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Felipe González o el fin de las ideologías

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 27 de junio de 2010, 17:44h
Tiene razón Felipe González cuando propugna medidas económicas neoliberales para salir de la crisis, porque, según él, hay que olvidarse de los principios que llevaron al PSOE al poder. “El discurso de hace 25 años, aunque entonces nos sirvió para ganar, ya no nos sirve, porque la sociedad ya no es la de antes”.

Tiene razón Felipe González. Las ideologías languidecen. Lo que ahora necesita el mundo, y muy en especial España, es tener al frente de los Gobiernos a hombres y, claro, a mujeres, inteligentes y eficaces. Lo que hace falta son buenos gestores, que administren la vida pública sin cortapisas ideológicas o de cualquier tipo. Meros técnicos, expertos en cada materia y, a ser posible, profesionales. Hacen falta ministros de Sanidad, con la carrera de Medicina y con años de experiencia en hospitales y ambulatorios. Para ministro de Fomento, un buen ingeniero; para Economía, a un buen empresario; para Cultura, a un escritor o pintor. Y así en cada ministerio. En España, para ocupar cualquier cargo público, desde el presidente hasta el último concejal, hay que ser militante de un partido. Nada más. La partitocracia.

Zapatero llegó a La Moncloa, dispuesto a resucitar a la izquierda más auténtica, la anticlerical, la antimilitarista, la que defiende a los trabajadores de la explotación capitalista. Ha dedicado tiempo y dinero a la Alianza de las Civilizaciones, a las igualdades folclóricas, a apoyar dictaduras como la castrista y a sátrapas como a Chávez. Y ha hecho el ridículo y ha arruinado a España.

Porque el mundo ya no necesita de iluminados que guíen al pueblo a luchar contra el fascismo ni contra las hordas comunistas. Los países modernos necesitan gobiernos eficaces que gestionen bien los recursos. Y el presidente español lo ha hecho al revés. Ha basado toda su política, ha gobernado en una sola dirección: a la izquierda. Pero a la izquierda más rancia y obsoleta, la más sectaria y la más dañina, sobre todo, para la economía de un país occidental.

Para gestionar la crisis económica hay que aplicar unas determinadas leyes sea el Gobierno de derechas, de izquierdas o, incluso, de centro. Son leyes que, como dice Felipe González, buscan la productividad, la creación de riqueza y, por lo tanto, la creación de empleo. El PP de Aznar convirtió a España en el país más próspero de su Historia y los dirigentes del partido de entonces decían ser de centro.

Las ideologías se han convertido en un obstáculo para gestionar un país. Más que ser del PSOE o del PP hay que tener, al menos, sentido común. Las amas de casa saben que si en la cuenta del Banco entra menos de lo que se gasta, la familia acaba arruinada. Y no lo permite. Muchas de ellas llevarían las cuentas del Estado mejor que la vicepresidenta Salgado que se ha equivocado en las medidas para afrontar la crisis y que ha derrochado, justo en eso, en apoyar a la izquierda o aparentar ser más progre que nadie, al subvencionar inventos inauditos, con pinta de solidarios, mucho ultrafeminismo y mucha bobada comunistoide.

Las ideologías languidecen y cuando menos hay que acordarse de ellas es al gobernar la economía de un país. Felipe González lo reconoce ahora. Zapatero empieza a hacerlo, obligado por Obama, Merkel, Sarkozy y todos los dirigentes del mundo sensatos. A la izquierda sólo le quedan los pósters del Che Guevara, de derechas ya no es ni Fraga y el centro nunca existió.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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