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Nadie regala nada... tampoco en Internet

José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
miércoles 23 de junio de 2010, 19:39h
“¡Usted es el visitante 99.999 y ha ganado un premio!”. Si no se cree esto, es perfectamente consciente de que “nadie regala nada”, al menos en el mundo de los negocios. Porque la esencia del “regalo” (otra cosa son los usos perversos que se le pueda dar a éste) es la de no esperar nada a cambio. Incluso las pequeñas dádivas del periódico son sólo trucos para reforzar la fidelidad de quien normalmente lo compra, y arrancar clientes ocasionales entre quienes no lo hacen.

Facebook y Google afrontan últimamente las mayores críticas en torno a cuestiones de privacidad en la Red. Parece estúpido, pero en el fondo es necesario recordar que ninguna de estas dos compañías ofrece un servicio público. Que esté tan generalizado el disfrute de sus genialidades y que su uso sea gratuito no quiere decir que el ejército de profesionales que hay detrás suyo no espere cobrar por su trabajo. Por algo será que al registrarse como usuario en estas páginas, hemos de aceptar un contrato vinculante cuyo fondo y forma hacen que se nos quiten las ganas de leer.

Este tipo de empresas son la punta de lanza de la “economía informacional”. Venden información y se alimentan de ella. Esto quiere decir, que cada dato incrementa potencialmente el valor de su producto. Cada conexión ordenada entre dos ideas es valor añadido. Y las empresas que trabajan con información no son una excepción en el capitalismo, de tal forma que también se basan en la acumulación y el crecimiento. Es decir, cuantos más datos, cuanta más información, mejor. Incluso si no se sabe de momento para qué se va a usar. Facebook ofrecerá compartir toda la información posible, y Google intentará reunir todos los datos que puedan vincularse a un logaritmo de búsqueda. Y como cualquier empresa, incluso de forma más brutal, pretenderán tener la máxima cuota de mercado, es decir, ser la compañía de referencia. De esta forma, se va generando una especie de “chantaje pasivo” a través del cual la participación en la conocida red social se va haciendo cada vez más imprescindible (todos pensábamos que nunca tendríamos teléfono móvil, y a día de hoy resistirse tiene consecuencias laborales y sociales nefastas), y la costumbre de recurrir al Gigante de la Red ha producido incluso nuevos verbos como googlear. Por último, como empresas que son, la maximización de sus beneficios será su objetivo fundamental.

Ya que ofrecen servicios gratuitos, basan sus ingresos en la publicidad. Pero en la Era de la Información nadie es tan tonto como para intentar vender productos de forma aleatoria si puede llevar a cabo un método más eficaz. Las posibilidades son infinitas, y la mezquindad navega acechante alcanzando niveles insospechados, como el caso del uso de los propios usuarios a modo de plataforma publicitaria o incluso como anunciantes activos.

Pero lo fundamental es hacer uso de sistemas de profiling (perfiles personalizados) para generar listas ordenadas de targets (objetivos). ¿Que te gusta la playa? Te vendo un viaje a Benidorm. ¿Que prefieres el monte? Toma un paquete de turismo rural. Supongo que los consumidores más activos en el fondo hasta agradecerán que no les intenten vender cosas que no quieren.

La cuestión es, que si vamos uniendo todas estas ideas, deduciremos que lo más importante para los negocios que trabajan con datos, es obtener la información, y ya se encargarán otros de señalar los fallos en torno a privacidad, uso fraudulento o inmoral de los soportes, inadecuación de contenidos, etc. (es lo que viene a llamarse externalización de costes).

Para evitar esto, podemos hacer uso de sistemas basados en software libre o incluso pensar en pagar por un servicio que nos garantice un mínimo de calidad. Otra solución más drástica sería optar por conformarnos con las redes sociales no virtuales, es decir, las de toda la vida.

Si de verdad usuarios y autoridades están tan preocupados por los problemas de privacidad que pueden generar estos servicios, deberíamos quizás pararnos y reflexionar. Ojalá estuviésemos tan concienciados también con las consecuencias personales y sociales derivadas de la actividad empresarial de otras compañías, tanto por su parte productiva como por su dimensión comercial: problemas familiares, situaciones de aislamiento, estrés, explotación, modelos irresponsables de consumo, etc.

José María Zavala

Sociólogo

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