necesidad de emocionar al gran público. Bergman era consciente que las palabras no podían sustituir por completo a la película, a la fuerza de las imágenes. Es por ello que ofrecerá al lector, al decidirse a editarlo, “un criptograma que en el mejor de los casos invitará a la imaginación y a la reflexión”. Semejante modestia no hace sino destacar la culminación de su éxito con Persona.

Por César Rubio Márquez
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