Nicholas A. Christakis y James H. Fowler: Conectados. El sorprendente poder de las redes sociales y cómo nos afectan. Traducción de Amado Diéguez, Laura Vidal y Eduardo Schmid. Taurus. Madrid, 2010. 354 páginas. 21 €
“¿Por qué pertenecemos a ellas? ¿Cómo se forman? ¿Cómo funcionan? ¿Hasta qué punto nos afectan?” Con estas preguntas arranca la introducción del libro
Conectados, escrito a dúo por el catedrático de Sociología de la Universidad de Harvard, Nicholas A. Christakis, y por James H. Fowler, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de California.
Una
red social está formada por un conjunto de personas entre las que existe una conexión por la que fluyen desde sentimientos hasta dinero. La obra se inicia con un ejemplo de asesinato múltiple en el que el asesino no conoce directamente a todas sus víctimas, desconocidos ejecutados simplemente porque la violencia se transmite a través de los vínculos sociales. Y la explicación para las situaciones de violencia en cascada podemos encontrarla en la segunda característica de las redes tras la conexión: el contagio de aquello que transita por las mismas.
Un valor que caracteriza a todas las redes es que la suma del todo es mayor que la suma de sus partes. Las normas o principios que siguen explican el porqué:
1) Somos nosotros quienes damos forma a nuestra red (tendencia a la homofilia, elección de nuestras propias redes y control sobre el lugar que ocupamos en ellas)
2) Nuestra red nos da forma a nosotros (nuestra localización, centralizada o periférica, en la red nos influye)
3) Nuestros amigos nos influyen (lo que fluye por las conexiones nos afecta)
4) Los amigos de nuestros amigos también nos influyen (difusión
hiperdiádica)
5) La red tiene vida propia (propiedades emergentes, atributos del todo que surgen de la interacción y conexión de sus partes)
¿Hasta dónde llega la influencia que cada individuo en una red puede ejercer sobre el resto? Nuestra influencia en la red obedece a la regla de los
Tres Grados de Influencia: sólo podemos influir en nuestros amigos, en los amigos de nuestros amigos y en los amigos de los amigos de nuestros amigos. Porque la influencia que ejercemos acaba por agotarse (decadencia intrínseca), porque los vínculos lejanos son inalcanzables (inestabilidad de la red), y porque en nuestros antepasados nadie se encontraba a cuatro grados de separación (efectos evolutivos).
Esta teoría básica de las Redes Sociales se desarrolla a lo largo de la obra en capítulos que profundizan en temas como el modo en que encontramos pareja, la difusión de la felicidad o la animación al ejercicio del voto. Sus páginas están repletas de ejemplos sorprendentes que despiertan nuestra atención, como el hecho de preguntarse por qué una bandada de pájaros se mueve al unísono sin que haya un control central del movimiento; qué sucedió para que estallase una “epidemia de risa” en un internado femenino en Tanzania en 1962; o cómo logró Obama persuadir a gente que hasta entonces no se había implicado en política.
Un libro,
Conectados, en fin, con atractivo universal porque “si no comprendemos las redes sociales, no existe ninguna esperanza de que comprendamos completamente cómo somos y cómo es el mundo en el que habitamos”.
Por Montse Fernández Crespo