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El PSOE, la libertad y el respeto al Derecho

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
lunes 14 de junio de 2010, 20:08h
Gregorio Peces Barba y Alfonso Guerra, dos personas que fueron decisivas en nuestra etapa primigenia, se refirieron a la relación del socialismo español con los valores liberales, en el acto de conmemoración de la entrada de Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados, hace un siglo.

Subrayaron, ambos, una forma de estar en política que tiene 100 años: la disciplina asumida como un mandato religioso, entendido como religare, una actitud que responsabilizaba al ciudadano romano con el Estado y con los dioses, y que se expresaba con un juramento de lealtad a las dos esferas, la política y la transcendente.

Esa disciplina ha sido característica de la socialdemocracia europea. El componente religioso, con sus importantes matices entre culturas protestantes o católicas, ha dado una dimensión propia a la militancia en esos partidos. Establecían una “religación” más comunitaria que la de los partidos “burgueses”, pero sin llegar a la disciplina de los partidos leninistas, donde los mandatos doctrinales eran atributos de los dirigentes, una especie de sacerdocio sacramental, con capacidad para condenar los errores doctrinales. Los socialdemócratas contemporáneos, después de Eduardo Bernstein, en el SPD, y Pablo Iglesias, en el PSOE, hicieron una variante de reforma protestante respecto a la ortodoxa disciplina partidaria. La libertad de discusión era completa, pero los acuerdos, adoptados democráticamente en las instituciones partidarias, se asumen plenamente, lo que no significa, en ningún caso, renunciar a la libertad de pensamiento y a la reflexión crítica. Ese componente religioso ha sido visto por George Steiner, para el pensamiento actual, en su ensayo “Nostalgia del absoluto”.

Tanto Alfonso Guerra, como Gregorio Peces Barba, incidieron sobre esta tradición socialista que quedó expresada al entrar Pablo Iglesias en el parlamento español. Guerra recordó que Pablo Iglesias sufrió duros ataques personales de los anarquistas y de los partidos burgueses, monárquicos y republicanos. O era acusado de hacer el juego parlamentario del régimen de la Restauración, o lo era por dividir a la oposición republicana; y para todos, era un diputado obrero que vivía como un rico burgués a cuenta de los votos proletarios.

Pero el compromiso del PSOE de Pablo Iglesias con la política parlamentaria convenció, algo después, a lo más destacado del pensamiento liberal y reformista español: José Ortega y Gasset y la Institución Libre de Enseñanza, son sus más destacados ejemplos. Alfonso Guerra enfatizó, en su intervención, la alianza ideológica del pensamiento estrictamente socialista con los valores del liberalismo laico de ese tiempo. Aunque políticamente acabó fraguando el entendimiento electoral republicano-socialista (que fue clave para los mejores años de la II República), lo importante consistió en la afirmación de sus principios políticos: respeto a la Ley, rechazo de la violencia, internacionalismo o europeísmo integral, reformismo para luchar contra toda discriminación social, y como valor supremo, la libertad.

Guerra y Peces Barba coincidieron en que fue el compromiso socialista con la libertad uno de los signos diferenciales del PSOE, dentro de la socialdemocracia europea. Tal vez sea debido a que el liberalismo no encontró acogida en las filas conservadoras, debido a la actitud contraria a esas ideas de los Papas católicos. Peces Barba subrayó que Pablo Iglesias no fue un mero divulgador de la doctrina socialista. En este plano del aprecio por la libertad, entendida como un derecho, el fundador del PSOE no tuvo dudas cuando se le planteó la entrada en la III Internacional. Iglesias, personalmente, decidió que fuera Fernando de los Ríos a Moscú, para conocer directamente los criterios políticos de Lenin. La pregunta de Fernando de los Ríos a Lenin, fue parecida a la que por entonces le hizo Bertrand Russell al líder soviético: ¿y la libertad? La respuesta del revolucionario ruso fue también famosa: ¿la libertad, para qué? Entonces se desconocía todo lo que significó después el totalitarismo. Pero la negativa de Iglesias, de los Ríos, y del PSOE en su conjunto, a la propuesta de 1920, fue una decisión audaz. No se aceptó entonces que para lograr la justicia social se suspendieran, ni siquiera provisionalmente, las libertades individuales. El respeto a la Ley y a las instituciones caracterizó al PSOE, y cuando ese compromiso se relajó, el socialismo, y la sociedad española sufrieron por ello. Gregorio Peces Barba leyó un escrito de Francisco Largo Caballero, el primer socialista que presidió el Gobierno de España, cuando salió, en 1945, del campo de concentración alemán de Orianenburgo. Fue una rectificación a su última política: “Hace años (…) decía yo que si me preguntasen qué quería, mi respuesta sería esta: “República, República, República”. Si hoy me hicieran la misma pregunta, diría: “Libertad, Libertad, Libertad”. Luego, que le ponga cada cual el nombre que quiera”.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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