Mitos de la cosmovisión materialista (Parte final)
Fernando Zamora Castellanos
x
fzamoraabogadosorcr/7/7/16/19
martes 15 de junio de 2010, 20:00h
Concluyo la serie de artículos acerca de los Mitos de la cosmovisión materialista, los cuales inicié en este diario, el primero de ellos fue publicado por EL IMPARCIAL el pasado 2 de junio bajo la dirección http://www.elimparcial.es/sociedad/mitos-de-las-cosmovisiones-materialistas-i-parte-64660.html. Ahora bien, el segundo mito que han venido promoviendo, es aquel que desnaturaliza a los derechos humanos de su indiscutible raíz cristiana, presentándolos cual si fuesen derivación de una suerte de consenso posmoderno. Pero la piedra angular de los derechos humanos radica en la igualdad y dignidad humanas, que es una convicción judeocristiana derivada de su concepto de igualdad moral y de la revelación de que el hombre es creado a imagen y semejanza de un Ser ético. Por la realidad material de que los seres humanos poseemos diferentes condiciones y cualidades, la antigüedad no concebía la idea de igualdad que hoy nos parece tan indiscutible. Este hecho, muchos lo desconocen hoy. Contrario al estereotipo popular, aún en la antigua Grecia o Roma, -las más admiradas-, la vida humana tenía poco valor. Por ejemplo, allí eran usuales y socialmente aceptadas, prácticas como el infanticidio, la crueldad contra los desventajados o la pederastia. Es el ascenso de la cultura cristiana lo que acabó con eso. Dentro del esfuerzo, son las órdenes cristianas las fundadoras de los primeros hospitales, hospicios, y la educación formal para toda clase social. Incluso el embrión filosófico de la idea constitucional de la limitación del poder se deriva en occidente como fruto de la revolucionaria concepción cristiana del “líder como servidor”, desarrollada después doctrinalmente por los pensadores clásicos. Sin embargo, hoy los valores cristianos parecen tan indiscutibles, que tenemos la ilusión que podemos deshacernos de la ética cristiana que los sustentó, sin que las culturas en ellos fundadas sean afectadas. Pero la historia demuestra que quitada su base cristiana estos valores también desaparecerán. Por eso las sociedades que carecen de una cultura cristiana, o las que han proscrito el cristianismo, han erosionado el ejercicio de sus derechos humanos. El tercer mito que aquí combato alega que la cultura cristiana impide el avance de la libertad moral e individual. Antes del cristianismo, la valía humana se supeditaba en función de sus capacidades y posesiones. La cultura cristiana vuelca aquella concepción y promueve la moral como una virtud del carácter, no del intelecto ni del poder. Esta fue la gran revolución que impulsó el cristianismo, pues al depender del carácter y no del poder o el intelecto, se volvió accesible a todo ser humano. Por ello, con la moral cristiana surgió el pleno ejercicio de la libertad individual, la cual no se concebía como hoy la conocemos. A lo sumo fue limitadamente comprendida por los griegos, en función de la participación de cierto sector de sus habitantes en asuntos de Estado. Ahora bien, lo que realmente se oculta tras ese ataque, es la objeción contra las fronteras morales que impone la ética cristiana. Para confrontarla ofrecen la engañosa ventaja de una concepción moral secular, cuya conveniencia deriva exclusivamente de cálculos costo-beneficio para quien pretende asumirla. Así las cosas, la idea de lo moral dependerá siempre de la relatividad de los criterios humanos y del capricho de las circunstancias. Pero las grandes guerras demostraron la trampa mortal que esto encierra.
fzamora@abogados.or.cr
|
Abogado
|
fzamoraabogadosorcr/7/7/16/19
|