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La fiabilidad de España y de sus bancos

domingo 20 de junio de 2010, 03:38h
Una de las últimas iniciativas de José Luis Rodríguez Zapatero al frente de la presidencia rotatoria de la Unión Europea, la de hacer públicos los test de estrés de las entidades bancarias, ha resultado sumamente acertada y ha supuesto un balón de oxígeno para el maltrecho sistema financiero español. Tampoco le ha venido nada mal al resto de bancos europeos que gozan de buena salud, a pesar del enrarecido ambiente que reina en los mercados. Ambiente del que es en gran medida responsable la incertidumbre generada en España, fundamentalmente por el despropósito permanente en el que se ha enquistado desde hace ya tiempo la política económica de José Luis Rodríguez Zapatero.

Así las cosas, el clima de relativo optimismo que reinaba en el parqué español al cierre de la sesión del viernes demuestra que los mercados se rigen más por hechos que por rumores, por mucho que éstos formen también parte del devenir cotidiano bursátil. Pero a la hora de la verdad, los inversores atienden fundamentalmente a realidades tangibles, tales como que los dos primeros bancos europeos en el ranking de fiabilidad, el Santander y el BBVA, son españoles; de ahí su alta cotización en bolsa. Lo cual nos lleva a la doble medalla que desde el Gobierno se han querido colgar por este asunto y por el capote recibido del director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, quien certificaba la buena salud de los bancos españoles y se felicitaba por la reforma laboral en ciernes. Aunque, acto seguido, Strauss-Kahn advertía que dicha reforma es insuficiente; algo en lo que, por otro lado, parece haber una coincidencia generalizada.

Frente a los recelos incomprensibles de la señora Merkel, el Presidente Zapatero ha tenido toda la razón en anteponer la claridad de las cifras y la política de los hechos frente a rumores e imprecisiones. Sin embargo, más le valdría al Presidente del Gobierno español evitar sacar pecho por algo que no le corresponde. En cuanto a la banca, está donde está gracias a méritos propios, que no gubernamentales. Y por lo que respecta a la reforma laboral, que por fin se haya puesto en marcha no significa que el decreto ley que ahora debe convalidar el Parlamento vaya a ser la panacea universal. Falta concreción, voluntad política y abordar cuestiones que ni se han tocado, como lo referente a la negociación colectiva. Y hasta que no se ponga remedio a todo ello, la sociedad española en su conjunto seguirá pagando los platos rotos de la confianza que genera no ya un país solvente, sino un Gobierno que no es de fiar.
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