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La religión como cortina de humo

lunes 14 de junio de 2010, 08:36h
De acuerdo con el artículo 87 de la Constitución, la iniciativa legislativa corresponde al Gobierno, Congreso y Senado. Así, cuando exista una demanda social acuciante o haya razones objetivas que así lo justifiquen, los poderes Ejecutivo y/o Legislativo articularán la preceptiva regulación normativa. Utilizando esta facultad que la Carta Magna le confiere, el Gobierno ultima estos días su borrador de Ley de Libertad Religiosa, debidamente filtrado a los medios habituales para ir calentando motores. Previsiblemente, se intentará que el texto salga adelante con los apoyos de nacionalistas y radicales de izquierda, ya que el consenso legislativo con el principal partido de la oposición nunca ha sido del agrado de José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero en este asunto, como en tantos otros, debería de serlo. En primer lugar, porque entre PSOE y PP suman 324 de los 350 escaños que tiene el Parlamento; o lo que es lo mismo, ambos son los máximos representantes de la voluntad popular. En base a ello, lo suyo sería que en materias de Estado o con una cierta sensibilidad aneja, se llegase a consensos que, indudablemente, redundarían en pro de la convivencia ciudadana. Esso precisamente es lo que se hizo durante la Transición: se consensuó la aconfesionalidad del Estado, que parecía una política razonable para una historia reciente torturada de clericalismo y anticlericalismo. Pero, en esta ocasión, en lugar del consenso se busca el disenso y la confrontación como fórmula de movilizar votos radicales. Agobiado por una crisis económica de la que es en gran medida responsable, el señor Zapatero se ha propuesto sacarse otro conejo mediático de su chistera y distraer los problemas reales que aquejan a la sociedad española con otros que no son tal. Y no lo son porque, afortunadamente, en España no existen problemas de índole religiosa. La Constitución garantiza en su artículo 16 la libertad religiosa y de culto, y añade que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias de la sociedad española”.

De ahí que no se entienda muy bien el empeño del Ejecutivo en enredar con algo que no suscitaba el menor problema. Bien está que en los funerales de Estado se atienda a los deseos expresos de la familia del finado a la hora de conferir un carácter más o menos religioso al acto. No había regulación hasta ahora porque se procedía de acuerdo al sentido común; no obstante, bienvenida sea. Y en cuanto al tema de los símbolos religiosos en los centros docentes, para eso se dotó de atribuciones a los consejos escolares; así, tampoco estaría de más que fuese el propio consejo escolar de cada centro quien articulase lo que no dejan de ser meras normas de funcionamiento interno, sin más. La religión mayoritaria en España es la católica, sin que por ello exista menoscabo alguno hacia otros cultos diferentes, que también pueden regentar centros de enseñanza donde aparezcan los signos de la confesión religiosa en cuestión. Que atienda, pues, el señor Zapatero a los problemas reales que tiene España y deje de crearlos allí donde no los hay.
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