Una “inmigración ilegal” que molesta a todos
Las pateras de las arenas del Sáhara llegan a Marruecos
lunes 21 de junio de 2010, 09:03h
Cientos de jóvenes saharauis huyen de los campamentos de refugiados de Tinduf. Desde hace tres meses, Marruecos ha contabilizado la llegada al territorio de 602 jóvenes de edades comprendidas entre los 20 y los 31 años. Un asunto que molesta a todos los contendientes en el conflicto del Sahara Occidental. Al igual que los miles de magrebíes y de subsaharianos que se aventuran en la peligrosa travesía del Mediterráneo, estos saharauis buscan ellos también una vida con futuro.
Cientos de jóvenes saharauis huyen de los campamentos de refugiados de Tinduf. Desde hace tres meses, Marruecos ha contabilizado la llegada al territorio de 602 jóvenes de edades comprendidas entre los 20 y los 31 años. Un asunto que molesta a todos los contendientes en el conflicto del Sahara Occidental. Al igual que los miles de magrebíes y de subsaharianos que se aventuran en la peligrosa travesía del Mediterráneo, estos saharauis buscan ellos también una vida con futuro.
El fenómeno está tomando proporciones importantes. El régimen marroquí en un primer momento trató de explotar el asunto diciendo que, al igual que otras familias saharauis anteriormente, estos jóvenes “volvían a la madre patria”. Pero el goteo incesante de llegadas por grupos de decenas, atravesando el desierto hacia Mauritania para entrar al territorio del Sahara administrado por Marruecos por el sur, o directamente sorteando los campos de minas y “saltando” los muros con la evidente complicidad de sus vigilantes, ha hecho repensar a las Autoridades de Rabat el modo de explotar estas huidas.
Tanto más que ninguno de los jóvenes llegado en estos tres últimos meses conocen Marruecos, ni el territorio del Sahara bajo su control. Tampoco tienen relación con los parientes de sus padres que viven en Laayún, Smara, Bojador o Dajla. Todos ellos han nacido en los campamentos. Sus referencias sobre la “madre patria” son indirectas, a través de sus padres o las oficiales emitidas por la maquinaria de propaganda del Frente Polisario.
“Se trata de un fenómeno social, y no político, como quiso dejan entender el régimen marroquí en un primer momento”, confiesa a El Imparcial una fuente de la oposición interna dentro del Frente Polisario a la dirección de Mohamed Abdelaziz. Miembros de la formación Jat Achahid – disidencia interna en el Frente que contesta la dirección actual – afirman que estos jóvenes que huyen a centenares de los campos de Tinbduf “sólo quieren una vida mejor”. “No son una corriente política, ni tienen problemas ideológicos con el Polisario, ni consideran a Marruecos como su patria. Simplemente no aguantan las condiciones de vida en los campos, y quieren emigrar”.
Es el mismo fenómeno que se ha constatado en los últimos años en la mayoría de países africanos. “pero en este caso además, muestra el fracaso del Polisario en educar a esta generación nacida con la revolución. Estos jóvenes no creen en los eslóganes oficiales de la RASD, y desconfían de las promesas de sus dirigentes – añade-. Por eso arriesgan sus vidas para huir hacia Mauritania y Marruecos”.
El silencio del Frente Polisario sobre esta sangría, y las reticencias mostradas por el régimen de Rabat, que no está seguro de las intenciones de estos jóvenes saharauis, muestra la gravedad del problema. La indecisión mostrada por la dirección del Polisario que amenaza periódicamente a Marruecos con volver a retomar las armas si no hay solución a corto plazo del conflicto del Sahara Occidental, pero que posterga los plazos constantemente, ha generado un malestar profundo entre la población de los campamentos de refugiados que no ven salida a su calvario. Mohamed Abdelaziz, que confiesa estar sometido a la presión de un sector de la juventud que quiere volver a la acción armada, ha hecho reiterados llamamientos a la organización del referéndum de autodeterminación resuelto por Naciones Unidas en 1991 y nunca llevado a cabo. Esta vez la paciencia ha colmado sus límites, y los grilletes comienzan a romperse.